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La práctica (palo palito paloé)

15 April 2025 at 06:07

–Oye, Violeta, ¿tú sabes usar Excel?
–Claro… ¿por?
–Es que se me está ocurriendo una cosa. Oye, MKII, ¿tenemos todavía esa Surface que se calentaba como una perra en cuanto le dabas tralla?
–Aquí la tengo, sí…
–Trae, que ya tiene dueña.

El BOFH-Zen es nuestra guía, es nuestro camino, nuestro origen y nuestro destino. No es un medio y no es un fin. Es el éter en el que nuestra vida profesional fluye. Cuando te opones al BOFH-Zen, su corriente te empuja, te arrastra y te destroza si te enfrentas. Por eso, cuando al BOFH que persigue la mejora continua, la iluminación del BOFH-Zen, se le presenta un obstáculo, no debe hacer más que lo que hace la corriente que bajaba de la montaña hace dos posts: fluir alrededor, abrazarlo, erosionarlo e incorporarlo a la corriente del BOFH-Zen. Porque para el Zenner, el seguirdor del BOFH-Zen, nada impide el viaje hacia la mejora del todo. Y como en el diodo Zenner, sólo se fluye hacia la mejora, excepto que le toques los cojones hasta vencer la resistencia y entonces obtendrás resultados impredecibles.

MKII saca la tablet y me la pasa. La restablezco y al cabo de un rato se la doy a Violeta. La mira con deseo. A mi me mira con desconfianza. Bueno. Al menos me mira.

–¿Qué quieres que haga?– me pregunta.
–Verás, Creo que para ser de sistemas, no te gustan mucho los sistemas.
–No, en realidad a mi el hardware no…
–Bueno, ¿y la nube?
–Pues…
–Y programación no te llamaba nada. Andar con tantos algoritmos, tantas palabrotas, ¿verdad?
–¡Me has calado!– me dice riéndose.
–¿Y entonces, por qué te metiste a estudiar sistemas?
–No lo sé, la verdad, es que tampoco tenía muy claro qué estudiar y estudiando informática por lo menos estaría con ordenadores y se me hacía más entretenido.
–¿Y las notas qué tal?
–Bueno… las marías sin problemas, pero las más técnicas me han costado un poco, la verdad.
–¿Las marías?
–Formación y Orientación laboral, Inglés técnico, Religión… esas cosas.
–Bien –me la quedo mirando un buen rato. Por joder. Ella sostiene su tableta y se pregunta si la podrá encender ya–. Pon tu tableta en marcha, instala una suite ofimática y cuando lo tengas me lo dices. ¿Entendido?
-¡Entendido!

Me vuelvo a mi mesa con cierto desasosiego. MKII me lo nota. Me pregunta por Whatsapp qué me pasa. Le ignoro, como siempre. Whatsapp no es una herramienta de comunicación profesional. Además, no sé cómo explicarle que ha sido soltar la tableta y sentir un escalofrío subir por la columna hasta dolerme el cuero cabelludo.

En el éter del BOFH-Zen no hay cicatrices, pero hay memoria del pasado. Estas memorias son como piedras. Cuando caen en la corriente del BOFH-Zen se hunden pero provocan ondas. El BOFH-Zenner puede sentirlas, pero hasta que no alcance la plena iluminación sólo sentirá la onda, no la forma y el origen de la piedra.

Violeta parece una inútil más criada entre algodones, que se mete en esto como se podría haber metido a diseño de joyería o tornero fresador. Sabe que tiene la vida resuelta y tanto le da una cosa como otra. Se mueve con la tecnología igual que se mueve en la vida: a base de billetes y de aparentar. Su móvil vale más que mi portátil.

Y está aquí, en mi departamento. Mi superior directo es un adicto a leer manuales de todo, especialmente de cosas que no va a usar nunca. Ha leído incontables libros sobre SAP. No usamos SAP. Ni se le pasa por la cabeza sugerir implantar SAP. No le gusta SAP. Igual con Navision, SAGE, Velneo, Windev… No sé qué busca. Por otro lado es un feroz escritor. De manuales, claro. Escribe todo lo que hace. TODO. Miles de ficheros de Word. Podría usar un WordPress, una Wiki, Yo qué sé. Pero no. Miles de ficheros de Word. Los organiza por directorios temáticos y el día que se le resiste encontrar un fichero en concreto, reorganiza el árbol y ahí echa el día. No me malinterpretéis, es un trabajo soberbio. Ejecución rara, pero útil, si no fuera porque entre mis muchas manías, me repatea tener que abrir documentos de Office en general. No os puedo dar una excusa racional. Las conchas de las chirlas me producen escalofríos sólo de pensar en ellas. No es racional, pero ocurre. Pues eso.

Daisy, en cambio, es una fuerza de la naturaleza. Si la tecnología fuese parte de la naturaleza, su diosa regente sería Daisy. Vive en comunión con el hardware y sólo con el hardware. Ama al cable como a sí misma. Cuando Daisy parchea un panel tienes que fingir que vas a supervisar el trabajo par poder deleitarte con semejante obra de arte. Los cables entrantes peinados con primor, con tanto mimo que ninguno tiene querencia a moverse. Su sitio es ese para siempre. La carcasa cortada a la distancia exacta, y por supuesto, perfectamente crimpados. Si cayese por un acantilado y en el último segundo pudiera agarrarme a una maroma de 80mm de diámetro amarrada a una argolla de acero a su vez embutida un metro en hormigón armado, o a un cable crimpado por Daisy, tened por seguro que confiaría mi vida a ese cable sin dudarlo. Daisy toca un disco y le cura los sectores relocalizados. Daisy toca una impresora y los cartuchos duran el doble. Daisy entra en el CPD y los servidores bajan la velocidad de los ventiladores. Daisy pasea por los despachos y los PCs escupen las bolas de pelusa solos. Daisy se acerca a un armario de comunicaciones y las botnets que están atacando los firewalls paran en seco. Daisy te mira y no percibes a alguien humano tras esos ojos.

Yo hago el gilipollas, manejo el ganado y a veces arreglo cosas.

Pero Violeta… Violeta es el enemigo. Es una consultora en estado larvario. No tiene ni idea de qué está haciendo, no sabe lo que tiene entre manos, no sabe hacer nada, oye campanas y no sabe por dónde. La naturaleza de Violeta es netamente odiosa, es improductiva, es perversa, seguro que en su Spotify Premium tiene una lista en la que aparece Bad Bunny.

Y sin embargo, estoy emocionado. Por fin tengo uno de su especie virgen, sin mancillar. Violeta representa la única oportunidad de su raza para demostrar que son algo más que tacones, gomina y corbatas.

–Ya he terminado –me dice Violeta con expectación en la voz.
–Genial. Hora de que te enseñe el chiringuito.

La agarro de un brazo y tiro de ella en dirección a las oficinas. Vamos departamento por departamento haciendo las presentaciones.

-¡Buenos días, amables comerciales, os presento a Violeta, la última incorporación de la empresa que se va a encargar de hacer vuestra vida mucho más fácil!

Y sin dejarles turno de preguntas, marchamos a otro departamento dejándolos como un rebaño de ovejas viendo pasar el tren.

-¡Hola, contables y administrativos! ¡Os presento a Violeta, que hará que venir a trabajar a esta casa sea poco menos que un pecado! ¡Maná del cielo! ¡Maná del cielo! ¡Gloria y pan de leche con mermelada de melocotones-nalga!

Y la pobre Violeta con su infinita timidez diciendo hola con la manita y sin saber dónde ponerse.

-¡Hola marketinianos maqueros del market! ¡Os presento a Violeta! ¡No va a hacer nada por vosotros pero bueno, vedla, aquí está, y sin embargo os gobernará a todos!

Y la miraron a ella. Y a mi. Y volvieron sus ojos a las pantallas Retina 5K para editar la enésima foto para redes sociales. Al fondo, un becario en un dual core con pantalla de 15 pulgadas edita el catálogo general.

Volamos así de departamento en departamento y terminamos en una máquina de café desierta.

–¿Cómo quieres el café? –pregunto.
–Capuchino, por favor, con extra de azúcar.
–Marchando. ¿Sabes? Tengo la teoría de que una persona a quien no le guste el café no vale para este oficio.
–¿A quién puede no gustarle el café? –contesta ella divertida.
–Hay mucho degenerado por ahí. Hablando de degenerados, ¿qué te ha parecido la empresa?
–Es enorme, hay muchísima gente. ¿Cómo lo hacéis para llevar todo esto entre tres personas?
–Bueno, la verdad es que no lo sé. Aparte de esta sede hay unas cuantas más. Algunas tienen compañeros, y otras las llevamos desde aquí.
–¿Hay más?
–Siempre hay más.

Da un sorbo al café y mira alrededor como intentando hacerse una idea del concepto «siempre hay más».

El camino del BOFH-Zen es infinito, es ignoto y no tiene origen ni final. Siempre hay más. Hay un plan. Hay objetivos que no son más que hitos alrededor de los cuales fluyen los esfuerzos del Zenner. Un seguidor del BOFH-Zen no hace su trabajo. Su trabajo es mutable. Puede que por la mañana el hito a alcanzar fuera uno, pero el infinito caudal de estupidez e incompetencia del que el luser, en su inconmensurable Yang marrón se entrelaza con el BOFH-Zen en una danza infinita de cagada-reparación. Siempre hay más por hacer.

–¿Sabes qué quiero que hagas mientras estés haciendo tus prácticas?
–Ni idea — dice mirando la tableta que sujeta en su mano izquierda.
–Lo que quiero es que documentes lo que falta.
–¿Perdona? No entiendo.
–Quiero que me digas qué falta. ¿Puedo ser sincero contigo?
–Claro.
–No tienes ni idea de nada técnico pero se te da de puta madre quejarte.– Me mira fijamente. Guardo silencio y sorbo mi café.

El que ha sido tocado por el BOFH-Zen goza del sentido de la empatía. Igual que un oso polar puede ver claramente una foca a kilómetros por el contraste del animal contra el blanco del hielo, el BOFH puede detectar un luser tan sólo enfrentándolo al blanco vacío de alma. Con unos años de experiencia puede ver al luser con más exactitud y conocerlo mucho mejor de lo que se conoce a sí mimo.

–No te enfades. Es una virtud de puta madre. Vamos a ir a ver a la gente del almacén de recepción. Hay un problema allí desde hace casi un año y hoy lo vamos a resolver.

La conduzco hacia los muelles de entrada de mercancía donde se están afanando un montón de operarios. Subimos a una pasarela de mantenimiento.

–Mira cómo trabajan.
–¿Y qué tengo que mirar?
–Busca problemas. Quiero que busques problemas. Yo te voy a dar la solución y tú vas a elevar la necesidad a nuestro superior.
–¿Al tito $Hyperbosss?
–Mejor será que no le llames tito $Hyperboss en público o nadie te va a tomar en serio.
–Vale.

Se queda mirando cómo van y vienen por el almacén durante un rato. Yo me echo una partida al Data Wing que es una cosa que siempre me da paz. Nueve niveles después por fin su alma de consultora brilla y me tira de la camiseta.

–Yo aquí sólo veo gente andando de un lado para otro.
–Ajá. ¿Y qué llevan en las manos?
–Nada.
–¿Seguro?
–Bueno, todos llevan un móvil horrible en la mano.
–Son terminales de mano. Los usan para identificar la mercancía entrante.
–¿Y por qué van de los camiones al fondo de la nave y se vuelven?
–Pues porque no llega la cobertura de la red inalámbrica.
–¡Aaaaaaaah!- exclama y se queda moviendo la cabeza arriba y abajo mientras sigue obnubilada el atareado patear de un operario especialmente orondo.
–Abre tu Excel- le pido para despertarla.
–¡Ah! ¡Sí!- responde recordando que lleva su Surface debajo del brazo con evidente felicidad.

El Zenner que ve al luser en toda su imbecilidad, en toda su imperfección sigue el camino correcto del BOFH-Zen. Pero aquél que es capaz de elevar la imbecilidad del luser hasta su máxima cota, ese, encontrará la paz.

–En la primera columna escribe en el título «Deficiencia encontrada».
–Voy. ¿Le pongo algún color o algo?
–Yo es que soy de texto plano, pero tú a tu bola.

Sombre la celda con un rosa pálido y las letras en un gris oscuro. Me mira buscando aprobación. Me encojo de hombros.

–En la siguiente celda escribe «Inpacto».
–Voy.
–Con M, criatura, no me obligues a hacerte un túnel entre las orejas con un bolígrafo.
–Uy, perdón. ¿Lo coloreo también?
–Por supuesto. No hay cosa que me fascine más que un excel con colorines.

Elige un rosa más oscuro para el fondo y un gris casi blanco para el texto. Tiene un don.

–En la siguiente escribe «Propuesta». Dale color también.
–Voy. Un azulito verdoso para esto.
–Y en la siguiente, escribe «Beneficio».
–¡Uy! ¡Esa tiene que ir en verde campo de golf!
–O verde billete de 100€

Se saca un billete de 100€ de la cartera, lo mira, lo remira, lo guarda con disgusto y dice «No, qué va».

–Da igual. Debajo del encabezado de la primera columna, y sin colorear ahora, describe lo que vemos aquí.
–¿Y qué es lo que vemos?
–¿Qué te parece a ti que vemos?
–Gente dando vueltas con los móviles raros esos en la mano y los camiones sin descargar.
–Redáctalo.
–Los operarios del área de descarga no pueden descargar los camiones rápidamente porque los móviles horribles…
–Terminales de mano, para que te entiendan.
–porque los terminales de mano no tienen cobertura en… ¿cómo se llaman esas puertas raras?
–Muelles de descarga.
–Muelles de descarga.
–Perfecto. En impacto tienes que redactar en qué perjudica eso a la empresa.

Violeta se queda mirando al techo, enroscando el mechón rebelde de su pelo en un dedo una y otra vez.

–No se me ocurre nada, la verdad. Ellos están de un lado a otro paseando pero no se meten con nadie ni nada, están tan pichis.
–¿Seguro? Vamos.

La arrastro del brazo hacia los muelles. Algo debe intuir porque sus pasos son cortos y temerosos. Localizo a un tipo del tamaño de dos. Mide 2x2x2 metros.

–¡Kubo! ¡Ven un momento, haz el favor!
–¿Qué hostias quieres?
–Presentarte a Violeta. Es nueva en la empresa pero os va a solucionar tela de problemas.
–¿Esta? ¡Eh! ¡Venid, que Wardog ha traído a una que nos va a solucionar la vida! ¡A ver cuándo cojones vamos a poder trabajar a gusto!
–Yo… yo…–balbucea Violeta mientras a nuestro alrededor se congregan los mozos de almacén.
–¿Tú te crees que para cada palet tengamos que ir hasta la puerta de la nave porque no tenemos cobertura? ¿Tú te crees que así se puede trabajar?
–Pero yo no… yo…– más obreros se acercan a ver qué se cuece. Yo me escabullo dando un paso atrás, dejándola con sus nuevos compañeros.
–¡Hasta los cojones de patear estoy! ¡Y me dice el médico que tengo que andar! ¡Como si hiciera algo más en todo el día!–grita uno indignado por tener el corazón sano y unos gemelos como piedras.
–¡Si el jefe supiera los sueldos que hay aquí tirados os colgaba a los informáticos por los huevos!– razona otro elemento al oído de Violeta.
–¡Aaaaah! ¡Qué lástima que no tenéis que descargar así un camión! ¡En cuanto me salga lo que sea es que ni me lo pienso!

Violeta se gira para buscarme y no me ve. No es cobardía. Debe saber enfrentarse al luser, aunque sea una lucha entre hermanos. Silbo para que me ubique al pie de las escaleras de la pasarela y se viene corriendo sin ningún pudor. Frustrados, los demás trabajadores vuelven a su interminable caminar del camión a la nave.

–Entonces, qué, ¿hay impacto o no hay impacto?
–¡Están mosqueadísimos, te lo juro! ¡He pasado miedo y todo!
–Seguro. ¿Hay impacto?

Se queda pensando de nuevo. Rizo al dedo. Me da la sensación de que su disco duro es mećanico y rota a la velocidad del dedo. Al cabo de un rato se pone a escribir en la tableta. Leo «Los trabajadores están disgustados y desanimados, no pueden hacer su trabajo con rapidez y se quejan de que se desperdician sueldos a lo tonto».

–Bien enfocado, pero para quejarte bien tienes que ser concreta. No puedes decir que el trabajador se queja de que desperdician su sueldo. Tienes que ser tú quien lo sepa y lo tienes que cuantificar. Y además, tienes que explicar cómo lo has cuantificado.
–¿Y eso cómo se hace? ¿Lo cronometro o qué?
–Por supuesto. Mide el tiempo que se pegan paseando durante media hora, multiplicamos por dos para tener el tiempo que gastan en una hora, luego por ocho para saber cuánto sale por jornada y por último, por 22 días laborables del mes.
–Vale, vale, ¿lo puedo medir ahora?
–Por supuesto. Adelante–. Es una bestia. Ha dicho «puedo» y no «tengo que». Está disfrutando. Esto es lo suyo. Es consultora y no lo sabe. Seguramente el escalofrío de antes fue por esto. Es una consultora de pura raza y mi sentido BOFHácnido me avisaba.

Media hora de Data Wing con auriculares después Violeta tenía una estimación por trabajador del tiempo que perdían con el terminal de mano.

–Cada operario cuesta cerca de 2.000€ a la empresa por mes entre sueldo y seguridad social. Haz la cuenta y lo redactas bien clarito ahí abajo, que se vea cuánto dinero se gasta por este problema.
–Vale. ¿Y en propuesta qué pongo?
–¿Te imaginas qué podría solucionar este problema?
–Supongo que poner una WiFi buena en los alambres esos.
–Muelles.
–Eso, muelles.
–¿Y sabes lo que sería de puta madre?
–¿El qué?
–Poner una red WiFi de puta madre en toda la central, en la que sepamos quién se conecta dónde, con cobertura por todas partes, poder aislar usuarios, conexiones mucho más rápidas… y tampoco se nos iría de precio. Trae la tablet, que te hago una simulación.

Cacharreo un rato en la tablet y le hago el diseño, sacamos un precio aproximado, lo coloca todo en su Excel con mimo. Se queda mirando la tablet, sube y baja la hoja de cálculo con una sonrisa feliz en la cara. Me mira y me dice:

–Pues este trabajo sí que me gusta.
–Te falta ahí poner el tiempo de retorno de la inversión.
–¿Y eso qué es?
–En cuánto tiempo el ahorro de personal supera el gasto de la instalación.
–Pues no todo el mundo puede hacerlo. Sólo unos pocos pueden sacar estos proyectos adelante. Creo que tú eres una de esas personas.

Me mira arrobada y me pregunta:

–¿Y ahora qué hacemos con todo esto?
–Ponerlo en un Powerpoint y enseñárselo a $Hyperboss para ver si te lo aprueba.
–¡Voy!

Sale corriendo hacia el despacho. Me la quedo mirando con las manos en las caderas como un padre orgulloso. La sigo con la mirada mientras corretea hasta que vuelve a donde estoy de nuevo. Es un desastre.

–Que me he perdido, no sé volver a la oficina.
–No, si ya. Venga, tira- le digo dándole una colleja blanda.
–¡Me encanta este trabajo! ¡Me siento dinámica!

Me quedo helado. Escalofrío. Incertidumbre. Sentido BOFHácnido en a tope. ¿Qué coño está pasando?

El BOFH-Zen no da la omnisciencia. El BOFH-Zen otorga el don de clarividencia y un aguante descomunal en la ingesta de cerveza. Pero durante el camino a la iluminación el BOFH puede sentir en lugar de ver. Es un proceso largo, de aprendizaje, prueba y error. Sin embargo, un Zenner siempre sabrá hacer caso a sus tripas porque, si no es un mulatito submarinista, serán un aviso invaluable de que algo no está alineado con los preceptos del BOFH-Zen.

Subimos de vuelta a la oficina y Violeta va de cabeza a su mesa, con su tablet a confeccionar una presentación realmente buena. Se preocupa de aplicar la imagen corporativa y cada diapositiva tiene sentido. MKII me mira si me inquiere con la barbilla. Me acerco y le susurro:

–Pues resulta que es la hija de Astaroth.
–¿DEL ABOGADO?
–Baja la voz, imbécil. Resulta que no sabe hacer nada pero piensa como un consultor, colega. Y está en nuestro equipo. ¿Tú sabes lo que es eso? Tenemos un tesoro, Maki.
–Uy, ahora que dices consultor. $Hyperboss ha vuelto a contratar a Fuckingcrack.

Las tripas, idiota. Hazle caso a las tripas.

La práctica (palo palito)

17 November 2020 at 14:18

La cara de Violeta era un poema. Los ojos dos ruedas de autobús, la boca un parking. La expresión un «no me jodas». Las ganas, de salir corriendo.

Los pétalos de papel aún revoloteaban por la habitación. Apagué el ventilador y le di la mano a la nueva. La pobre me miraba de medio lado y me sujetaba la mano con blandura. Era como darle la mano a un guante vacío, como sujetar un filete de merluza.

-Mi nombre es Wardog. Ella es Daisy y él es MKII.
-En… encantada. ¿Siempre hacéis esto para recibir a la gente?
-No, este año quería probar algo nuevo. ¿Te ha sorprendido?
-Te puedo asegurar que no me lo esperaba para nada- dijo riendo nerviosa.
-Al final te acostumbras- dijo MKII resoplando.
-Soso eres, hijomido.
-¿Y bien? ¿Eres de hierro o de humo?- le pregunto.
-¿Perdona?
-Te traduzco- intervino MKII:- Que si eres de sistemas o de gestión.
-Oh, ya, de sistemas, de sistemas…
-Bien, bien, aquí somos todos un mix. Una especie de humo pesado, supongo. Excepto Daisy. Daisy es de hierro. Totalmente.
-Ya veo, parece que se le da bien, sí.
-Y aprendió rápido. Ella estudió microinformática y desmonta y monta los servidores sin mirar. Las impresoras parece que se licuan en sus manos. Lo cables ethernet se crimpan solos en los paneles con su aliento. Es un prodigio.
-Vaya… parece que voy a aprender mucho con ella.
-Me temo que eso no va a poder ser.
-¿Por qué no?
-Daisy no te puede enseñar.
-¿Por qué no?
-Por la misma razón por la que un oso no te enseñará a coger salmones con la boca: no sabe enseñarte. No está en su naturaleza. Puedes observar y aprender de ella, pero no le pidas que te explique algo que para ella es tan natural como respirar.

Violeta se quedó mirando a Daisy con fascinación. Seguía con los cascos puestos, sacando los discos duros del servidor conectándolos uno a uno a un PC para leer los datos de S.M.A.R.T. Cuando veía uno con valores que no le gustaban lo tiraba sin contemplaciones a una caja de plástico.

-Bueno, Violeta, tu primera misión de hoy será- le digo mientas la acompaño hasta el armario donde guardamos los componentes y lo abro de par en par- montar tu ordenador.

Violeta se queda mirando el armario abierto, las placas base, los procesadores, las memorias, discos duros, fuentes de alimentación, tarjetas de red y cables, todo ordenado con el primor obseso y enfermizo de Daisy.

Se quedó absolutamente inmóvil, mirando al armario. Daisy tiró otro disco duro, tal vez un poco más fuerte que el anterior. Me retiro para que Violeta pueda pasar. No se mueve. Vamos a ver, que eres novata, te estoy enseñando un armario hasta el culo de material goloso. Mira, pero si tenemos hasta Ryzen nuevecitos. ¿No los ves? ¡Y discos NVME!

El tiempo se detiene.

Algo va mal.

Violeta se acerca tímidamente al armario y se detiene a un paso de la puerta. Acerca la cara y mira en todas direcciones. Al fin se gira hacia mi.

-No veo ningún ordenador, Wardog.

El BOFH-Zen se puede presentar de muchas maneras
-¿Cómo que no?
-Aquí no hay nada, sólo hay piezas sueltas.
-Claro, es la idea, que tú te montes tu CPU. Por practicar, y eso.
-Ah.. ¿Pero vosotros no compráis los ordenadores hechos?- pregunta incrédula.
-Según para qué. También los montamos nosotros, porque a veces…

Daisy arroja a la caja de discos muertos una ráfaga de tres discos, como si fuese un cañón de corbeta. Va al armario y sin mirar coge una placa, un Intel i3 de sexta generación, 4GB de RAM, un disco mecánico, una fuente de alimentación, un puñado de cables y una bolsita con autocierre con los tornillos justos. Va poniendo todo el material en las manos de Violeta que asiste atónita a lo que está pasando y no parece creerse siquiera que sus brazos estén sosteniendo hardware.

Daisy desaparece un momento tras unas estanterías y sale de nuevo con un chasis vacío en la mano. Lo pone en una mesa despejada, tira dentro un juego de destornilladores y se vuelve a sus servidores con un bufido. Estamos jodiéndole el BOFH shui.

-Pero… pero… ¿qué?- Violeta no acierta a adivinar lo que está pasando. Yo tampoco quiero explicárselo. Es conmovedor, es como un puto documental de National Geographic. Daisy, viendo que Violeta está más perdida que $Hyperboss en una competición de Fornite ha dejado a un lado su aislamiento social y ha ido a rescatarla. Le ha resuelto la papeleta sin que nadie se lo diga y le ha facilitado la tarea pero aún ha dejado que sea Violeta quien termine. Además, ha demostrado que aunque no le gusta nadie ande manoseando su ordenado stock, tiene confianza en que saldrá adelante. Pero ojo, tampoco demasiada, que le ha dado un i3 y 4GB de RAM. Tampoco las tiene todas consigo.
-Ve, hija mía- le digo y le señalo la mesa que Daisy ha preparado. Nuestra Daisy sigue destripando servidores concentrada en su música, como si no hubiese demostrado que tiene su corazoncito. Las dejo y me vuelvo a mi mesa.

Me pongo a redactar un email a mi mujer mientras miro de hito en hito lo que hace Violeta, no sea que se anime y le de por coger un alicate de corte. Pero creo que Violeta no es de esas.

Los minutos van pasando y aquello no avanza.Violeta no hace más que darle vueltas a la carcasa y no sabe ni por dónde empezar. Que vamos a ver, que con que sepas resolver un puzzle de 6 piezas ya medio lo tienes. Que ya no hay que configurar la frecuencia del procesador mediante jumpers en la placa base, como hacíamos en los 90. No te puedes equivocar. Es muy sencillo todo.

Me aburro. Me voy a tomar un café. Al pasar por la mesa, Violeta levanta la cabeza.

-No sé qué tengo que hacer.
-Un ordenador que funcione- le digo.
-Ya, pero no sé.
-¿Tienes móvil?
-Sí, claro.
-Pues pregúntale al Oráculo.
-¿A quién?

Sigo en dirección a la puerta. Sopesando qué hacer con esta criatura.

-¡Wardog! ¡Espera!
-Dime- le contesto desde el quicio de la puerta.
-¿Cuál es el número de Oráculo?

Me la quedo mirando. ¿De dónde has salido, criatura? ¿Qué te han hecho?

-Google. Que busques información en Google.

No espero más respuesta y me voy a por el café. Me entretengo con un par de poyaques por el camino y al final entre el café, un error de un programa, una visita a la máquina de chucherías a por un par de chocolatinas, hacer la preceptiva deposición pagada por la empresa en el cuarto de baño y dos tonterías, he echado casi 45 minutos.

Vuelvo al despacho con la esperanza de que Violeta ya tenga el ordenador montado y esté instalándose una Debian como un castillo pero en cambio sólo están MKII y Daisy trabajando como dos personas de bien. Me acerco a la mesa donde dejé a Violeta por si está escondida debajo o algo. Ni rastro.

-¿Y la nueva?- pregunto a Daisy.
-Salió- me contesta Daisy con un encogimiento de hombros.

¡Bimbambidubi, dubi! ¡Bimbambidubi, dubi! La jodimos.

-Sistemas, solucionamos problemas, perdemos personal.
-Wardog, ¿qué le habéis hecho a la pobre chica?
-¿A qué pobre chica?
-¡A la becaria!
-De momento darle la bienvenida y una tarea.
-Dice que la habéis dejado sola.
-¡Como que sola! ¡Pero si estaba con MKII y con Daisy!- Ahora caigo. Claro. La he dejado con un ficus y una terminatrix.
-Pues aquí la tengo llorando como una Magdalena, la pobre.
-Vaya por $deity. Mándamela de nuevo, que ya estoy en el despacho, por fin ha llegado el calor humano a este frío, frío páramo.
-Va para allá, y haz el favor de no asustarla.
-No te prometo nada, está en mi naturaleza.

Un minuto después aparece la pobre muchacha por el pasillo arrastrando los pies y gimoteando. La viva imagen de la desdicha y la desolación. La espero al lado de su mesa con los brazos en jarras.

-Pero criatura, ¿qué te ha pasado?- le pregunto. Me pone la cabeza en el hombro y rompe a llorar inconsolablemente, la pobre.
-¡Esguemehasdilloguememontaseyoelordenadorberoyoesonolo
hehechonungayahoramesientoinútilllomeguieroiramigasayono
valgobaraestoaaAaAaAAAAAAAAAAH!

Madre del amor hermoso. La dejo llorar hasta que se desinfla y me quito la camisa llena de lágrimas, mocos y babas, quedándome con mi camiseta de Goku. Verás ahora para ponerme serio.

-Violeta…
-Gué…
-¿Ya? Es que verás, yo pensé que te habían enseñado algo de micro, por lo menos a montar un PC. Ya sabes, la placa base, el procesador, buses, conectores… cacho. Ya sabes.
-BEROESGUESINOMELOSPLIGASYONOSÉyyyy…yyyy…!yyyy!

La paro justo cuando se va a arrancar de nuevo y tal como hago con mis hijos ignoro el llanto y me pongo a echarla una mano para que coja confianza.

-Para, para, que al final se van a pensar que es la alarma de incendios y la liamos.

Moquea un par de veces y se acerca un poco a la mesa con los brazos abrazándose a sí misma. Madre mía la criatura. Es pura sensibilidad, la pobre. Y se mete a sistemas. Y se llama Violeta. Y yo que pensaba crear un ejército de Mechas pilotados por Iron Violet y Steel Daisy. En fin. Paciencia.

-Mira, esto es bastante sencillo.
-Si es gue soy tonta…
-Yo no he dicho eso, Violeta. Que sea sencillo no implica que debas saberlo. ¿Entiendes?
-Vale.
-Mira, esto es la placa base. Aquí es donde se colocan los distintos componentes, que son estos. Verás que cada uno tiene su forma y sólo encajan de una manera, por eso digo que es sencillo. ¿Lo ves?
-Sí…
-Montarlo es bastante fácil, mira. En el chasis colocas las espigas sobre las que luego atornillarás la placa base y mientras, vas instalando los componentes aquí al lado y así trabajas más a gusto. Aunque para esto hay dos escuelas, una que dice que se monta fuera y luego se mete en la caja y otra que dice que todo a la caja desde el principio. Tú a tu bola. ¿Lo has entendido?
-Greo gue sí…
-¿Lo intentas mientras yo termino una cosa?
-Sí, sí, lo intento…

Me alejo muy despacio, para que no se asuste, mi pequeña florecilla asustadiza. Me voy de puntillas caminando de espaldas hacia mi mesa. Al pasar por la mesa de MKII me hace un disimulado gesto agitando la mano: «madre mía qué intensidad».

Me pongo a lo mío, que a veces también trabajo y tengo un servidor de bases de datos que necesita que le hagan una particioncita porque se está poniendo de un gordaco que pa qué.

Al cabo de una hora me acuerdo de que Violeta estaba montando el ordenador. Tan callada se ha quedado que sentí miedo de que se hubiese marchado de nuevo. Salgo de mi mesa y voy estirando la espalda hacia su mesa.

-Psst- le chisto a Daisy y le indico a Violeta con la barbilla. Daisy se encoge de hombros y sigue con el desguace.

Violeta está derrumbada sobre la mesa, con la cabeza sobre los brazos y durmiendo como una bendita. No me lo puedo creer. Esto lo he visto yo mil veces. El niño se pilla un disgusto, se cansa de llorar y con los ojos pegaditos en cuanto se tranquiliza, ¡PAM! dormido. Pero esta criatura ya tiene pelillos, joder

Me acerco a Daisy.

-Daisy, ¿Este servidor está bueno?
-No, placa muerta.
-¿Me lo prestas?
-Me da igual.

Cojo el servidor. Es un 4U. Daisy le ha sacado todo lo recuperable y queda tan sólo el hierro y la placa. Pesará 18 o 20 kg. Me lo llevo junto a la mesa de Violeta y lo levanto por encima de la cabeza. A continuación lo lanzo plano contra el suelo con todas mis fuerzas.

¿Alguna vez has dejado caer un servidor desde dos metros de altura? Es una maravilla. Suena como estampar un luser contra una puerta de chapa. Es delicioso. Como tren que sale de Córdoba a las 5 de la tarde con un luser atado a la máquina con un cubo de peltre a modo de casco que choca con el expreso que viene de Madrid con otro luser atado a la máquina justo cuando ambos trenes alcanzan la máxima velocidad. Calcula los decibelios y el dinero desperdiciado en cubos.

MKII grita como una colegiala y la corbata se le acelera.

Violeta grita también a la vez que salta en la silla, con la mala suerte de que las rodillas chocan contra la mesa, así que cae a la silla, pero como tiene ruedas, se va rodando hacia atrás hasta que choca con la pared. Daisy por su parte cae de culo y tan rápido se quiere levantar que sin querer casi astilla la mesa de un cabezazo.

Daisy tuerce un pelín la comisura derecha de los labios. El equivalente en su especie a descojonarse.

-Ay… ¿Qué ha pasado?
-Que se me ha caído esto- le digo señalando al suelo. He roto dos baldosas. Ha valido la pena.
-¿Me he… dormido?- dice avergonzada.
-Pues es posible, porque el ordenador sigue sin estar montado.
-Ay, es que a mi esto de los tornillos no me va mucho, ¿sabes?

Uy. Uy. Terrible sospecha.

-Discúlpame un momento, por favor- le digo mientras salgo por patas. Voy a ver a Havenocon. Entro en su despacho. Tiene sonrisa de zorra. No de puta, si no de zorra astuta.
-¡Una hora! Estás perdiendo facultades, Wardog.
-La madre que te parió. ¿De quién?
-Es la hija del abogado que ha llevado siempre los asuntos de $Hyperboss. Son muy amigos.
-¿Y puedo…?
-Como hermanos.
-Tal vez…
-Uña y carne.
-Se ha dormido.
-Pues tiene que terminar las prácticas.
-Pues le ponemos un sofá cómodo que en la silla de despacho se va a joder la espalda.
-No, no, no, búscale qué hacer, que no sienta que la aprueban por aprobarla. Es complicado. Su padre quiere que aprenda el valor del trabajo pero ella es una niña mimada.
-Pero por qué me odiáis tanto.
-We love you.
-Te has quedado sin Facebook- le digo mientras me levanto de la silla. Qué hija de puta, lo bien que se lo pasa.
-¡Eh! ¡No jodas, que tengo que investigar candidatos!
-Te jodes.

Me vuelvo al despacho y Violeta está intentando colocar el procesador en la placa.

-¡Eh, genial, Violeta! ¿Cómo vas?
-No soy capaz de encajar esto- me dice sujetando el procesador con un dedazo en todos los contactos sin ningún pudor.
-Verás, los procesadores se insertan en un zócalo ZIF y sólo hay que ponerlo en la posición correcta, no hace falta apretar y…

Miro dentro de la caja. Miro el socket del procesador. Aquello es una desgracia. Creo que ha doblado los 1150 pines. Destrucción completa. Me acerco un poco más y veo que hay pines rodando por la placa base.

La miro. Me mira. Le brillan los ojos. Se le aguan.

-¡mmmmMMmmmMMMBUAAAAAAAAAH! ¡MEVASAECHARBORGUESOYUNAINÚDIIIIIIIIIIIIIIIL! ¡BUAAAAAAAAH!
-No, mujer, es que no hemos encontrado tu lugar en este mundo.
-Daisy, ¿te importaría montarle tú el ordenador?

Daisy mete la mano debajo de la mesa y saca una CPU montada, limpia y brillante. Huele a lubricante y a perfección.

-Toma. Tiene Windows- dice, escupiendo la palabra Windows. Daisy es capaz de decir tantas cosas con tan pocas palabras.. $deity, son tan distintas… como la noche y el día. Como el bien y el mal. Como el BOFH y el luser.

Espera, creo que tengo una idea.

-Oye, Violeta, ¿tú sabes usar Excel?

Crisis, capítulo 11: Voy a ser sincero contigo.

20 August 2019 at 04:19

Este capítulo me ha costado mucho. No sé por qué exactamente. No encontraba las palabras, de ahí la tardanza. Aunque lo cierto es que no tengo mucho tiempo para escribir, los ratos que he podido ir sacando no han sido productivos porque me quedaba volando en círculos alrededor de lo que quería escribir para, al final, irme con las manos vacías.

Sea como sea, aquí tenéis un nuevo capítulo de Crisis:
http://crisis.mundowdg.com/index.php/2019/08/20/11-voy-a-ser-sincero-contigo/

BOFH-Zen: La práctica (palito)

12 April 2019 at 21:59

Cuando el cerezo comienza a perder su flor, es el protoBOFH quien acude a las empresas a recibir la llamada formación en centro de trabajo.

Me consta que en algunas empresas a los practicantes los tratan como a equipamiento de oficina: hacen fotocopias, traen café, archivan, dan masajes en las corvas con tal de agradar y aprobar las prácticas con la vana esperanza de encontrar un hueco entre la plantilla.

En cuán pocos casos se da que el practicante coincida en el tiempo con que la empresa necesite personal y que el joven esperanzado sea lo suficientemente bueno como para no iniciar un proceso de selección.

En Suprakillminds el departamento de informática no hace estas mierdas porque gracias al BOFH-Zen, aunque no hemos alcanzado la iluminación, hemos abandonado hace tiempo la oscuridad y ahora estamos en la zona umbría. Cuesta el mismo trabajo mantener a un chaval ilusionado entretenido haciendo gilipolleces que formarlo como es debido.

Me hallaba pues, en mi puesto, trabajando en cosas por las que $Hyperboss no sabe que me paga ni quiere saberlas, cuando Havenocon soltó a una chiquilla al final del pasillo convertido en nuestros dominios y que llaman despacho. La jefa de personal saludó con la mano por toda explicación.

La criatura se desplazó hacia nosotros con paso inseguro, dubitativo, como si diésemos miedo. Como si tuviese miedo de nosotros. Ya ves tú. Avanzaba por el pasillo en penumbra mirando con curiosidad las estanterías repletas de hardware retirado de los racks. La poca luz del pasillo y las estanterías atestadas de cadáveres de hierro dan a la entrada un aspecto levemente siniestro. Después de varias experiencias traumáticas con consultores de varios sabores, $Hyperboss dejó que los informáticos se ocupasen de los sistemas. Como si supiéramos de ésto. Nos dio presupuesto y nos dejó hacer.

-¡Wardog! ¿Qué haces?- me saludó una mañana $Hyperboss mientras sacaba un café de la máquina porque no le tengo miedo a nada y mi estómago digiere igual la papilla de maíz que el acero al rojo blanco. Le miré, miré el vaso que había en mi mano, miré la máquina de café que aún borboteaba y crujía sus mecanismos y le volví a mirar a él.
-Lentejas, mire. ¿Quiere un plato?
-¡Déjate de hostias! Yo es que ya no sé qué hacer en ésta empresa para que las cosas funcionen- A veces $Hyperboss saluda así. La acidez y los consultores fake.
-Las cosas funcionan- le dije.
-¡Que no fallen! ¡Si no se rompe una cosa falla otra!
-Ah. Eso.

El BOFH-Zen es la guía. El BOFH-Zen es la luz. EN el BOFH-Zen no hay bien y no hay mal. En el BOFH-Zen hay paz y no hay enfrentamiento porque el BOFH-Zen es el aceite que lubrica el alma del BOFH y la hace inalcanzable para el violento.

Cuando el violento llegue a tu puerta con un reproche en los labios no tengas sus palabras por enemigas. Las palabras salen de un cuerpo y llegan a otro. Fluyen de un alma a otra. El alma del BOFH no se ha de ver alterada. El alma del BOFH está con sus sistemas. Si sus sistemas los paga un tercero y encomienda al BOFH su cuidado, el BOFH cuidará del bienestar de los sistemas que pagó su $Boss. La continuidad de los sistemas del BOFH es prioridad. Por eso, que el negocio funcione es necesario pero no es vital porque nada es vital. Nada es importante.

Las palabras violentas no son más que el agua de una pequeña cascada en el nacimiento de un arroyo. Si el BOFH es colocado bajo la cascada, nada puede ocurrirle. Porque el BOFH-Zen es el aceite que lubrica el alma del BOFH. El BOFH-Zen es también el sol que calienta e ilumina el alma del BOFH en su interior. Por eso, cuanto más se sumerge el BOFH en el BOFH-Zen más aceite recubriá su alma y más caliente estará dicho aceite.

Así que cuando el violento ponga al BOFH bajo la cascada de sus palabras no conseguirá más que verter agua sobre aceite hirviendo. El aceite no tiene la culpa de hervir. El aceite estaba en paz. Si el violento se quema no será más que por su culpa pues el BOFH no es violento ni pacífico. Simplemente está en paz.

-¡Sí, eso! ¡Tampoco pido tanto!- insistió $Hyperboss.- ¡No quiero que haya fallos en esta puñetera empresa!
-Ciérrela.
-¡Y lo dices tan tranquilo!
-Claro. Quitando lo inorgánico, las pelusas y Daisy, todos aquí somos humanos. Vamos a fallar.
-¡Pues para eso están los ordenadores!
-No. Los ordenadores están para ayudar a organizar el trabajo. Están para controlar máquinas. Pero no trabajan ni organizan. Son herramientas.
-¿Pues entonces para qué los quiero si no me evitan errores?
-Evitan errores. Los que pueden evitar porque les hemos enseñado a hacerlo.
-O sea, que es porque no los configuráis bien. ¡Por fin lo admites!
-No es eso. Si sólo nos dedicásemos a detectar y corregir errores humanos ya haría años que tendría usted un bonito cadáver de hierro que una vez impidió muchos errores humanos pero que se echó a perder por falta de mantenimiento. Usted no va a dedicar el dinero y los recursos que hacen falta para que ambas cosas sean posibles.
-¡Cómo que no! ¿Qué necesitaríais?
-Diez programadores con experiencia, diez analistas, diez administradores de sistemas, treinta técnicos de hardware y treinta técnicos para montar un centro de asistencia a los usuarios. Necesitaríamos tres años para formar a los que tengamos que formar y que los que sepan más que nosotros entiendan el guirigay que hay aquí montado. Necesitaríamos renovar la infraestructura, aunque seguirán siendo máquinas y se romperán, mejorar las comunicaciones, comprar software que suplimos como podemos..
-¡Para, para! ¿Me estás diciendo que entre tres hacéis el trabajo de setenta… no, ochenta y pico personas?
-Qué va. Por eso el sistema no es a prueba de fallos, pero funciona y hace lo que debe hacer.

$Boss se me quedó mirando largo rato. Le di un trago a las lentejas.

-Pues tú me dirás qué puedo hacer porque estoy hasta los huevos de la informática. He traído a los mejores consultores y lo único que he conseguido ha sido disgustos y pagar facturas.
-Pues oiga, se me ocurre, así, como locura, que en vez de pagar esos pastizales por nada, los invierta en mejorar lo que ya tiene en vez de pagar a charlatanes.
-No, si aquí el caso es gastar. ¡Hasta los huevos me tenéis!- gritó mientras se marchaba hacia su despacho como una furia y se encerraba con un portazo.

A la semana siguiente se reunió con MKII en su despacho y le dijo que había pensado en mejorar los ordenadores y lo que hiciera falta para que todo funcionase un poco mejor. MKII alabó la idea como una genialidad y le preparamos un presupuesto que firmó sin respirar porque le pareció mucho menos de lo que se temía y muchísimo menos de lo que había invertido en gomina, trajes y comilonas a costa de la empresa. $Hyperboss funciona así: alguien le dice lo que no quiere escuchar, luego lo rumia y cuando termina caga la idea como si fuera suya.

Las ideas son la esencia bajo las palabras. Sólo las ideas más puras viajan con las palabras y calan en su receptor por su simpleza. Por eso los buscadores del BOFH-Zen no buscan excusas. Los buscadores del BOFH-Zen ven pasar las palabras a su lado y extraen sabiamente el dolor y el clamor ajeno, lo observan atentamente y se limpian el culo con él porque de nada les sirve porque nada es vital, nada es importante. No obstante, la naturaleza del BOFH siempre busca la mejora en todo. Por eso cuando dos BOFHs se encuentran siempre discuten qué es mejor, siempre comparan lo que uno y otro hace. Siempre defiende una herramienta sobre otra como la mejor. Porque el BOFH no busca la perfección que como entidad absoluta es aborrecible y solamente aspira a mejorar hasta el fin de su uptime. Así es el BOFH-Zen. No busca la perfección sino lo que sea mejor. Y lo mejor es cambiante y es mutable igual que el agua fresca no está en un pantano sino en el bravo arroyo que nace de la nieve y baja al valle retorciéndose y haciéndose cada vez un camino mejor.

Por eso el corredor ahora tenía una fila de estanterías repletas de maquinaria que no íbamos a tirar sino a reciclar para reforzar algunas sedes y para monitorización y pruebas.

Supongo que por eso la pobre chiquilla desfilaba temerosa en la penumbra, sola, novata y abandonada a su suerte. Un poco más adelante, estaba Daisy de pie inclinada sobre su mesa, hurgando en las tripas de un servidor 2U totalmente concentrada con los cascos puestos y de espaldas al pasillo. La chica llegó a su altura y saludó con un tímido «hola».

Daisy arrancó de cuajo un ventilador y se giró sin quitarse los cascos. Escaneó a la chica en un segundo de arriba a abajo y vuelta. Cogió un bote de aire comprimido y sin mirar a la pieza siquiera la limpió con precisión. Cogió un bote de lubricante blanco y engrasó el rodamiento sin verter una gota sin dejar de mirar a la chica. Esperó a que la nube de polvo fuese aspirada por el extractor. Se quitó la mascarilla y la dejó colgando del cuello.

-¿Quieres algo?- le preguntó a la chica con tan poca inflexión en la voz como una calculadora mecánica.
-Ven… vengo a hacer las prácticas… me llamo…
-Pregunta ahí- dijo Daisy señalando en nuestra dirección con el bote de aceite. Se puso la mascarilla, se giró y siguió arrancando ventiladores al servidor en silencio.

La muchacha llegó hasta nuestras mesas. MKII tecleaba como un histérico en su puesto documentando todo lo que estaba haciendo con una exhaustividad digna de admiración. De verdad. La documentación que estaba preparando era tan completa y detallada que hasta la mitad de un luser podría entenderla si fuera capaz de leerla. Si es que un luser puede leer más de dos párrafos antes de que les dé estrabismo y una bajada de azúcar.

Yo estaba generando e intercambiando claves SSH entre los servidores de producción y los de backup con los pies en la mesa y el teclado en los muslos. MKII iba por detrás documentando los nombres de los ficheros de claves, las rutas…

-Ho… hola, buenas, me.. me llamo Violeta y… y vengo a hacer las prácticas de…- la pobre temblaba y se manoseaba un mechón de pelo rizado que se le iba constantemente a la cara.
-¡Ostras! ¡Espera!- le grité a la muchacha más alto de lo que pretendía. Solté el teclado sobre la mesa y salté por encima apoyando la mano izquierda. Salí corriendo hacia la salida. Al llegar al final del pasillo MKII y la chica de prácticas me miraban con los ojos como platos. Daisy siguió descuartizando el servidor con evidente satisfacción.

Corrí todo lo que pude y cogí una bolsa de basura llena de papeles cortados por la destructora y después un ventilador del armario de los trastos. Volví a toda velocidad a mi puesto. Daisy arrancó otro ventilador. MKII y Violeta me miraban aún con cara de tarjeta de sorpresa del Monopoly.

Puse el ventilador en marcha detrás de mi silla mirando al techo y me senté de nuevo.

-Perdona, ¿decías?- la pobre chica no daba crédito.
-Soy… me llamo Violeta y… bueno, vengo, mi instituto me manda para hacer las prácticas de… de un ciclo formativ…

Cogí la enorme bolsa de basura y la vacié detrás de mi sobre el ventilador. Una nube de confeti inundó la sala y descendía suavemente revoloteando en las turbulencias del ventilador. MKII y Violeta me miraban con cara de besugos.

Junté las manos ante mi pecho y la miré muy serio.

-Hija mía. Jamás vuelvas a titubear ante mi ni ante nadie. El camino que has elegido es arduo y sin guía puede ser doloroso. Pero no has de temer si tu guía es el BOFH-Zen.

MKII meneaba la cabeza y escupió un trozo de papel que le había entrado en la boca. Violeta había dejado de temblar porque no acertaba ni a pestañear.

Los papelitos seguían cayendo como nieve ligera. No eran pétalos de cerezo, pero el efecto era casi el mismo.

Crisis

9 December 2018 at 22:41

Esta no es la entrada que esperabas en este blog.

Wardog y El Mundo seguirá recibiendo posts, no lo dudes. Es sólo que desde hace un tiempo me viene apeteciendo otra cosa. Y no, no es meterme a youtuber. 

Un día, conduciendo, iba escuchando una canción, se me vino a la mente un personaje. Un personaje con una historia. Y quería contar esa historia porque me gusta escribir. Pero resulta que ya tengo un blog, y lo actualizo muy poco. Además, no soporto ponerme a hacer una cosa nueva teniendo otra no atendida al 100%.

Y luego pensé que a la mierda. Que bien podría probar a escribir un par de capítulos y ver qué pasa. Y salieron más personajes y el esbozo de una historia que me apetece contar. 

La historia no está terminada aún, pero sé lo que quiero contar. No es como este blog, quiero que sea una historia completa, con un principio y un final.

Echadle un vistazo al menos:

Crisis: otro blog de Wardog.

Por el momento, he publicado dos «capítulos», espero que os guste porque repito, no tiene nada que ver con Wardog y el Mundo salvo el mismo hervidero de gilipolleces que me sirve de cabeza.

Medio cocido

19 May 2018 at 20:53

Aquella mañana me levanté de un humor excelente. Pese a la primavera, que normalmente obra en mi el mismo efecto que la Cartilla Micho en Paquirrín: me embota la cabeza. Me encontraba lleno de energía y de buen humor. Y ya digo que la primavera me zombifica a unos niveles alarmantes. De querer instalar Windows Millenium a un servidor web o así.

Salí temprano de casa. El sol saludaba desde el este, apenas calentaba, pero ver el sol por la mañana ya me anima. Llegué a la oficina y aparqué casi en la puerta. ¡Qué suerte! A ver si va a ser verdad eso de que a quien madruga, $deity le ayuda. Bajé del coche casi sonriendo. Que yo soy una persona seria, no soy de ir por ahí sonriendo porque sí. Se me cayeron las llaves al suelo. Me agaché a recogerlas y debajo de una rueda de mi coche vi un papelito marrón. ¡Hostia puta! ¡Un billete de cincuenta euros sin padre que le quiera! ¡En España y en el suelo! Pues ahora mismo te adopto yo a ti, hombre…

Ea, ya voy contento para todo el día. Por la esquina dobla MKII, todo pulcritud. Traje perfectamente planchado, corbata nueva, rosa con detalles amarillos. Camisa blanca de anuncio. Toque de gomina. Vamos, que le ves y el tío no parece informático ni nada el pobre. Le silbo. Mira en mi dirección y se sorprende y todo. Va a decir algo pero tropieza con la raya de un lápiz, un cabello de Antonio Lobato o la integridad de un presidente del gobierno de una monarquía parlamentaria cualquiera y está a punto de estamparse contra el suelo. Menos mal que se pudo agarrar a una mierda de perro. De un perro grande. Bastante grande. Que come mucha fibra.

Rompo a descojonarme mientras el pobre hombre intenta incorporarse, tirado en el suelo todo lo largo que es, con la mano derecha agarrada aún al mojón canino y la otra al maletín. De repente se me corta la risa. MKII ya se ha incorporado y se dirige hacia la puerta.

-¡Qué asco! ¿Vienes, Wardog?

Le miro sin ver. Miro las puertas de Suprakillminds. Saco el billete de cincuenta de mi bolsillo y lo miro. Es auténtico, no hay duda. Miro hacia el sol. Es auténtico. Brilla y ya da un tenue calor. Ese calor perfecto, el calor justo para desayunar en una terraza junto a la playa. Huevos con jamón, zumo de naranja, café y tarta de manzana con mermelada de albaricoque. Respiro hondo y no hay ni rastro de alergia. Nada. Todo bien. La mano de MKII gotea comida de segunda mano.

-¿Wardog? ¿Te pasa algo?
-No entres ahí-, le digo.
-¿Cómo que no entre?
-Presiento una presencia maligna. Perversa.
-Sí, claro, Wardog. A lo mejor Satanás trabaja ahora en Grandes Cuentas.
-No,  peor.
-Anda, abre y déjate de tonterías.

Abro la puerta como si mi mano no fuese mía. Todo a mi alrededor  flota en una neblina espesa, bañado en glicerina. Los sonidos me llegan amortiguados y las imágenes a 17 cuadros por segundo. Un comercial de esos que pasan cada mucho tiempo por la oficina ve a MKII y se acerca a saludarle efusivamente. Es de esos que se abalanzan sobre tu mano y la estrujan con energía. La mierda vuela por todas partes. El sol arranca destellos dorados a los fragmentos de hez húmeda. Es casi hermoso.

Dejo las iridiscencias y a unos cuantos humanos esquivando y descubriendo mierda atrás. Salgo corriendo hacia mi despacho. Vuelo por las escaleras, no pienso esperar siquiera al ascensor. Demasiado lento. Derrapo por los pasillos, ayudándome con el hombro en algunos giros cuando choco con las paredes. Algo está pasando y quiero saber qué es. Tiene que ser algo muy jodido. Lo presiento. Lo noto en la boca del estómago.

Salto la mesa apoyando la mano en el teclado para despertar el ordenador. Tiro la mochila en un rincón e inicio sesión ansioso. Miro mis monitores de red. Todo verde. Todo. Incluso ese equipo de fabricación mierdero que revienta diez condensadores de la placa base al mes. Hasta ese está verde. Mierda. Ni una alarma. Ni un login fallido de root. Si es que casi ni hay SPAM, coño.

Para cuando MKII llega al despacho ya he comprobado hasta la velocidad de giro de los ventiladores de todos los servidores. On y off site. Y todo es asquerosamente normal.

¡Bimbambidubi! ¡Dubi!

-¡AAAAAHAAAAA! ¡Sistemas! ¡Tú debes ser el mal!
-Pues no, te llamo de recepción.
-¡AHAAAAA! ¡Y traes noticias nefastas!
-Pues no, que te llaman de $empresaDeTelecomunicaciones. Te paso.

Me pasa.

-¿Diga?
-Buenos días, le llamo de $empresaDeTelecomunicaciones, mi nombre es Lhuirgsssfh. ¿Usted es Wardog, verdad?
-Hola, Lhuirgsssfh, sí soy yo.
-Disculpe, es, Lhuirgsssfh.
-Perdona, Lhuirgsssfh. ¿En qué puedo ayudarte?
-Nada, es sólo para informarles de que van a sufrir un pequeño corte en las líneas de internet porque les vamos a aplicar una mejora en la velocidad del 100%.
-¿Por qué?
-Hemos mejorado nuestras instalaciones y premiamos a los clientes más fieles que…
-No, ¿por qué hoy?
-Porque… ¿No quieren que les ampliemos la velocidad?
-Sí, queremos, pero ¿tiene que ser hoy?
-No le entiendo, señor…
-No, Lhuirgsssfh, no lo entiendes. Gracias, Lhuirgsssfh. Buenos días.
-¿Oiga? ¿Oiga?

Cuelgo el teléfono.

Me quedo petrificado. MKII se me acerca y agita una mano delante de mis ojos. Le meto una hostia. No me gusta que me pongan cosas delante de la cara. Lo odio.

-¿Te pasa algo?
-Algo jodido va a pasar.
-¿Por qué lo dices?
-El karma.
-¿Qué karma ni qué leches?
-El karma me está compensando con prepago.
-Estás apañado.
-Aún no está aquí. Pero lo siento. Siento que se acerca. Se aproxima algo gordo. Te va a dar por leer TLCL. O por aprenderl Perl. O peor. No sé.

Me puse a trabajar con un mosqueo de mucho cuidado. Sería por el mosqueo o porque estaba demasiado concentrado, pero pasé dos horas escribiendo SQL y no miré siquiera los nombres de campo. Estaba en zona permanentemente. Una máquina de escupir consultas. Hizo falta recuperar unos ficheros de la copia de seguridad y estaban justo los de la fecha que precisaba, justo la versión concreta que hacía falta. Daisy estaba entretenida tuneando las reglas de un cortafuegos, ajena a todo, sin asesinar a nadie orgánico ni nada. Todo perfectamente idílico.

Salí del despacho. Yo no puedo estar así. Es superior a mi. Yo estoy hecho para resolver problemas. Me viene de familia. Es algo genético. No somos de los que se lamentan ante un problema, de los que se revuelcan en su desgracia. En mi familia, ante un problema de la clase que sea inmediatamente nos remangamos y nos ponemos a solucionarlo. Esto es contra natura y sólo hay una forma de solucionarlo.

Eché a correr pasillo adelante y metí una moneda en cuanto llegué a la máquina de café. Saqué un solo largo con extra de azúcar, me apoyé sobre la máquina y me concentré en relajarme, no pensar y paladear el café hasta separar los sabores por grupos: ácido, amargo, dulce. Concentrarme en los matices. Disfrutar única y exclusivamente de tomar un puto café de máquina.

Indefectiblemente, esa acción puso el universo en su sitio de una puta vez. Alguien me estaba llamando. $Hyperboss nada menos.

-¡Wardog! ¡Wardog!
-¡Ah, hola, $Hyperboss!
-¡Estás en Babia!
-Nada, estaba pensando en cómo solucionar un problemilla. ¿Qué pasa?
-No, no pasa nada, hombre. Mira, te presento a Broderinlau Bacpac. Este es Wardog, el informático del que te hablé.

Estrecho su mano y le hago el escáner completo: polo con muñeco de los caros, reloj deportivo de varios miles, peinado de cuarto de hora, carillas. Lentillas de color, cinturón de piel, pantalón de pinza. Iphone X, pulseritas de cuero hechas a mano, otras de cuerda rojas y amarillas. Tensión arterial 11-6. Mochila de portátil impropia. Un pijo de tres pares de cojones.

-Hola, encantado-, me dice el tío.
-Encantado era un príncipe, yo soy Wardog-. $Hyperboss pone los ojos en blanco por el chiste malo. Broderinlau no reacciona. No parece entender. Anoto: intelecto limitado.

Se hace un silencio entre los tres. Una mosca se posa en el pelo del pijo. Resisto la tentación de darle un manotazo. Mírala, hija de puta como frota sus patitas.

-¿Y bien? ¿Mucha faena, Wardog?- me dice Bacpac.
-Psé, lo normal.
-Ahm.
-Seh.

La mosca se va y vuelve. Se le posa en el hombro. ¿Será suya?

-Broderinlau necesita que le eches una mano.
-¿Una nueva incorporación?
-No, no, qué va. Es mi cuñado.
-Ahm. ¿Y la mano tienes que ser la mía o vale otra cualquiera?
-Ya estamos con las coñas. ¿Te acuerdas de Brainrotten & Fugue?
-Que si me acuerdo…vaya que si me acuerdo.
-Pues hemos comprado también a su competencia en la zona.
-Y…
-Y mi cuñado se estaba encargando de la informática de allí.
-¿Tú?
-Claro, a mi me gusta mucho esto de la informática.

Quieto ahí. A ver, BOFHs y Sysadmins de bien y de pro: nosotros no decimos «nos gusta mucho esto de la informática». Es posible que digamos que «nos gusta mucho esto de la cocina», o «nos encanta la carpintería» o «nos embelesa la contemplación de una colostomía» pero para nosotros la informática no es una cosa que nos guste. Es lo que hacemos. Se da por hecho que nos gusta, nos apasiona. Pero no nos gusta «esto de la informática». Hay un matiz. No trabajamos en informática por aproximación, no, estamos inmersos en ella y hacemos cosas con ella. No es nuestro fin, es nuestro medio. Y este sujeto es un peligro.

-Vaaaaale. ¿Y puedo preguntar cuál es tu problema?
-Nada, poca cosa, algunos problemillas para la integración con vuestros sistemas.
-Ouyeah. ¿Te han pasado el manual de integración?
-¿Qué manual?
-Da igual. ¿Me puedes definir mejor el problema, por favor?- respiro tan hondo que la mosca que pateaba por el hombro de Bacpac se tiene que agarrar con las seis patas.
-Nada, que el servidor donde están los datos del ERP da un error al arrancar.
-¿Y eso es un problemilla?
-Sí, se cuelga bastantes veces, pero normalmente con apagar y encender ya iba tirando…

Me lo quedo mirando en silencio. Digamos, por no callar, que este señor es un administrador de sistemas. Me da igual si titulado o no, eso no importa. Partimos de la base de que tiene que administrar una máquina que mueve toda la empresa. Esa máquina tiene un problema: se para. Su mejor aproximación es que «se cuelga» y su solución es «apagar y encender».

-Vaaaaale… ¿Y qué sistema operativo gasta el muñeco?
-Uno de esos que son todo letras en blanco, pero no recuerdo cuál. Son todos iguales.

Ay su madre.

-¿Y recuerdas algún error que hayas visto?
-Mmmm… algo que decía ioerror at sector y un montón de números…
-Pues estupendo. Parece que tienes un disco duro roto.

Bacpac mira a su cuñado con gesto de mofa. Me pone la mano en el hombro y con una condescendencia tal que en el momento me apetece hacerle una llave de judo me dice:

-Imposible. Yo sólo uso Seagate en mis servidores-. Puto judo. Debería aprender a hacer el one inch punch como es debido.
-Pues muy bien. Pero te falla uno. Déjame que le eche un vistazo.
-¿Ahora?
-Sí, ¿por?
-Es que no lo he traído.
-Ya. Vienes a preguntarme por qué no arranca el servidor y no te lo traes. Bien.
-Es que he venido en moto.
-En fin… pues cuando puedas, me lo traes y lo reviso.

$Hyperboss chasquea la lengua.

-Nos corre prisa, Wardog. Hay que integrar ya mismo.
-¿Sabe qué hubiese estado de puta madre? Saberlo. Eso hubiese sido la hostia.
-Bah, si estáis hartos de integrar empresas ya.
-Sí, pero no nos gustan las sorpresas. Necesitamos planificar para que las cosas salgan bien.
-Lo que os gusta haceros notar…
-¿Hacernos notar?
-Sí, presumir de que sois imprescindibles y eso.
-¿Lo somos?
-Eeeeh, no, claro, no hay nadie imprescindible.
-¿Entonces?
-Que no es para tanto.
-Habrá que ir a la empresa de su cuñado entonces, ¿no?
-Sí, sí, si serán cinco minutos, Wardog.
-Pues voy a recoger mis cosas.

Discutir más es tontería. Es una simple cuestión de cercanía. Su cuñado versus el informático más quejica de la empresa. No hay color.

Volví a mi despacho, saqué la caja de herramientas de las ocasiones especiales y me puse a llenarla de repuestos, pendrives, y todo lo que se me ocurrió que pudiera necesitar en la guarida de Bacpac.

-¿Qué haces?
-Prepararme para un zafarrancho guapo. Un servidor K.O. en la nueva adquisición de $Hyperboss.
-¿Qué nueva adquisición?
-Exacto.
-No entiendo.
-Baste decir que el informático es cuñado de $Hyperboss.
-Santo Dios.
-Y el Cristo Súper Saiyan.

Cojo mis cosas y salgo en busca de $Hyperboss y Bacpac. No los veo, así que me bajo a la recepción, pensando que estarían abajo. Pues no. Utilizaremos el comodín del público.

-Oye, ¿tú sabes dónde está $Hyperboss?- le pregunto a la recepcionista.
-Sí, ha salido a tomar algo con un señor.
-¿Un señor con una mochila a la espalda y el pelo pringoso?
-Sí.
-Gracias.

Las prisas. Pues entonces habrá que adaptarse: yo también me voy a tomar algo, hombre ya. Dejo los trastos en la recepción y me voy al bar de siempre a meterme entre pecho y espalda un bocadillo de anchoas y un pincho de tortilla, tubito de cerveza y un café, que estoy en época de crecimiento a lo ancho. Una vez ahíto me vuelvo a la oficina y justo coincidimos $Hyperboss, Bacpac y yo en la puerta. La gomina sigue en su sitio, la mochila en la chepa. Oye, que igual es eso, que tiene chepa y lleva la mochila con en fondo cortado para disimular. Ahora le quiero quitar la mochila. A ver para qué pienso yo estas mierdas.

-¡Hola Wardog!- me dice Bacpac.- ¡Cuando tú digas nos vamos!
-Ya.
-¿Ya?
-Ya.
-Venga, pues coge el coche y me sigues. Pero yo voy en moto.
-Ya, ya me lo has dicho antes.
-Si ves que corro mucho me haces luces.

Ay diosito, que es un acomplejado con el tamaño de su pene. Si lleva un portátil ahí dentro, será de 17 diecisiete pulgadas por lo menos.

-Procura no correr poco-. Son doscientos kilómetros de tentaciones. Es posible que pueda contenerme y te libere de tu sufrimiento.

Durante doscientos kilómetros estuve viendo el culo de Bacpac haciéndose chiquitito en las rectas y demasiado cerca en las curvas. Tiene una moto muy potente que solo sabe conducir recto. Es tan metafórico en sí mismo que no haré más esfuerzos.

Callejeamos lentamente cuando llegamos a destino. Una pequeña ciudad dormitorio y después, un polígono industrial medio abandonado. Filas de pequeños locales languidecen víctimas del tiempo y de la falta de cuidados. Pinturas desconchadas, carteles descolgados y deslucidos por todas partes. Basura rodando y vegetación aprovechando cualquier grieta sin nadie que se lo impida.

He de decir que me sorprendió cuando Bacpac se metió en el aparcamiento de la empresa. No era un edificio como los que acabábamos de pasar. Era la puta imagen de Brainrotten & Fugue. Está claro que si competían entre sí, eran rivales dignos. El nombre, escrito en letras de forja sobre el arco de la puerta de entrada reza «Hold & Caust». Sin embargo yo leo «El trabajo os hará libres». Bacpac me hace señas para que aparque el coche en un cobertizo junto a la entrada.

Bajo del coche y me estiro. Hacía mucho tiempo que no olía este aroma a decadencia. Me cuelgo mi mochila y cojo la caja de herramientas. Miro hacia las ventanas y veo la sombra inconfundible de la plantilla mirando quién llega. Me subo las gafas con el dedo corazón y enfilo, una vez más, hacia un edificio marrón.

Bacpac me abrió la puerta de entrada y pasé para ver la recpeción marr… ¡Hostias! ¡Esta empresa es como un coco! Por fuera es marrón y fea, pero por dentro es blanca, limpia y hasta te puede gustar si te gusta masticar.

Tras un mostrador de diseño moderno, un recepcionista que bien podría ser modelo nos saluda con una sonrisa mientras atiende diligentemente a alguien al teléfono con un manos libres bluetooth y teclea con agilidad en un ordenador que no alcanzo a ver.

¿Pero qué mierda es esta? ¡A mi no me cambiéis las cosas, joder! ¡Esta empresa está mal! ¡Mal!

Bacpac me guía hacia la planta superior, a las oficinas. La distribución es francamente inteligente. Un enorme espacio totalmente abierto, con mesas redondas en las que se agrupan trabajadores según departamentos. Los muebles de archivo son bajos y no hay muchos papeles rodando por las mesas.  Hay varias mesas más pequeñas por la sala que parecen servir para discutir asuntos diversos. Las plantas diseminadas por la sala están verdes y bien cuidadas. La luz natural entra a raudales por ventanales enormes con estores blancos.

Pero lo que me la puso morcillona fue que todos, todos, absolutamente todos los equipos de la oficina eran iguales. Una plataforma tan homogénea, y tan nueva, con sus sistemitas operativos tan iguales, tan actualizaditos… Un suelo técnico de verdad, entero, sin placas rotas, sin cables saliendo de donde no deben. Todo está bien hecho. Lo único que está encajonado son las impresoras, inteligentemente alejadas de las zonas de trabajo para que el ruido de operación no moleste a los trabajadores. Hostias, si es que estoy viendo a uno poniendo papel como si no le costase trabajo. ¡Esto es una puta locura!

-Oye, Bacpac, ¿tú cuánto tiempo llevas aquí de informático?
-Oh, un mes o así.
-Oh. Ya. Entiendo. ¿Estás solo?
-Sí, $Hyperboss me preguntó si podía con esto yo sólo y despidió al otro informático.

Esta maravilla no podía ser obra de este mentecato. Ahora ya me quedo más tranquilo. No todo está del revés hoy. No sé qué hubiese pensado de mi intuición femenina si me hubiese equivocado con este engendro semihumano.

Me lleva al final de la oficina y enfilamos un pasillo. Justo antes de entrar, escondido tras un biombo con ruedas hay una mesa que parece un revolcadero de monas sobre la que domina el paisaje un puto  iMac Pro con sus 27 pulgadas de puro exceso.

-Y esta será tu mesa, supongo.
-Tengo buen gusto para los ordenadores, ¿eh?
-El mismo que para las motos.
-Sí…

Ahí le tienes. Un tío que no tienen ni puta idea, con un cuñado forrado, aprovechando el buen trabajo que hizo otro y el pobre padece el síndrome del impostor invertido.

Creo que no conozco a ningún compañero de profesión bueno de verdad que no padezca el síndrome del impostor en uno u otro grado. Algunos incluso tienen sus negocios y sé que lo pasan realmente mal cuando tienen que facturar a sus clientes porque no creen merecer ese dinero. Lo que hacen les resulta fácil, u obvio, o simplemente rutinario y no le dan valor ninguno. Y son auténticos genios. Gente que te levanta una empresa completa de cien puestos en dos jornadas, que te entrega un desarrollo a medida casi sin necesidad de correcciones en días y aún no se valoran. Tíos que saben sin la cafetera anda baja de presión por SNMP y monstruos de la robótica que te montan autómatas increíbles en tiempos absurdos.

Pero Broderinlau Bacpac instala el driver de la impresora y se toma tres días libres extenuado. Para él programar es poner un acceso directo en el directorio de inicio del usuario local de Windows. Para él monitorizar significa poner una segunda pantalla al ordenador. Y aquí está, guiándome hacia la habitación donde guardan los servidores.

-Es por aquí, Wardog.

Le sigo por el pasillo y abre una puerta a la izquierda. El aire frío del aire acondicionado se vierte en el pasillo y pasamos.

Lo primero que echo en falta es ruido. Todo está apagado. El rack, pulcramente situado centrado en una pared para poder trabajar bien por tres lados no emite ningún ruido. Es el ruido que más miedo da a un sysadmin. Sólo el leve zumbido del SAI se eleva sobre el ominoso silencio.

Abro la puerta del rack, abro el gancho de la bisagra y retiro la puerta.

-¡Ostras! ¿Sabías que eso se puede hacer?
-¿Tú no?
-Eh… claro, por supuesto. Se nota que eres bueno.

Buenísimo. Sé quitar la puerta de un armario.

-Veamos. Hay dos servidores. ¿Por qué?
-No sé, aún no me he puesto con eso-. Claro. Estabas con el Mac de quince mil pavos. Es normal. Qué va a hacer un sysadmin sabiendo qué hacen sus máquinas-. Pero el que está roto es este.
-Vale, veamos…

Tiro de la consola, que estaba plegada y enciendo el monitor.

-¡Hostias! ¿Y eso? ¡Qué chulo! ¡Yo tuve que conectar un monitor y un teclado!
-¿Has visto? Dime contraseñas, anda.

Arranco el equipo averiado para ver qué le pica. Arranco el otro servidor para ver qué hace. El servidor averiado se queja de un disco. Igual el que tiene la luz roja encendida. Igual, ¿eh? Tiro del clip y saco la unidad para examinarla.

-¿Cómo has hecho eso?
-¿Hacer qué?
-Sacar el disco.
-Telequinesis. ¿Tú como los sacas?
-No, fuera de broma. Yo saqué el servidor así- dice mientras tira de él hacia afuera y se desliza sobre sus raíles- levanté esta tapa y no vi por dónde meterles mano.
-Tío, pulsar, bajar y tirar. De toda la vida.
-Anda. Que los discos son eso. Yo pensaba que era sólo para ventilación.
-Sí, ventilación. Sí sopla fuerte el aire aquí.
-Y qué pequeñitos son, ¿no? ¿Ahora los ponen de portátil?

Sorpresa, llevo un disco compatible en la mochila, sólo que no comparten caddy, pero eh, habiendo destornilladores… Dos minutos después el servidor estaba arrancado y reconstruyendo el RAID. Qué suerte que en previsión de que el Karma me había advertido había cogido un disco de cada de los que tenemos para nuestros servidores y uno de cada de los que habíamos retirado y aún funcionaban. Como treinta discos traigo. Y pesan.

-¿Qué estás escribiendo, Wardog?- me pregunta Bacpac por encima del hombro.
-Estoy entrando en comunión con este sistema. Por favor, respeta este momento.

Un vistazo por encima me dijo que no le pasaba nada, que no se estaba colgando, sino que mostraba el error de disco e iba más lento porque es un RAID 5 y estaba tirando de información de redundancia. Ya. Se acabó la crisis. Miro el otro servidor. Es idéntico al que acabo de reparar. Idéntico. Un poco más de investigación me dice que son gemelos y que se replican para que si uno muere, el otro se ponga en marcha. Ha parado la oficina por inútil. Típica configuración con failover impresionante para una oficina de 30 personas.

-¿Y cuánto tiempo dices que has tenido esto apagado?
-Nada, ni una semana. Cada vez que lo arrancaba salía ese error, y para prevenir males mayores, apagué todo. Hay que asegurar.
-Hay que asegurar. Ya. El servidor ya funciona. Por favor, avisa al personal que pruebe si todo está correcto. Es posible que vaya lento durante unas horas mientras reconstruye la información del disco, pero ya pueden empezar a trabajar.
-OK, voy a decírselo.

Espero a que salga por la puerta y cierro. Marco el móvil de $Hyperboss.

-Dime, Wardog.
-Que esto ya funciona.
-¿Y qué era? Seguro que una chorrada.
-Sí, un disco duro roto. Lo he cambiado.
-Vale.
-Oiga, esta empresa tiene una pinta estupenda, por lo menos la oficina. El informático que montó todo esto es un artista.
-¿Tú crees?
-No hay más que verlo. Está todo perfecto. Todo.
-Entonces, ¿Broderinlau está haciendo un buen trabajo?
-Su cuñado es un inútil.
-¡Wardog!
-De verdad, $Hyperboss, yo no sé en qué estaba usted pensando cuando despidió al otro informático para dejar sólo aquí a su cuñado. ¿Por qué ha hecho eso? Los dos sabemos que su cuñado no está capacitado para esto. Le ha dejado el mantenimiento de un submarino a un tío que sabe cambiar el tubo de escape a un Vespino.

$Hyperboss guarda silencio unos instantes.

-Mira, Wardog, yo quiero mucho a mi hermana, y ella al mentecato de su marido. Ella cree que es un genio y él no hace más que entrar y salir de empresas cada dos meses.
-Vaya. Qué triste.
-De verdad, Wardog, que esto quede entre tú y yo. Es un inútil, pero también un vanidoso y es incapaz de admitir que no tiene ni idea. Si le di el reloj este del iPhone para configurar y lo único que consiguió fue que no arrancase, se quedaba la pantalla congelada.
-Qué crack.
-Lo que te pido es que por favor le enseñes, que se pueda defender para que tenga un sitio fijo para trabajar y mi hermana siga siendo feliz creyendo que su marido es el director de informática de una empresa que por fin le valora.
-Ya. Que le enseñe.
-No te pido que le enseñes todo, sólo lo necesario para que no la cague, ¿me entiendes?

Que no le enseñe todo. ¿Por qué todos los que no están en informática creen que se puede cuantificar el conocimiento? ¿Creen que se traspasa como se traspasa una carpeta? ¿Creen que la arquitectura de una red se entiende en cinco minutos? ¿Que no hay particularidades? ¿Procedimientos? ¿Creen que no hay conocimientos técnicos básicos que se adquieren durante años de aprendizaje fuera y dentro del mundo laboral? Yo no entiendo ese concepto de «no enseñarlo todo». No lo entiendo.

-Perfectamente.
-Gracias, Wardog. De verdad, esto es muy importante para mi. Te pago los días que estés ahí al triple, dietas, lo que quieras, pero que no tenga que echarle, por favor. No quiero que mi hermana se caiga de su nube, es una mujer muy sensible con el tema de su marido.
-No se preocupe, $Hyperboss. Y por el dinero descuide, hoy mismo le enseño todo lo necesario para mantener esto sin liarla.
-¿De verdad?
-De la buena.

Qué triste. Una mujer enamorada de la imagen que proyecta un mentecato. Más triste aún Bacpac, vagando por el mundo haciendo ver que es quien no es, y más aún, sin darse cuenta.

Bacpac regresó por fin de avisar a todo el mundo, venía sonriente. Seguro que les ha dicho que por fin lo ha arreglado.

-Ya está todo el mundo trabajando, genial, Wardog. Ojalá hubiese tenido yo un disco de esos antes.
-Ya, el disco. Claro. El disco. Ojalá los vendieran en las tiendas de Apple, ¿eh?
-Ya ves.

Inmune al sarcasmo.

-Mira, Bacpac, he hablado con $Hyperboss y me ha pedido que te guie un poco… en la administración de sistemas, que te enseñe un poco cómo va todo esto de la informática de mayores.
-No, si no hace falta, Wardog, ya me apaño yo bien.
-No. Mira, te explico. Eres el sysadmin de una empresa absorbida. Yo soy tu jefe. $Hyperboss es mi jefe. ¿Hasta aquí todo bien?
-Pero es mi cuñado.
-Vale. Pero cuñado no aparece en el organigrama. Así que vamos a tu mesa que te explico.

Vamos hacia su mesa y me siento ante el pantallón del Mac. Coloco el teclado, el ratón y el pad. Con los antebrazos arrojo el resto del contenido de la mesa al suelo, primero el derecho y luego el izquierdo.

¿Qué haces?

-Primero de todo, orden.
-¿Pero quién te has creído que eres?
-Tu dios.
-¡Ja!
-Já. Yo soy lo que te separa de cagarla tan fuerte que te tenga que despedir tu cuñado.
-¿Y eso quién lo dice?
-El que ha visto que has apagado en caliente más de veinte veces un servidor de treintamil euros porque te estaba avisando de un fallo en un disco duro redundado. Ese. ¿Quieres que te lo explique tu cuñado?

Se lo piensa con el móvil en la mano. La oficina está extrañamente silenciosa.

-A ver dime, qué tengo que hacer.
-Enséñame la documentación de la red y las contraseñas.

Recoge una carpeta del suelo y me la da. La ojeo. Me la guardo en mi mochila.

-Y ahora los ficheros de estas impresiones. ¿Sabes dónde están?
-Sí, claro. Entra aquí- me dice señalando en su pantalla. Me va guiando hasta los ficheros que documentan la red y contienen las contraseñas de administración. Compruebo que corresponden con la documentación impresa, los subo a un servidor de Suprakillminds y a continuación los borro.
-¡Pero qué haces!
-Preparando la clase. Un segundo.

Creo un usuario para mi y otro para El Máquina II con superpoderes. Cambio la contraseña de root y de administrador en todos los servicios y sorprendentemente no explota nada. El informático anterior es para darle un abrazo, joder. Degrado el usuario de Bacpac a lo más rastrero que puedo. Cierro sesiones y me levanto.

-Siéntate que empieza la clase.

Se quita por fin la mochila y se sienta. Pues no tiene chepa. Me mira con los brazos cruzados.

-Mira, tú no quieres que te enseñe y yo no tengo ganas, así que vamos a hacer esto rápido. Ésto- le digo delimitando con los dedos el espacio comprendido entre la pared y el biombo- es tu espacio de trabajo. Única y exclusivamente. No puedes tocar nada fuera de aquí. No puedes tocar ningún servidor. No puedes tocar la distribución de la red. No puedes cambiar un puesto de sitio. No puedes instalar ningún tipo de software. No puedes contratar internet con otro proveedor que no sea el actual. No puedes ni pinchar un pendrive en ningún ordenador. Puedes navegar por Internet, ver las noticias y escribir tus memorias. ¿Alguna duda?
-¿Y si se rompe algo?
-Nos lo dices. O contratas a una empresa local y te inventas una avería gravísima. Nadie te va a reclamar nada.
-Ya, claro. Como que $Hyperboss es tonto y va a pagar a una empresa estando yo aquí. Él no tira el dinero.
-Eso creía yo, pero tienes quince mil euros encima de la mesa y no ha pestañeado siquiera.
-¿Entonces, qué es lo que puedo hacer?
-Venir a trabajar, tomar café, conseguir que otros se coman tus marrones e irte a tu casa con el deber cumplido. Ya eres director ejecutivo del departamento de informática de Hold & Caust. ¡A que es acojonante!

Cojo mis cosas y me encamino a la salida. Pero recuerdo una cosa más…

-Oye, Bacpac, una curiosidad. ¿Qué llevas en la mochila?
-¡Ah! Vas a flipar. Mira, mira… Aquí lo tienes- dice sacando un portátil,- una maravilla. Diecisiete pulgadas, Intel Xeon, sesenta y cuatro gigas de RAM, disco SSD de un Tera…
-¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Pichacorta!

Me alejé con una sonrisa de oreja a oreja de su mesa dejándole con cara de desconcierto. Marqué el número de $Hyperboss.

-Dime, Wardog.
-Hecho.
-¿Ya?
-Ya.
-¿Tan pronto? ¿Qué has hecho?
-Le he nombrado director ejecutivo del departamento de informática.
-O sea, que le voy a pagar el sueldo para que otro haga el trabajo.
-Es usted un lince.
-Bueno. A la larga me sale barato.
-Tampoco se fíe. Algo me dice que el Karma aún no ha cobrado.
-¿Qué dices?
-Nada, nada, cosas mías…

Tengo un miedo atroz.

La mano y el ratón.

28 February 2017 at 19:24

Un viernes, al llegar a la oficina y abrir el correo electrónico vi que tenía un mensaje de $Hyperboss con el simbolito de alta prioridad, el asunto en mayúsculas y letras coloreadas en rojo en el cuerpo, mucha negrita y mucho subrayado. Inmediatamente cogí el teléfono.

-¿$Hyperboss? ¿Puede hablar un par de minutos?
-Claro, Wardog, dime.
-Es sobre el email que nos ha mandado. Verá, hace como un año comencé con un dolor sin importancia en una mano. Poca cosa. Una ligera molestia. Como soy un hombre ocupado lo fui dejando hasta que el dolor llegó a ser incapacitante. No podía abrir un yogur. Así que decidí ir al médico. El médico se preocupó porque no era una lesión con un origen claro. Si me hubiese caído por las escaleras podría tener una explicación. Pero como no había hecho nada fuera de lo común me mandó una batería de pruebas bastante extensa dados mis antecedentes médicos.

»Al poco tiempo empecé a pasar por especialistas que me hicieron de todo: radiografías, ecografías, tomografías, análisis de sangre, pruebas neurológicas… nada parecía dar con el origen del dolor. No había inflamación, los tendones funcionaban correctamente, el cerebro funcionaba bien. Todo lo bien que puede funcionar le cerebro de un informático.

»En una de las visitas al neurólogo, un hombre veterano, con experiencia y a la sazón muy amable, me explicaba que a veces el dolor simplemente se iba tal como había venido y que físicamente no encontraba qué era lo que me pasaba, pero puesto que todo parecía estar bien, no teníamos de qué preocuparnos. Yo le dije que para mí es muy importante poder mantener la fuerza de la mano por mi trabajo, por mis aficiones a criar niños y mi escaso gusto por el dolor. Le comenté medio en broma que mi profesor de redes nos decía siempre que si el servidor no tiene la culpa y el cliente también está bien configurado, que siguiéramos el cable.

»Así fue como mi neurólogo se dio una palmada en la frente y me mandó a una unidad del dolor para ver si los nervios del brazo funcionan como deben. ¿Ha estado alguna vez en una? Es muy divertido. A mi me tocó una prueba que consiste en clavar agujas en el músculo para buscar el nervio y pegar calambrazos para ver qué tal funciona el asunto. Ver cómo tu brazo se mueve sin que tú se lo mandes es una experiencia altamente recomendable. Por supuesto, tras una hora recibiendo descargas y firmando consentimientos, con un médico poco comunicativo que no hacía más que repetir mediciones y torcer el gesto, salí de allí con el mismo diagnóstico: todo estaba normal.

»Me tomé un café en el hospital porque yo no le tengo miedo a nada y me fui a mi casa. Por supuesto, sostener el volante mientras cambiaba de marcha me suponía el habitual pinchazo desde la parte externa de la mano hasta casi el codo. El dolor es un compañero molesto al que casi te acabas acostumbrando. Al día siguiente, después de ducharme me di cuenta al secarme con la toalla de que no me dolía la mano. Nada en absoluto. Me vestí y bajé a la cocina. Corté pan con la mano, sujeté el queso, el jamón, puse aceite de la garrafa en la botellita para hacerme la tostada y nada. Ni rastro del dolor.

»Fui entonces a la despensa y cogí dos nueces. Las estrujé con la mano casi sin darme cuenta. Ni rastro del dolor. Volví a mi médico de cabecera y me retorció la mano de mil maneras distintas. No había dolor. La fuerza había vuelto y todo estaba normal. Un total de 7 especialistas con sus asistentes y yo invertimos semanas buscando qué le estaba pasando a mi mano. Por supuesto hubo preocupación y muchas molestias por el camino. Tuve que hacer varios cientos de kilómetros, madrugar, ayunar, tomar brebajes asquerosos y recibir una buena dosis de pinchazos, además de, seguramente, unos cuantos miles de la sanidad pública. Al final, como dijo el neurólogo, tal como vino, se fue.

»Mi teoría es que uno de los calambazos-hostia de la unidad del dolor deshizo lo que estaba jodido y ahí terminó todo. Ya sabe, soy informático, seguro que tengo algún componente electrónico donde debería haber un cacho de chicha o algo. No sé, yo de anatomía sé bastante poco, la verdad. Lo importante es que ya no me duele, no hay ni rastro de aquella molestia.

»La familia me instó a que continuase las pruebas en la sanidad privada, pero yo soy de la opinión de que buscar un problema que no existe no tiene sentido, ¿verdad?

-Supongo que sí, pero, ¿por qué me cuentas todo esto?
-Por analogía.
-¿Analogía de qué?
-Permítame que le robe un minuto más. Verá. Después de aquel incidente, una noche, sentado al ordenador de casa, escribiendo tranquilamente mis chorradas por el rabillo del ojo vi una sombra pequeña escabullirse por la puerta. Miré inmediatamente y no vi nada. Al cabo de un rato volví a ver la sombra en dirección contraria. Por supuesto, cuando miré no había nada.

»Puesto que suelo acostarme tarde, nadie más en la casa vio nada parecido. Mi hermana tiene un fallo en el ojo, dice que es como si viese hormigas, o bichos, o telarañas constantemente. Enseguida pensé en que aquello podía ser genético y que me estuviese pasando a mi también. Recordé en ese momento que debido a mi afición a criar niños había sufrido en el pasado un par de lesiones en la córnea. Pero esa es otra historia. Cogí entonces un papel blanco y lo miré durante un buen rato. No veía nada raro. Ni moscas, ni hostias en vinagre. Todo bien. Me fui a costar acusando mis visiones al cansancio y a demasiado ordenador. La noche siguiente continué viendo sombras.

-¿$Hyperboss? ¿Sigue ahí?
-Sí, sí, termina, anda.
-Claro, perdone. No soy dado a creer en fantasmas, así que dejé el ordenador en el brazo del sillón y me quedé mirando fijamente la puerta. Sin hacer nada más. Estaba dispuesto a quedarme mirando fijamente la puerta hasta que la sombra pasase de nuevo. Así estuve por más de media hora. Entonces la vi: era un ratón. Un pequeño ratón gris estaba merodeando por mi casa. El animal no se dio cuenta de que le estaba mirando inmediatamente. No moví un músculo, pero entonces mi vio y salió corriendo. No pude ver hacia dónde iba.

»Las noche siguientes las pasé cerrando puertas una por una hasta que quedó clara cuál era la ruta del ratón. Iba de la cocina al trastero. Busqué en el trastero el nido y lo encontré detrás de un armario. El ratón no estaba, por supuesto. Puse trampas con comida y no las hizo ni caso. En el nido tampoco había restos de comida de la casa. Había tenido ratones antes en casa, vivo en el campo, ya sabe, no puedes dejar una puerta abierta.

»Una noche se me ocurrió dejar a los perros en el patio para que no corrieran tras el ratoncete. Puse un puñado de semillas en la puerta del salón y me senté a esperar. El ratón apareció al cabo de un rato y se quedó en medio de la puerta doble del salón. Cogió un grano de maíz con sus manitas y se me quedó mirando, sentado, sujetando su botín contra el pecho. ¿Ha leído «La milla verde»? Mierda, se me encogió el estómago y maldije no tener un carrete de hilo a mano. Le juro que ese ratón me estaba mirando a los ojos con total tranquilidad. Luego se metió el maíz en la boca y desapareció corriendo.

»Soy incapaz de matar un animal más grande que una cucaracha simplemente porque me molesten. A mi amigo el ratón no le iba a matar, pero no resulta demasiado higiénico tener un bicho de estos en casa. Como tampoco tenía claro si mi amigo el ratón tenía tetas, no quería arriesgarme a tener muchos amigos reunidos en la puerta de mi salón para comer maíz.

»Al día siguiente le preparé una putada al animalito. Compré ese pegamento que venden para atraparlos y coloqué dos tiras de cartón impregnadas en los lugares de paso. Mi confiado huésped no tardó en quedarse enganchado. Sólo una pata y un costado, Rápidamente corté el cartón y metí al bicho en un tupperware. Lo lavé con aceite y cuando se soltó, salí a la calle, caminé un buen trecho y lo solté.

»¿Pero sabe qué? La noche siguiente un ratón apareció en la puerta de mi salón y se sentó sobre sus patas traseras. Estaba despeinado y me miraba con sus dos ojillos redondos. Yo no pude descifrar su expresión, si es que un ratón puede expresar algo con la mirada. Me imaginé que me recriminaba la putada de pringarle con aceite de girasol, o que me daba las gracias por no matarle, o que se estaba disculpando por las molestias pero que prefería dormir en mi trastero a buscar una madriguera ahí fuera.

»Fuese lo que fuese, aquel canalla seguía ahí. ¿Sabe lo que eso significaba?

-¿Qué?
-Pues que no se había colado por una puerta o una ventana abierta. Tenía un paso abierto y el animal se colaba cada vez que le apetecía. Revisé las rejillas de ventilación de la cocina, los tubos de la campana extractora, desmonté media cocina hasta que vi que la tubería de desagüe tenía un agujero en la parte de arriba de un codo. Por ahí se estaba colando. Llamé a un fontanero para que cambiase la tubería en cuestión. El tío vino, se metió debajo del fregadero y reemplazó el tubo roto. Abrió el grifo y se tiró en plancha al suelo pegando la oreja a las baldosas. Acto seguido profirió el sonido más temido de un humano cuando llama a un fontanero: chasqueó la lengua. Me dijo que el ratón también había mordido por abajo y el agua del desagüe de la cocina se estaba vertiendo en la cámara de aireación que hay debajo de la casa. Fue a la furgoneta y volvió con una maleta en la mano. Sacó una cámara unida a un tubo largo de cojones y la metió por el desagüe. Al poco se veía en la pantalla encastrada en la tapa de la maleta un agujero en una curva de la tubería de desagüe. Por ahí se colaba el enano. Mi amigo el fontanero salió a por los trastos de romper cosas y abrió un boquete en la cocina hasta poder descubrir la tubería rota. La reemplazó y, una vez más abrió el grifo.

»Y se tiró de nuevo al suelo. Y otra vez chasqueó la lengua. Que el agua no corría, decía el fontanero apache. Efectivamente, poco después el fregadero dejó de tragar. Volvió a meter la cámara por el desagüe y a unos seis metros chocó con un atranco de aúpa. Se fue con la furgoneta y volvió con un compresor y una manguera de alta presión. Dos horas y trescientos euros más I.V.A. después el fontanero más eficiente que he conocido se fue de mi casa dejando el desagüe de la cocina tragando de tal manera que se te mueve el pelo cuando viertes el agua de fregar. Tiene presión negativa. Corrí a la ferretería y compré rejillas para tapar cualquier abertura de ventilación alrededor de toda la casa.

»El ratón nunca más apareció por casa. Le estuve esperando muchas noches, pero nunca más se supo de él.

-¿Has terminado?
-Sí.
-¿Y por qué me cuentas todo eso?
-¿Ha mandado usted un email a soporte pidiendo explicaciones urgentes de por qué ayer quiso imprimir en su impresora personal y no pudo y hoy sí?
-Sí.
-¿En el email exige garantía pueda imprimir siempre a la primera, que removamos Roma con Santiago si hace falta para que eso no pase cuando nosotros no estemos?
-Claro.
-Pues verá, he encontrado en uno de los servidores de ficheros unas cuantas fotografías corruptas a las que nadie ha accedido en mucho tiempo y en la copia de seguridad están bien. Puede no ser nada, o puede que sea el preludio de un colapso.
-No me irás a contar otra historieta, ¿verdad?
-No, en absoluto, pero ¿prefiere que averigüe por qué ya no le duele la mano o que dedique ese tiempo a ver si nos hace falta resolver un problema en las cañerías?
-La madre que te parió. Haz lo que tengas que hacer.

Y me colgó. Me recliné en la silla.

-¿De qué imágenes hablas, Wardog? No me habías dicho nada de ficheros corruptos.- me pregunta MKII que había estado escuchando atentamente mi conversación con $Hyperboss.
-De ninguna. Es viernes, hoy no me apetece nada. ¿Café?- MKII suelta una carcajada.
-Yo invito. Pero habrá que mirar la impresora esa en algún momento.
-Tranquilo, mando a Daisy. Esa impresora no verá otro día.
-Café y copa, Wardog. Café y copa.

Los caminos del BOFH son infinitos

16 August 2016 at 18:21

Son ya muchos los meses sin escribir nada en el blog. Bueno, en realidad, son muchos los meses sin terminar ningún post, que borradores hay unos pocos. Me vais a disculpar, pero mi vida real me reclamaba por múltiples factores.

Ha habido por ahí algún achaquillo de salud que hubo que resolver. Cosas de poca monta, pero ahora tengo un papel de un neurólogo titulado que dice que mi cabeza está «normal». Lo llevo siempre en la cartera y lo enseño bastante a menudo. En el intervalo también he «sufrido» o «disfrutado» o ambas cosas a partes iguales cambios en mi trabajo de verdad, no el de Suprakillminds. Creo que muchos para bien, pero ahora me toca hacer algunas cosas muy aburridas que antes no hacía y que quiero dejar de hacer cuanto antes. Situación coyuntural, supongo. En fin. Pero que me lo estoy pasando teta por lo general.

También he tenido tiempo de reproducirme otro poco, y ya son tres veces. Tres. No veas. Y muchas noches, cuando me quiero dar cuenta los dos mayores están a mi lado hablando en voz baja:

-¡Psssst! ¡Papá y mamá ya no respiran!- dice el mediano.
-¿Ponemos la wii?- propone el mayor.
-¡Mejor sacamos los legos!
-¡O jugamos a Minecraft!
-¡O asaltamos el mueble bar, le robamos las llaves del coche y jugamos a GTA!

Porque el mayor es un friki de cuidado. Le gustan los videojuegos y leer más que a un Lucky un lápiz. Le metes en un edificio cualquiera y te lo recompone en casa con el Minecraft. En los FPS se maneja de miedo. Domina los juegos de estrategia, tiene picardía y piensa las cosas. Un crack. Todo lo lee, todo lo dibuja, todo lo quiere aprender.

El mediano, aparte de cara de cabrón, tiene cuerpo de cabrón y sombra de cabrón. Es el típico niño de los ochenta. Está siempre lleno de mierda. Da igual que lo hayas duchado hace diez segundos. En cuanto pisa la calle está lleno de hollín, las rodillas peladas y seis arañazos. Aparte, es listo como el hambre. Aprendió a leer solo, adora la música, le encanta aporrear el piano (aprenderá a tocarlo, pero no ahora), construir cosas con sus bloques de lego y por encima de todo, jugar al fútbol.

Entre los dos hacen un tándem perfecto. Salen a la calle con sus amigos, construyen «cabañas», excavan, exploran, juegan se caen, discuten, se pelean y se reconcilian. En condiciones normales se llevan demasiado bien y cada vez que les oigo planear algo me entran los siete males. Así que, después de cenar, mientras plenean si asesinar a Rajoy o quemar el océano Atlántico (pueden hacer ambas cosas), saco fuerzas de flaqueza y digo con voz autoritaria:

-¡Vengaaaa! ¡Doodo el mubdo a la gaaama yaaaaa gue es mu daaddee!- mientras me recojo la babilla.

Momento que aprovecha la enana para decir:

-¡PAAAAAAA PAAAAAA! ¡PAAAAAAAH PAAAAAAH! ¡TATATATATATATATATAAAAA! ¡TATATATATATAAA! ¿POQUÉ? ¿QUÉ? ¡CUQUIIIIII!

Seis meses tiene. Esta no sabemos cómo será más adelante. De momento grita mucho. Igual va para Sargento Vara. Es impresionante el volumen que puede alcanzar la cámara fonadora de una cosa tan pequeña. Y después de bañar, empijamar y acostar a la tribu estamos su madre y yo como para hacer un cuarto niño. Por los cojones. Morimos, fenecemos, fallecemos mucho. Cuántas veces no nos habremos hostiado con el móvil en la cara leyendo las noticias. Cuántas veces se me habrá dormido mi santa contándome las vicisitudes del día. Ni Antena 3 hace esos cortes. Cuántas noches de quedarse la enana dormida en la teta y tener que desengancharla con palanqueta y agua caliente.

Así pasa, que por las mañanas no hay un dios que nos mueva. Y luego vuelta otra vez a trabajar, domar niños, jugar con niños, intentar sobrevivir y hacer algo de vida de pareja (¡JAAAAAAAJAJAJAJAJAAAA!). El fin de semana es para ellos, por supuesto.

Menos mal que la Chuchi, en su infinita paciencia ha sacado tiempo y recursos para por lo menos, salir unos días de vacaciones por ahí, a tomar por culo, con un turismo, tres sillas para tres niños y cuatro maletas. Yo no sé cómo lo hace. Es magia.

Los niños pasan la mañana con los abuelos mientras los mayores vamos a hacer el gilipollas trabajar. Como ya saben leer y escribir de sobra (el mediano tiene 5 añitos recién cumplidos)  les hemos regalado sendas tabletas. Nos pueden llamar por hangouts si necesitan algo ( o para mandar un beso) y por supuesto, están hasta arriba de juegos.

Se manejan muy bien con la tecnología e intentamos educarlos en netiqueta, seguridad y uso responsable. Y van pillando conceptos poquito a poquito. Se ponen auriculares si están con más gente, escriben correctamente, completando las palabras, sin faltas de ortografía (dentro de que cabe, pobrecitos míos), en minúsculas, piden permiso para jugar online, no chatean con nadie sin preguntar, jamás dan sus nombres reales ni su dirección, etc. Lo del uso responsable en cuanto al tiempo que quieren pasar con los cacharros es lo que peor llevan. Viven en una casa llena de tecnología. Yo estoy empeñado en que la aprendan a usar durante unos límites de tiempo razonables, que sea algo natural y no el objeto de su tiempo. Y me está costando mucho. Además, los pobres tienen un poquito de pelusilla con la hermana pequeña, que requiere unas cuantas atenciones más, y se ponen respondones.

Después de muchos enfados he probado lo siguiente:

  • Retirarles la tableta. Funciona en el momento, pero claro, lo del uso responsable ya no lo ejercitan. Se entretienen con cualquier cosa, la verdad, y yo estoy empeñado en que dominen la tecnología y no al revés. Vivimos en un mundo en el que es necesario, y lo será mucho más, conocer todo esto y ser críticos con lo que la tecnología ofrece.
  • Retirarles el cargador. Aquí hubo una especie de mezcla de fracaso / orgullo de padre. Les retiré el cargador con maldad, para ver sus caras de angustia mientras la batería caía a pico. Sus tabletas son pequeñas, de baratillo, y la batería no dura mucho más de dos horas de uso moderado. Pues los cabrones redujeron la retroiluminación al mínimo, igual con el volumen, desactivaron ubicación y wifi si lo estaban usando. Impresionante.
  • Bloquearles los dispositivos y entregarles las claves si cumplen con todas sus tareas y con las normas de la casa. No sé por qué me molesté, fue como volver al punto uno, cambiando la metodología. La sigo usando, para dejarles sin tableta en remoto si la abuela me dice que están cerriles.

Pero creo que he encontrado la técnica definitiva: atacar a la experiencia de uso.

He hablado con ellos y se lo he explicado. Según se porten, así les funcionará la wifi de bien o de mal. Tres reglas en el router (aparte de los típicos controles parentales) para cada niño. Si se portan bien, pueden usar la red wifi a 30Mbps cada uno. Pueden ver vídeos, jugar online, poner su música o lo que quieran decentemente.

Si no hacen caso a la primera, retrasan sus responsabilidades, rezongan demasiado o contestan mal, la velocidad cae a 3Mbps. Las cosas se les complican, saben que tienen que portarse bien o seguirán sufriendo una red lenta. Pero aún pueden crear un servidor de Minecraft local y jugar medio bien.

Si se portan mal, se pelean, se gritan, se faltan al respeto o se enfurruñan y se niegan a todo, su conexión wifi pasa a tener un límite de caudal de 8kbps. Las cosas funcionan. Pero todo es tan lento que terminan por levantar la cabeza de la tableta y atender al mundo real.

Los pobrecitos míos han respondido de maravilla a este método. No les prohíbo usar sus dispositivos, pero claro, a 8Kbps no pueden hacer apenas nada online. Son niños de los ochenta para jugar en la calle, pero unos sibaritas del ancho de banda.

Sé que aún es un método coercitivo, pero al menos ellos obtienen una experiencia de uso acorde a su buen o mal comportamiento y se autoregulan. Les encantan sus tabletas y a mi me encanta que las usen.

Lo bueno es que no dejan de jugar a cosas de niños: hostiarse con espadas de goma, jugar con la pelota, montar en bici, hacer barro, construir cosas, inventar historias, qué sé yo. Si el mayor hasta ha escrito cinco libros de cómic (basados en El Señor de los anillos, Vengadores, Minecraft, Clash Royale o Don Quijote de La Mancha). El mediano ha aprendido a conducir una cosechadora. Cosas de niños.

Y eso. Que entre que el trabajo me deja poco tiempo libre, que el poco que tengo lo disfruto con la familia, el BOFHing-Supernanning doméstico y mantener una higiene adecuada para las convenciones sociales actuales (suelo elegir ducha a desayuno), me queda muy poco tiempo para escribir.

No obstante, me encanta escribir y no lo he dejado de hacer. Ni pienso dejarlo. Si no he publicado ha sido porque el borrador no es lo suficientemente bueno, porque el sueño me hizo perder el hilo de lo que estaba escribiendo o porque en ese momento me apetecía escribir otras cosas (MWAAAAHAHAHAHA!).

En realidad no puedo dejar de escribir. Me hace falta. ¿Sabéis esa sensación angustiosa de tener algo pendiente por hacer y que no te llegue el tiempo, que siempre lo vas dejando para más adelante?  ¿Esa sensación que se hace bola y se enquista entre el estómago y la garganta para que sepas que tu obligación está ahí, que te está esperando? Pues así me siento cada vez que me retraso al publicar algo decente. Y es un asquito.

Así que este minipost disculpa-excusa-explicación va para que sepáis que sigo aquí, que estoy vivo, que estoy casi entero, y que volveré pronto. Creo.

Este post ha reducido muy poquito la bola de angustia.

Superstar (palito,palito, palito)

1 February 2015 at 01:30

Alberto Fuckingcrack se fue con el pack de discos duros un martes a la capital del reino y volvió un viernes diciendo que había conseguido convencer a la gente de $NubecitasDeMiColegaEntrerprises para que los pincharan. Se ve que los servidores los tienen protegidos por fosos de cocodrilos y llegar hasta ellos es una proeza de dimensiones indianacojónicas porque los conectaron el miércoles siguiente.

Tal cual nos lo comunicó, me conecté al servidor y vi que era mentira. Le encargué al servidor que me mandase un email cuando le ultrajasen el puerto trasero. El miércoles el servidor no dijo nada. Ni el jueves. El viernes, a eso de mediodía, me dijo que le habían profanado el USB.

En el ínterin, la gente se había dedicado a archivar, limpiar, vaguear y hablar pestes de los informáticos porque no les dejábamos tocar bases de datos gigantes mediante arcanas artes llamadas «modo de sólo lectura».

Puesto que los servidores vinculados a máquinas de producción también iban a ser virtualizados y externalizados, la fábrica estaba a medio gas también y trabajando con más papel que un adolescente delante del ordenador.

El que estaba frenético era $Hyperboss. Tenía los techos engorrinados de huellas de tanto hacer la Regan. Y venga a preguntarnos si teníamos novedades. Y nosotros venga a decirle que llamase a Fuckingcrack . Estuve a puntito de mandar a Daisy a instalarle un RSS en el ojo de Sauron a Fuckingcrack. Pero claro, el pobre hombre debe tener unos problemones con el móvil terribles. Y con el email. Y con la mensajería instantánea. No le funciona nada.

Unas horas después copié y convertí las máquinas virtuales al servidor, y configuré lo justo para que anduviese aquello. Cuatro ajustes por aquí, un poco de abrillantador, pulimos un poco acá… listos.

Retorcemos una tuerca aquí para que cuando llamen a nuestros servidores locales contesten los remotos, hacemos una batida haciendo ajustes manuales, desconectamos servidores locales, cuatro pruebas pedorras y… ¡Listos! ¡Estamos en el aire!

Sábado, dos y media de la mañana. MKII está reventado. Hoy ni se ha tomado su colacao ni se ha acostado a las diez. Daisy está como siempre, ni un pelo fuera de su sitio. Es lo que le corresponde a un androide. Yo estoy disfrutando, relamiéndome. Saco el móvil y marco un número. Espero.

Un tono. Dos tonos. Tres tonos. Ocho tonos. Cuelgo. Rellamada. Diez tonos. Rellamada. Cinco tonos.

-¿Diga?
-¡Hola $Hyperboss! No le habré despertado, ¿verdad?
-Pues… pues claro… ¿qué hora es?
-Oh, un poco tarde. Sólo quería decirle que hemos terminado. Ya funciona todo, la gente ya puede empezar a trabajar.

Silencio en la línea. Se oye un golpe y a alguien roncando al otro lado. Se ha vuelto a dormir. Y eso que dijo que le avisáramos cuando terminásemos que si no no dormía tranquilo. Pues el día que duerma tranquilo al pobre le despierta un paramédico con dos palas y gritando «¡Fuera! ¡Dame diez mil! ¡Fuera! »

Repito el procedimiento llamando a Alberto Fuckingcrack pero con dos teléfonos, uno para llamarle al fijo y otro al móvil adelantándome a sus posibles problemas de cobertura. Su señora y él quedaron absolutamente encantados de saber que habíamos conseguido levantar todos los servidores en el entorno virtualizado en unas horas. Eso sí, la señora de Alberto, para tener un marido con las pelotas de oro, va muy mal follada y es una ordinaria. Hasta Daisy se permitió el lujo de echarse unas risas cuando puse el manos libres y la señora Fuckingcrack juraba en arameo como un leñador de Nebraska con la voz descompuesta.

Con sólo unos cuantos días de retraso, el lunes por la mañana todo el mundo entró en la oficina, se sentó en su puesto y encendió su equipo contentos de poder por fin trabajar en la maravillosa y todopoderosa nube. Si los anuncios de compresas ya profetizaban que la nube era el objetivo final de todo, se sentían afortunados de poder ser parte de la magia. Todos iniciaron sesión como siempre y todo era normal. Salvo por una cosa. Todo iba muy lento. Lentísimo. En un momento dado, el cable del router terminó por abultarse de tantos bits que querían salir y entrar a la vez, que a la sazón, Daisy pisoteaba con suma felicidad, provocando unos fogonazos de tráfico saliente que se sintieron en Corea del Norte.

Y ondeando su chaqueta por el pasillo, como siempre que hay problemas, apareció Alberto Fuckingcrack acompañando a $Hyperboss para pedir explicaciones.

-¡Wardog! ¡Máquina II! ¿Qué coño pasa que no funciona nada? ¿No habíais terminado el viernes?
-Buenos días- respondo.- Sábado por la mañana muy temprano, para ser exactos. Claro que habíamos terminado. Parece que tenemos un cuello de botella en la salida a internet.
-¿Otra vez?- clama $Hyperboss.- ¿Pero no habíais subido los servidores ya?
-Claro, ya están ahí colgados los pobres, pero es que ahora que la gente se comunica con ellos, pues nos quedamos sin ancho de banda para todo.
-Pero Wardog, ¿cuánto ancho de banda necesitáis?- pregunta el consultor, muy conciliador para haberle desquiciado a su señora un viernes de madrugada.
-Pues a ver… como muy poco, cien megas simétricos.
-Pues contrátalos, hay que tener un poco de iniciativa, Wardog.
-A ver, Dory, que no nos los pone nadie. Bueno, sí. Si tenemos ganas de pagar, nos los ponen varias empresas. ¿Tenemos ganas de pagar?
-¡Tú siempre igual!- me grita $Hyperboss.- ¡Cada vez que se os pide algo, se os pone boca de fraile!
-Ya ve usted, manías de no querer poner dinero de mi bolsillo.
-Bueno, Wardog, pero las ADSLs son baratas. Pon las que necesites.
-Vale. ¿Pongo cien?
-¡Pero cómo vas a poner cien!
-Hombre, necesito cien megas como muy poco, y cada ADSL aquí tiene un mega de subida.
-¿Y cuánto tenemos ahora?
-Dos megas de subida en total.

Me balanceo sobre mis talones. MKII asiste en silencio. Fuckingcrack vuelve a la carga.

-A ver, Máquina, ¿tú tienes alguna solución de compromiso?
-No, nos falta ancho de banda.
-¿Y cómo no habíais previsto ésto?- pregunta Fuckingcrack.
-Lo habíamos previsto, Alberto. La semana pasada quedó patente que no tenemos suficiente conectividad.
-¡Pero sólo para subir los datos del servidor!
-Ya que tienes experiencia en esto, pensamos que habrías dado por hecho que tendríamos el mismo problema en producción.
-Decir eso es desentenderse de vuestras responsabilidades. No podéis conocer un obstáculo para el proyecto y no comunicarlo.
-Alberto, cuando comimos con $Hyperboss te dije claramente que me preocupaba mucho el asunto de la conectividad. Actualmente hacemos magia para dar servicio a la gente con dos líneas ADSL. Tú me dijiste que a cualquier problema le pondríamos una solución.

Mira a MKII, y parecía tonto. Ya no ama a Fuckingcrack. La corbata de Fuckingcrack se arruga un poquito y parece que echa mano al sobaco para sacar una navaja o algo. La corbata, a Alberto no se le mueve un pelo.

-¡Pero no si económicamente es inviable!
-Alberto-, le digo,- si hay condiciones ocultas en los recursos del proyecto, deberías compartirlas con nosotros, hombre.
-¡Vale ya!- revienta $Hyperboss. MKII y Fuckingcrack dan un respingo.- ¡A tomar por culo la nube, la niebla y la madre que lo parió! ¡Deshaced todo y bajáis la nube o lo que hostias tengáis que hacer, pero quiero a la gente trabajando ya! ¡Ya!

Sale braceando furiosamente en el aire, como si quisiera arrancarse a volar. Fuckingcrack se queda unos segundos mirándonos alternativamente con cara de mafioso jugando al póquer y se marcha detrás de $Hyperboss.

-Ha durado poco, la verdad- dice MKII.- La verdad es que si no fuese por el ancho de banda hubiese estado muy bien.
-No te lo niego, pero no puedes usar un Ferrari para arar un patatal.
-Ya…
-Pero que ya que el trabajo está hecho, lo montamos aquí y tan contentos.

En menos que canta un urogallo del Orinoco iniciamos la secuencia de arranque de los servidores locales y cambiamos rutas, nombres e IPs para que todo el mundo se pudiese poner a hacer lo que sea que hagan en horas de trabajo.

Cuando la última máquina se hubo conectado salimos a hacer la ronda por si hubiese alguna complicación. Yo hice mi ronda hasta una máquina de café, metí una moneda y me salió por un costado un especialista en inversiones de capital riesgo.

-Buenos días, Wardog.
-Hola, Cobolero. ¿Quieres?- le digo señalando la máquina.
-No, ya he tomado. Oye, esto de la nube es la hostia. Casi ni se nota que los servidores no están en la empresa. ¡Si va hasta más rápido!

Aquí el colega no se entera. Él con seguirle la corriente al consultor y alabar lo que haga ya va sobrado. Que no sea yo quien le quite la ilusión al muchacho.

-Va de la hostia. Casi casi como si fuese un servicio local- le contesto.
-Sí, sí. Y fíjate, qué visión ha tenido el tío para ahorrar un montón de dinero en costes de infraestructura.
-Claro. Para tener esas visiones hay que valer. Mira Santa Teresa. Pues Fuckingcrack es otro portento.
-Y montarlo ha sido súper fácil.
-En efecto. Esto, un pastor que sepa, lo hace igual o más rápido que nosotros.

Me mira un poco de aquella manera. Cuando Cobolero no sabe si lo que le he dicho es bueno, malo o regular parece que se ha metido una almendra amarga en la boca y un cactus en la entrepierna.

-Bueno, te dejo, que tengo mucha faena. Si ves a Alberto le dices que lo de la nube va de lujo.
-No, si ya lo sabe. Ve con $deity, hijo mío.

Y tan contento que se va el muchacho con su nube y su consultor infalible. A ver quién soy yo para chafar ilusiones a nadie.

Como la gente no tenía más problemas que los típicos cuando los tienes de asueto más de dos días que no sean fin de semana (olvidos de contraseña, de nombre de usuario, de qué es lo que hacen en la empresa, etc.), me fui a buscar a los otros dos informáticos, más por dar un paseo que por espíritu gregario.

Y menos mal. En mi periplo pasé por delante de la sala de juntas y oí las voces de $Hyperboss, MKII y Fuckingcrack. Conforme me iba acercando, la conversación se escuchaba más nítida.

-$Hyperboss, ese desarrollo no tiene sentido porque…- replica MKII.
-Vamos, a ver, Máquina, no se trata de lo que tú opines, sino de lo que yo quiero- responde $Hyperboss como intentando contener una tempestad interna que pugna por salir.- ¿Lo entiendes?
-Pero…
-MKII, lo que yo creo que pasa- interviene Alberto Fuckingcrack conciliador, – es que no entiendes las implicaciones en el negocio de lo que te estamos pidiendo y te estás quedando en la parte técnica…

Por fin llego a la puerta, que estaba abierta y me planto en medio. Los tres se giran a mirarme al unísono. Qué majos, parecen lechuzas.

-Buenas. ¿Algún problema con la red por aquí?
-No, ninguno, Wardog-, contesta seco $Hyperboss. A ver qué hace éste metiéndose en conversaciones ajenas, parece pensar.
-Ahm. Vale. Paz.

Me di la vuelta y me alejé pasillo adelante con las manos en los bolsillos. No me alejé diez pasos cuando $Hyperboss me reclamó de nuevo. Si le llego a partir le conozco menos.

-¡Wardog! Ven un momento, haz el favor.
-Voy.

Con las manos en los bolsillos me vuelvo y me quedo en la entrada de nuevo. MKII me mira con su expresión de nada y Fuckingcrack con la suya de consultor hastiado.

-Mira, Fuckingcrack va a hacer unas optimizaciones en el área de aprovisionamientos con business intelligence y todo eso y Máquina dice que eso ya está hecho.
-¡Pero es que ya está hecho!- se queja MKII. Fuckingcrack mira al techo con su carita de consultor de vuelta de todo, que quita cuando $Hyperboss le mira directamente. Qué arte en el manejo de los tiempos. Qué soltura en la gesticulación acusadora. Qué hostia le calzaba para que peinar los dientes con brillantina.
-Vamos a ver, MKII, que una cosa es lo que tú digas que tienes hecho y otra muy distinta es lo que Fuckingcrack tiene previsto. Que tú serás muy buen técnico, pero no eres ni economista, ni un especialista en gestión.

MKII se queda demudado. La sangre le huye del rostro y se queda pretrificado. Pobre. Le han dado en la línea de flotación. Con lo que le duele ahi.

-Pero….- acierta a decir.
-MKII, no insistas, hombre-, le digo mientras me acerco a la mesa, le guiño un ojo y le meto una patada en la espinilla. Inmediatamente le vuelve el color a la cara al comprender en el lenguaje secreto de los BOFHs que estoy con él.
-Por fin un poco de cordura, y de quien menos me lo esperaba.. No se puede ser tan testarudo, MKII- apostilla Fuckingcrack.
-Es que creo que quiero llegar hasta el cielo, Alberto- le digo, y me siento de una forma tan casual, estudiada y geométrica que casi parezco un consultor nivel Over 9000.

Fuckingcrack se relaja y se ríe mientras me dirige una mirada cómplice. Quiero creer que no es tan idiota, pero su actitud más relajada me lo pone muy difícil.

-Entonces, de qué va el tema, Alberto?- pregunto, colocando mi cuerpo en un ángulo tal que la línea perpendicular trazada entre $Hyperboss y Fuckingcrack es también perpendicular a mi esternón. Estoy receptivo como una perra en celo.
-Necesitamos encargar un desarrollo que ayude en la predicción de las necesidades a futuro de aprovisionamientos y fechas de entrega que se ajuste a .as necesidades de la empresa.
-Predicciones a pasado no necsitarás, ¿verdad?- digo serio como un funeral, mirándole a los ojos y entrelazando los dedos.
-No. En principio no, Wardog.

Asiento muy serio, con la barbilla apoyada sobre la palma de la mano y la mirada perdida en el horizonte, como vislumbrando Matrix. Hacer esto siempre incomoda a la gente y te da tiempo para pensar. Además, resulta que revela a los interlocutores inseguros que acaban dando mas información de la que tenían planeada entregar al principio. Yo lo hice básicamente porque si me llego a descojonar tal como me apetecía en ese momento, no me hubiese divertido tanto después. La pose lo es todo, ya puedes decir gilipolleces como templos.

Cuando por fin veo que Fuckingcrack desvía su mirada de mi para posarla en $Hyperboss con un interrogante pegado, decido salir de mi sopor.
-Muy bien- suelto por fin. -¿Qué necesitas?

Cuando tengáis a un consultor cerca, uno de éstos, de los de carcasa perfecta, haced esa pregunta si tenéis cojones.

Como activado por un resorte,se puso a contar batallitas de otras empresas en las que,él, en su clarividencia, había trazado unos planes tan astutos que incluso consiguió por unos momentos la paz mundial, pero claro, los comunistas lo tienen que joder todo. Pero los consultores nivel mover 9000 no hacen las cosas a tontas y a locas. Todas esas historias, que incluso se extendieron durante la comida que se pagó $Hyperboss en un buen restaurante, enmarcaban coherentemente un vacío perfectamente simétrico por todas partes, incluso por dentro y por fuera. Nada. No llegó a pedir nada realmente.

Puesto que tengo una facilidad pasmosa para sustituir la voz de un consultor por ruido blanco, con un filtro paso bajo para palabras clave que me despierte si acaso se dice algo con chicha, pasé una mañana y una tarde fabulosas. El cerebro necesita descansar de vez en cuando también.

Esa misma tarde, Fuckingcrack se retiró pronto a sus aposentos porque se encontraba cansado. Apuesto a que la botella y media de vino que se cascó para aclarar la garganta le dejó levemente indispuesto, pero no se le notó nada. Tiene el hígado de oro con remaches de platino y el alcohol se le trasforma en eau du pomme de terre y que, convenientemente, administra en sus pantalones cuando se ausenta al excusado.

Puesto que me he subido al barco de los meados, pues yo me tomé la tarde libre también, cosa que a $Hyperboss le pareció correcta porque soy un trabajador de alto nivel, tal como dejó patente Fuckingcrack. Ahora somos amigos. No como el estirado de MKII, que por todo se queja.

Al día siguiente, ni una mala sombra de resaca asomaba al perfecto afeitado de Alberto Fuckingcrack. Llegó a la oficina desbordado como siempre senos y cosenos con la chaqueta, la sonrisa en la cara y unas ganas locas de reunirse con los actores de su nuevo parto: el panel de control de procurement. Fuckingcrack lo ha bautizado como EPCM: Electronic Procurement Control Panel. Lo de «Electronic» me moló demasiado, pero yo hubiese, quizá, optado por un enfoque modular creando un LPCM (LEGO Procuremente Control Panel), o tal vez una vertiente ecológicamente sostenible con un WPCM (Wooden Procuremente Control Panel) procedente de bosques sostenibles. Pero me tuve que recordar a mi mismo que no soy más que un simple informático impostando a un consultor.

Alberto Fuckingcrack me convocó a la reunión a primera hora de la mañana mediante una llamada telefónica. MKII se levantó con mucha ceremonia cuando me marchaba, se cuadró junto a su mesa y me hizo un saludo militar con el canto de la mano en la frente mientras se descojonaba abiertamente. Yo, muchísimo más profesional, y con amplia sonrisa, le agradecí el gesto en el lenguaje secreto de los BOFHs: con una buena patada en la espinilla.

Por el camino decidí que sería buena idea tomar un café antes de la reunión, y me acerqué a la máquina. Mientras sacaba un brebaje, de la nada, apareció un contable.

-¿Quieres, Cobolero?
-No, gracias, ya he tomado.
-Ahm.
-¿Qué tal?
-De lujo. Lo que pasa es que soy muy formal para expresar en estos momentos mi estado de exultante felicidad.
-Ahm… te vas a reunir ahora con Fuckingcrack, ¿no?

Me lo quedo mirando unos segundos mientras le doy un trago al café. Ojos melancólicos, expresión de abandono, leves signos de síndrome de abstinencia… Echa de menos a su corbata amada.

-Seeeeeeh…
-Ah, muy bien, muy bien… dile de mi parte que lo de la nube va de maravilla. Hacía años que la informática no iba tan bien.

Y hete aquí un ejemplo de por qué en este país las cosas van como va. El tío es un hacha, un lince, una lumbrera. Un experto en capital riesgo.

-¿Te quieres venir?
-¿A la reunión?- dice, con los ojos brillantes por la emoción.
-Claro. Vente, va a ser divertido.
-¡Vale! ¡Déjame que coja algo para escribir!
-Ve, yo me tomo el café.

Se va el colega corriendo a su despacho como una Heidi cualquiera y vuelve con la americana puesta y un maletín nuevecito, de tapas duras revestidas de piel negra. Cómo sería mi expresión de incredulidad que el tío levantó la barbilla y se ajustó el nudo de la corbata henchido de orgullo. Antes era un gilipollas. Ahora es un gilipollas con todos los extras.

Sin mediar palabra enfilé hacia la sala de juntas con Cobolero pisándome los talones. Al pasar por una cristalera, vi nuestro reflejo: un tío con una camisa de cuadros abierta, camiseta roja con un demonio negro, vaqueros y botas seguido de cerca por un idiota relamido y escurridizo, con una americana demasiado grande, un maletín nuevo y expresión de orgasmo perpetuo. Un delincuente con el abogado más incompetente del mundo en su primer día de trabajo camino del juzgado.

Ese pensamiento me trajo una sonrisa y con ella entré al tribunal. Allí me esperaban Fuckingcrack, $Hyperboss y Pat O’Bale. Pat es un tío increíble. Senegalés emigrado, entró a trabajar en la empresa procedente de varios trabajos de mierda anteriores. Suprakillminds regularizó su situación en el país y le contrató para trabajar en el almacén. Era el tío más feliz del mundo. Y licenciado en económicas en su país.

Pasito a pasito fue ascendiendo por méritos propios y ahora va a trabajar con ropa de «señorito» como director de compras y almacén. Procurement, vaya. A todo el mundo sonríe, todo el mundo le conoce y le saluda. Nunca se queja ni da problemas. Cuando ha necesitado algo de mi, siempre ha sido un tipo educado, paciente hasta el extremo y ha puesto una atención nunca vista a un local a las explicaciones que se le han dado. Pedidme un perfil de tío eficiente y os diré que os vayáis a Senegal a por unos cuantos.

Entré al despacho y tomé asiento. Cobolero se quedó en la puerta, esperando.

-¿Quieres algo, Cobolero?- preguntó $Hyperboss intrigado.
-No, yo… Wardog me dijo que viniera…
-¡Oh! He pensado que nos vendría bien un contrapunto ajeno al asunto de un experto en capital riesgo- respondo muy serio reclinándome en la silla con una precisión propia de un cirujano. Fuckingcrack parece meditarlo un momento.
-Buena idea, Wardog. Nos ayudará a clarificar todas las cuestiones para que puedan ser entendidas por todos.
-Y tiene un maletín nuevo- apostillo.

Cobolero, que en ese momento se sentaba, no sabía si poner el maletín en el suelo o en la mesa. Se puso colorado y optó por ponérselo en las rodillas. Sacó un bloc y una pluma.

-¡Moleskine nueva! ¡Y pluma nueva! – exclamo. Cobolero se puso aún más colorado. Hay gente que se quita el mono de trabajo sólo cuando le dicen que en la oficina es más apropiado ponerse una camisa y gente que se equipa y se viste para el puesto que no tiene y que nunca tendrá. Cobolero es el niño pijo que baja al descampado a jugar al fútbol con sus amigos con la equipación completa de marca, espinilleras y botas de tacos relucientes incluidas, no tiene ni puta idea de jugar, ni ganas de aprender y se cabrea si se le mancha la ropa. Pat se remanga la camisa y ayuda a descargar un camión si hace falta. Hay un mundo entre esos dos.

Alberto Fuckingcrack se levanta y se dirige a una pizarra blanca para comenzar su disertación.

-El área donde más podemos mejorar con una inversión relativamente pequeña es el procurement. La cadena de aprovisionamiento es, si me lo permiten, un caos-. Miro a Pat. Otro en su lugar estaría saltando para justificar que su trabajo está bien hecho. Él no. Permanece apacible en su silla. Cobolero, por contra, asiente con expresión muy seria. – Tenemos que conseguir un sistema que nos permita anticiparnos a las necesidades de la empresa, que nos permita analizar qué necesitamos, compararlo con lo que tenemos, ver fechas de entrega comprometidas con los clientes y plazos de suministro de proveedores, tiempos de fabricación, etc. Sé que parece complicado, pero podemos hacerlo.

Miro de nuevo a la concurrencia y veo que Cobolero está a punto de ponerse a aplaudir, mirando ansioso a todas partes para ver si alguien se arranca. Como ve que no, se aplasta contra la silla con gesto de leve fastidio.

Al no recibir feedback, ni bueno ni malo, Fuckingcrack sigue con su perorata.

-El sistema tradicional de aprovisionamiento espera a las necesidades del cliente para abastecerse, mientras que yo propongo un abastecimiento con stock cero basado en estrategias ágiles de aprovisionamiento y business intelligence que…

Enchufé el ruido blanco cuando dijo business inteligence. Tres cuartos de hora después lo desenchufé cuando terminó con su, viendo a Cobolero, magnífica interpretación de las carencias de la empresa y su propuesta de soluciones mágicas. Pat, sin embargo, no parecía demasiado impresionado.

-Y bien, Wardog, ¿cómo lo ves?
-De lujo. Yo estoy aquí para dar soporte al rumbo que tome la empresa. Estoy deseando embarcarme en esta nueva singladura.
-¡Estupendo! ¿Y tú, Pat?- pregunta Fuckingcrack.

Pat parece meditar un momento. Creo que también tiene un generador de ruido blanco, el cacho cabrón.

-Lo haré lo mejor que pueda-, dice con una sonrisa. Ágil, complaciente y no comprometedor. Un genio.

Nos dio la mano a todos, incluído Cobolero y dio la reunión por terminada. Pat y Cobolero salieron y a mi me retuvieron.

-Wardog, ¿puede el sistema hacer todo lo que le vamos a pedir?- me pregunta Fuckingcrack.
-Depende de qué es lo que se le pida al final, tenemos que concretar un poco las necesidades.
-Creo que está bastante claro. Sólo tienes que implementar lo que hemos hablado-. Típico de consultor over 9000: suelto una charla y tómatelo como hoja de requisitios y análisis funcional.
-Me temo que necesitaremos concretar más, Alberto. Ya sabes cómo somos los informáticos, nos gustan las cosas concretas- sonrío como un gilipollas. Menudos maniáticos los informáticos. Todos imbéciles.
-Bien, bien, de acuerdo-, cede Fuckingcrack. $Hyperboss permanece callado con los brazos cruzados. Me mira fijamente. Hay algo que no le cuadra.- Concretemos entonces.
-Concretemos.
-Necesitamos un dashboard. ¿Podemos tener un dashboard?
-Tenemos un dashboard.
-¿Pero cumple con las necesidades que te planteo?
-No exactamente.
-¿Y cuánto nos costaría que hiciese lo que necesitamos?
-No sé cuantificarlo.
-Me refiero en costo en horas.
-Así a bote pronto y sin concretar, ni idea.
-Estamos concretando, Wardog. Necesitamos un cuadro de mandos que muestre la información como nosotros queramos.
-Pero aún no hemos definido las necesidades.
-Las estamos definiendo.
-Estamos pidiendo un plazo de implementación para un diseño abstracto.

Fuckingcrack resopla. Yo sonrío relajado y bajo la mirada. No estoy contra ti, es sólo que mi inteligencia está muchos niveles por debajo de la tuya, oh ser superior.

-Bueno, pues sentáos los dos y lo concretáis- concluye $Hyperboss levantándose.- A mi me gusta la idea del panel de mandos ese.
-O.K., $Hyperboss, pues nos ponemos ahora mismo a ello.

$Hyperboss se marcha. Fuckingcrack sonríe cuando sale, se quita la chaqueta, se remanga la camisa y se sienta a mi lado. Como me toque le meto una hostia que va a poder masticar su propia mierda. Pero no. Saca papel y un bolígrafo.

Se pone a concretar. Eso, en un consultor Over 9000 significa que sobre un folio empieza a dibujar sin ton ni son, entidades de un diagrama de flujo que se interconectan por los cuatro costados, con muchas flechas por todas partes y repasando el borde de las más importantes muchas veces para que se note que son más importantes que las demás.

Pese a todo, entiendo lo que quiere. Y su diseño es una mierda. Pero aquí hemos venido a concretar.

-A ver si te he entendido bien. Aquí necesitas un panel de control en el que de un vistazo se vea todo lo que se necesita comprar en plazos determinados por tipo de cliente, productos que compra ese cliente y plazos de entrega de materia prima más producción más un plazo arbirtrario de de seguridad dependiendo de los retrasos medios de aprovisionamiento.
-Exacto.
-Pues no se puede.
-¿Cómo que no se puede?
-No se puede, Alberto, no cabe de un vistazo. Ten en cuenta que tenemos más de setecientasmil referencias activas. Sería una locura.
-Pues hay que reducir el número de referencias.
-Pero se lo dices tú a $Hyperboss.
-¡No, no! Aunque es una burrada vender setecientasmil referencias, me refería a que hay que mostrar menos.
-¿Entonces cuáles no mostramos?
-Las menos importantes.
-¿Y cuáles son las menos importantes?

Medita unos instantes.

-Las que menos se venden.
-Entonces las que menos se vendan, las ocultamos. ¿Pero y si de repente hay un pedido grande y no tenemos stock?
-Eso hay que predecirlo.
-¿Y cómo se predice?
-Cuando se produzca un movimiento estadístico no habitual en las necesidades, hay que subirlo a importante.
-Ah. ¿Y eso cómo se hace?
-Pues muy sencillo. Si de un artículo se vende, pongamos por ejemplo, mil euros anuales y de repente entra un pedido de cincomil, pues hay que promocionarlo a importante.
-Ah. Entonces, subiremos a importante los productos que se vendan de golpe cinco veces más que la media anual.
-No tiene por qué ser cinco veces. Deberá ser un parámetro definido por artículo.
-Pues al que le toque definirlo lo va a flipar.
-No, hombre, eso lo hace el sistema.
-¿Y cómo lo hace?

Ansioso me hallo. No soy yo un experto en procurement, pero me da la impresión de que aquí mi primo se está metiendo en un jardín imoprtante.

-Es una fórmula estadística. ¿No la conoces?
-No. ¿Cómo va?- siempre me gusta aprender cosas nuevas, pero me da la impresión de que no me la va a enseñar.
-Luego lo miramos, eso ahora no es importante.
-OK. ¿Entonces cómo mostramos las necesidades en el cuadro de mandos?
-Mira, vamos a repasar otra vez el diagrama, Wardog.

Con una paciencia paternal, me repasa una vez más las entidades de su diagrama y pone más flechas, que siempre queda más claro. Tenemos un stock que siempre debe ser el menor posible. Para ello, necesitamos calcular muy bien los tiempos para que cuando un cliente nos haga un pedido le podamos dar una fecha de entrega realista y muy rápida. Entonces, cuando entre un pedido, dependiendo de la importancia del cliente, su media de consumo anualy ochenta parámetros más, por referencia, cuando el comercial graba el pedido, obtiene una fecha de entrega del artículo. Dicha fecha de entrega va a misa y es sagrada. Entonces, hay que calcular muy bien esa fecha. Para ello, debemos tener en cuenta los plazos medios de entrega del proveedor, lo que tardamos en manipular la entrada de la mercancía y lo que tardamos en manufacturarla dependiendo de la carga de trabajo de la factoría y de si la factoría que manipula dichas materias primas es local o remota. Con esa información, a Pat hay que prepararle un cuadro de mandos en el que de un vistazo vea qué hay que comprar, qué hay que fabricar, qué tenemos y a qué hay que darle prioridad, y que con un botón pueda gestionar la compra.

Es fácil de entender. Pero juguemos, ya que soy informático y a los informáticos nos gusta concretar.

-Vale, Alberto. ¿Pero qué pasa cuando un cliente pide una referencia que no hemos vendido antes?
-¿A qué te refieres?
-Un artículo nuevo.
-Pues se le da una fecha aproximada.
-¿Quién se la da?
-El sistema.
-¿En base a qué?
-A referencias parecidas.
-Hombre, en una misma familia de artículos siempre ha diferencias notables de plazos.
-Se hace una media ponderada y ya está.
-¿Sí?
-Claro.
-Pues entonces muchas referencias nuevas saldrán con servicio al día siguiente porque las más baratas se producen muy rápido, siempre hay stock y se vende a porrillo. Se falseará el dato.
-Bueno, pues entonces que decida el operario.
-¿Qué operario?
-El comercial.
-¡Uf! ¿Y en qué se va a basar?
-Que pregunte a Pat.
-Vale.
-¿Alguna duda más?
-Por ahora no, pero tengo que probar a generar estos datos porque me temo que las consultas van a ralentizar la entrada de pedido.
-No, hombre, genera un batch por la noche que prepare los datos del día siguiente.
-Se crean referencias todos los días y se cancelan referencias todos los días. Además, hay turno de noche. Nos encontraríamos con datos cojos.
-Si no hay datos en los datos generados por el batch, se generan en el momento, ¿no?
-Seguimos ralentizando, pero podría ser, claro.- Sonríe satisfecho de sí mismo.
-Muy bien, Wardog, pues dame un plazo para montar el dashboard y modificar el programa de pedidos para que indique los plazos por línea de pedido.

Miro al techo. Me pongo las manos en la nuca. La verdad es que es un análisis cojonudo. Lo tiene todo cubierto, así sobre el papel. Qué puta máquina.

-Pues ni puñetera idea. Hasta que no vea las implicaciones de tocar todo esto, no te sabré dar un plazo.
-Hombre, un plazo aproximado.
-Vale, pues aproximadamente cinco mil horas.
-¡Sí hombre!- se ríe. Me río. Nos reímos. Qué bien nos lo pasamos. Consultor e informático en comunión.- No, en serio, Wardog, dame un plazo.
-Va. Cincuenta horas.
-Eso ya me gusta más. Una semana es más que suficiente para desarrolar esto. Wardog, toma, quédatelo.

Me da la hoja con el análisis y se pone en pie. Debe estar agotado. Le he tenido más de dos horas concretando. Menos mal que se remangó antes de empezar.

Salimos juntos de la sala de reuniones y me da la mano cuando nos separamos en el pasillo y una palmada en la espalda. Jo, cómo me mola pertenecer a la élite.

Tomo el camino a mi despacho y me encuentro a un MKII taciturno en su mesa.

-¿Qué, cómo ha ido?
-Mira- le tiro la hoja por encima del monitor.
-¿Qué es esto?
-Un análisis funcional y hoja de requisitos de Alberto Fuckingcrack.
-¿Pero esto de lo que habéis estado hablando?
-Sí.
-¿Esto es el análisis de la cadena de aprovisionamiento que ha diseñado Fuckingcrack?
-Claro. Te lo puedes quedar si quieres, que tú coleccionas cosas de consultores. Yo lo tengo interiorizado ya.
-Pero…
-No me des las gracias, hombre.

Me senté en mi silla y puse las botas encima de la mesa. En el lenguaje secreto BOFH eso significa que ya está bien de hablar del temita. Como últimamente ha aprendido mucho lenguaje secreto BOFH, MKII guarda la hoja en un cajón y vuelve a sus quehaceres. Yo me pongo el teclado en la tripa y empiezo a programar… otras cosas muchísimo más interesantes.

Pasó una semana y vino Alberto Fuckingcrack a buscar resultados.

-¡Hola Wardog! Hola, Máquina II.
-Hola, Alberto.
-¿Qué tal llevas la implementación de lo que hablamos?
-¡Uf! ¡He estado liadísimo! No he podido hacer práctiamente nada.
-Vaya… qué inconveniente.
-Ya me imagino.
-Es que esto es prioritario.
-Lo entiendo, Alberto, pero con la subida a la nube de los sistemas, la posterior bajada, han surgido algunos flecos que hemos tenido que ir resolviendo, el soporte a los usuarios es una paliza constante…

MKII levanta el pescuezo con la intención de interrumpir. No aprende este chico. Arrastro un pie por el suelo y enseguida vuelve a sus quehaceres con una sonrisa. Hay que ver lo que ha mejorado el chaval en lenguaje secreto BOFH.

-Bueno, Wardog, ¿Cuándo crees que podrás tenerlo?
-Yo creo que en una semanaita lo tenemos.
-¡Muy bien!
-Me voy a poner de lleno con ello.
-¡Perfecto! ¡Así me gusta! ¡Ánimo!
-¡Gracias!

Y allá que se marcha, ondeando su chaqueta pasillo adelante. Otra semana pasó y vino a buscar sus resultados. $Hyperboss empezó a preguntarme también por qué no hacía lo que me pedía y yo le decía que el trabajo de sistemas estaba por delante del desarrollo y que tenía que elegir, o mantener los sistemas funcionando o desarrollar cosas nuevas que podrían provocar fallos si no se hacen y se prueban como es debido.

-Pero Wardog, es que cada vez que te retrasas a mi me cuesta dinero porque Alberto dice que este desarrollo es la piedra angular de su trabajo ahora mismo.
-Ya será menos, $Hyperboss, pero bueno, siendo así, haré lo que pueda.
-¿Y MKII? ¿No lo puede hacer él?
-Es que esta con la integración de dos sedes ahora mismo.
-Ah, es verdad, no me acordaba. Bueno, pues podemos contratar a alguien que lo haga.
-El problema es que nuestro software viene de un ERP del que compramos el código y está tan modificado que no lo reconocería ni su padre. Si traemos a alguien de nuevas, habrá que enseñarlo los entresijos y tendrá que aprender la lógica del negocio, la del software, los trucos, los añadidos, el protocolo de modificaciones…
-Pero tú aprendiste enseguida.
-Sí, un año pasa volando, la verdad.
-¿Un año tardaste en aprender?
-Un año hasta que MKII me dejó tocar sin miedo a que la liara.
-Está bien… pero date prisa en solucionar lo de Fuckingcrack.
-Vale.

Está levemente cabreadete. Bueno, qué se le va a hacer. Dejé pasar dos semanas más. En esas dos semanas, nadie vino a reclamarme el trabajo. Eso sólo podía significar una cosa: me convocaron a una reunión el lunes de la tercera semana.

-Vamos a ver, Wardog, Alberto no puede seguir trabajando si no terminas el programa.
-Lo siento, pero es que no me da tiempo el todo el día de dedicarle tiempo con el trabajo diario.- Pongo cara de compungido.
-¡Pero si el desarrollo es muy sencillo!- se queja Alberto muy enfadado.
-Ya, pero me he ido encontrando unas complejidades por el camino que me han retrasado aún más y me han llevado a un círculo vicioso en el que una complejidad me lleva a otra y luego los problemas diarios me interrumpen y…
-Mira, Wardog, ¿sabes lo que te digo?- me dice Fuckingcrack. $Hyperboss se ponen en tensión. En su sapiencia, Fuckingcrack ha creado una tensión perfecta. No sabemos si se va a cagar en mi estirpe o en alguna deidad.- Dame acceso a la base de datos y yo lo hago.
-¿Tú sabes programar?- exclamo asombrado.
-No hace falta programar. Ésto lo hago yo en Excel en una mañana.

¡Pies quietos! ¡Excel! ¡El arma secreta! ¡Un consultor usando Excel! ¡Apartáos!

$Hyperboss asiente aprobando la actitud resolutiva de Fuckingcrack.

-Wardog, dale lo que te pida y no hagas otra cosa.
-Vale, $Hyperboss. Sin problema.

$Hyperboss sale por la puerta. Fuckingcrack saca su portátil y lo enciende.

-Si te digo la verdad, Alberto, yo es que soy más de sistemas.
-Ya, me he dado cuenta. Pero bueno, no te preocupes. Yo lo hago en Excel y luego tú lo traduces al lenguaje de programación que toque.
-Vale.

El ordenador arranca y pone su contraseña. Me lo pasa para que le conecte la base de datos. Instalo Latch desde un directorio de la red y con disimulo lo engancho a mi teléfono.

-¿Qué es eso, Wardog?
-El driver ODBC para la base de datos.- miento con total tranquilidad.
-Ah, vale, vale.
-Oye, Alberto, veo que tienes aquí mucha información confidencial.
-Sí, este ordenador es mi vida.
-¿Te has parado a pensar qué pasaría si alguna vez te lo robaran o se te perdiera?
-No me lo quiero ni imaginar.
-¿No tienes copia de seguridad?
-No, porque no me da tiempo.
-Pues si mira, si quieres, te puedo dar espacio en el servidor que tenemos en $NubecitasDeMiColegaEntrerprises, que hemos montado una nube privada y se te hace la copia de los documentos importantes online sin que tengas que tocar nada.
-¿Sí?
-La nube es el futuro, Alberto.
-Vale, pues configúramelo. ¡OK!
-Oye, además, si quieres, te puedo cifrar el disco para que, aunque te robasen el portátil nadie pudiese hacer uso de los datos.
-¿Eso se puede?
-Sí, aquí lo hacemos con todos los portátiles.
-¡Genial! ¿Tardas mucho en eso?
-Tarda más el ordenador que yo.
-Vale, pues házmelo, por favor.
-Ahora mismo.

Comienzo a cifrarle el disco y cuando tengo el certificado generado, le explico:

-Mira, Alberto, este fichero es la clave para descifrar el disco en caso de que fuese necesario. Es muy importante. Te lo voy a guardar en la nube. Tu usuario y contraseña para la nube son estos. No los pierdas.
-De acuerdo, Wardog. Sí que se nota que eres más de sistemas que programador.
-Ya…- bajo la cabeza avergonzado. Esperamos charlando de lo bueno que es ser consultor comparado con ser informático café en mano a que el ordenador termine de cifrar el disco y cuando lo hace, le creo una conexión ODBC a la base de datos de gestión y se lo dejo enganchadito a Excel.- ¿Vas a necesitar la hoja de análisis?- pregunto con toda la seriedad que puedo.
-No, gracias, Wardog, lo tengo todo aquí- se golpea con el índice en la frente.
-Muy bien, pues yo me voy retirando.
-OK, Wardog, luego te aviso cuando termine.
-Vale.

Me retiré a mis aposentos y cuando llegué ya estaba el teléfono sonando. Era Fuckingcrack, por supuesto.

-¿Ya? ¡Como seas igual de rápido para todo tu mujer te odiará!
-No, Wardog, es que no veo cómo abrir el diseñador de consultas.
-¿Qué diseñador de consultas?
-El de Excel.
-Ah, pues no sé. Si quieres te lo puedo enganchar en Access y desde ahí a Excel y ya está.
-Vale.

Vuelvo a su lado. Hago la ñapa, le enseño cómo vincular tablas y se queda tan cuqui. Me reitera que soy más de sistemas que programador y le reitero que tiene más razón que un santo.

Le dejo con su Access, su Excel y su Office al completo enganchado a la base de datos, examinando cuidadosamente el catálogo de tablas.

Me vuelvo a mi despacho y vuelve a sonar el teléfono. Él.

-¿Me echabas de menos?
-No, es que resulta que esto va muy lento.
-Voy.

Vuelvo para el despacho donde se encuentra Fuckingcrack y me lo encuentro haciendo un producto cartesiano entre la tabla de líneas de facturación y la de artículos. Con dos cojones y un palito. Le explico que eso es caca, que eso no se hace.

-Es que tengo el SQL un poco oxidado…- me dice. ¿Oxidado? ¿El SQL? ¿Qué SQL si esto es unir cosas con flechitas y lo haces a cabezazos?
-¿Quieres que te ayude con las consultas?
-Me harías un favor.
-Nada, hombre. Dime qué datos necesitas.

Voy a buscar un portátil y él se pone a hacer lo que sabe: pedir cosas. Yo le voy dando los datos generados y él se los va colocando con mucho método en hojas de cálculo. Cuando por fin termina de parir, me libera de mis compromisos y salgo una vez más de allí, no sin antes afirmar, que sigo siendo mucho más de sistemas que de gestión. Le tuve que dar la razón, claro. Con ese pelazo qué le podrá negar nadie. Y con la camisa remangada simétrica y perfectamente, menos aún.

Se conoce que alguna cosilla se le atravesó esa mañana para poder terminar la hoja de cálculo. Al día siguiente no fue a la oficina porque se quedó en casa terminando la hoja de cálculo. $Hyperboss me preguntó si le había dado los datos que me había pedido Fuckingcrack.

-Claro, $Hyperboss, me senté con él y le fui dando lo que me iba pidiendo.
-Qué raro…
-Es que a lo mejor él es más de sistemas…

$Hyperboss no pilló el chiste ni se le quitó la cara de ajo hasta que no vino Fuckingcrack cinco días después, con un flamante fichero de Excel en el portátil. Convocó una reunión con proyector. $Hyperboss, MKII, Pat O’Bale y yo.

-Buenos días, os he convocado para mostraros lo sencillo que va a ser a partir de ahora gestionar la cadena de aprovisionamiento y cómo hemos simplificado las gestiones necesarias para el funcionamiento de la empresa.

$Hyperboss está ansioso y se le nota, tiene una pierna que no le para, arriba y abajo. Pat presta mucha atención.

-He diseñado este sistema a modo de maqueta en Excel para que luego vosotros, MKII y Wardog, lo implementéis en el ERP. Mirad, cuando lo abro, lo primero que tenemos aquí son los pedidos de venta. He calculado una fecha de entrega para cada línea basándome en el histórico de pedidos y albaranes de compra. ¿Lo véis?

Y lo vemos, por supuesto. Una lista interminable. Así a ojo, varias decenas de miles de filas. Eso se ve de un vistazo, por supuesto.

-¿Alguna duda?
-Alberto, ahí veo muchas filas.
-Es que hay muchas filas, Wardog.
-Ah. No, es porque en los requisitos dijimos que se tendrían que ver los datos de un vistazo.
-Es un decir, me refería que los datos deberían ser claros.

¿Ves? Nunca se termina de conocer a alguien. Cuando crees que conoces a un consultor, va y te demuestra de un plumazo que no sólo tiene los cojones de oro, sino que también tiene la cara de hierro y el morro de kilómetro y pico.

-Ah. Y yo preocupado. Vale, vale.
-Sigo-. Por supuesto, como si alguien te lo fuese a impedir.- Aquí tenemos las necesidades basadas en los pedidos de venta ordenadas por clientes prioritarios…
-Pero ahí tiene que haber un fallo, señor Fuckingcrack-, dice Pat.- El mismo cliente está repetido más arriba y más abajo.

En efecto, el mismo cliente aparece en varias filas porque el orden obedece exclusivamente al importe de la línea.

-Ya, Pat, has sido muy observador. Es que el orden correcto no se puede hacer con Excel y lo tendremos que implementar en la versión final.
-¿Vas a colaborar en el desarrollo, Alberto?- pregunto con una sonrisa.
-Claro, yo os supervisaré.
-Mejor. Ya sabes que yo soy más de sistemas- me mira y sonríe.
-Entonces, como vemos en este gráfico, que luego deberá formar parte del desarrollo final, tenemos la información globalizada de cuántos pedidos podemos servir completos por rangos de tiempo y, si miramos este otro gráfico…

$Hyperboss alucina con los gráficos de colorines y de ver cuánta información junta referente a un mismo asunto se puede generar y analizar.

Quince minutos después, Fuckingcrack ya nos había desgranado paso por paso su interpretación en Excel de la hoja de requisitos mágica. Por supuesto, su parto se parecía a su sueño como un huevo a una castaña.

$Hyperboss, emocionado, se levantó y le dio una palmada a Fuckingcrack en la espalda.

-¡Eres un crack, Alberto! ¿Qué os ha parecido? ¿Eh? ¿Cuánto tiempo te va a sobrar con esto, Pat?
-Pues… la verdad es que no lo sé…

Este hombre es un santo. Pero le faltan cojones. Es mi momento.

-Hombre, $Hyperboss, si me permite, eso le hará la vida más difícil. Pat, explícales cómo haces tu trabajo, para que puedan comparar.

El pobre se levanta y pide permiso para usar el ordenador de Fuckingcrack. El consultor y $Hyperboss se sientan uno al lado del otro y cuchichean entre ellos. Se ríen. Pat abre un navegador, escribe una dirección, pone su usuario y su contraseña y comienza a explicarles cómo hace su trabajo.

-Yo por la mañana abro este panel de mandos- Fuckingcrack da un respingo.- Aquí tengo un listado de los pedidos para los que no tengo ningún problema de servicio porque tengo stock suficiente y se ha asignado a esos cliente, que puedo ampliar si le doy aquí. En este apartado de aquí tengo los pedidos que no tienen suficiente stock. Entonces yo voy a ver las líneas y las que tienen problemas, pues las pincho y me salen las opciones que tengo de compra, por proveedor, último precio y plazos de entrega, y si no llego con ninguno de ellos, pues tengo aquí otros clientes que lo piden por si quiero cambiar la asignación. Si le doy aquí, puedo hacer directamente el pedido y me sale la cantidad mínima que debo pedir y también si hay más pedidos que necesiten este artículo…

Miro de refilón a $Hyperboss. Tiene la boca abierta. Fuckingcrack está blanco. Ésto es mejor que lo qúe él pedía y mucho mejor que lo que él ha parido. Pat sigue con su exposición, desgranando con soltura todos los aspectos que maneja en la compra.

-…y si hay un cambio de asignación le llega un email al comercial avisándole por si tenemos que negociar el cambio o no, pero normalmente me fijo en la cantidad que compra el cliente para saber si puedo o no desasignar mercancía. Y cuando hay producción, pues aquí me salen las unidades que están en producción en este momento, las que están en espera y las que están en stock, y la media de tiempos de entrada y salida de fábrica por artículo si hay que esperar a la producción, pero ese dato ya les aparece a los comerciales cuando entran un pedido…

$Hyperboss aprieta mucho los dientes. Fuckingcrack está demudado. Se afloja el nudo de la corbata. Esto no se lo esperaba el hombre. El plan estándar no ha funcionado. Has entrado en una empresa como las demás, en la que encajaba el plan estándar, pero resulta que lo más estándar de aquí son los lusers. Vagos, desconsiderados y quejicas.

-…y cuando ya he decidido qué voy a hacer, marco lo que voy a comprar, y me va montando los pedidos de compra que luego se le mandan al proveedor. Y luego tenemos aquí un sistema de entrada que, junto con un albarán que nos manda el proveedor vía internet, me sirve para organizar las descargas de material según la prisa que corra cada cosa…

Durante otros veinte minutos, Pat O’Bale fue dejando en calzoncillos a Fuckingcrack más y más. Entre éste, que es un fiera gestionando, y MKII, que es un fiera programando, consultor aficionado y ya casi BOFH, han parido una aplicación de puta madre.

-…y así es como hago mi trabajo, y yo estoy muy agusto y me funciona bien porque casi no hay retrasos de entrega.

Se hace un silencio espeso. $Hyperboss se levanta y se dirige a nosotros.

-Perfecto, Pat, perfecto. Ya podéis marcharos. Gracias, chicos.
-De nada- le digo.-Ha sido un absoluto placer.

Salimos y cerramos la puerta, cada mochuelo a su olivo.

MKII caminaba a mi lado sonriente.

-Parece que te relames- le digo.
-Si es que ya se lo había dicho, que eso estaba hecho.
-Ya. ¿Y te habían hecho caso?
-Qué va.
-¿Y para qué insistes?
-Pues porque es mi obligación.
-No, es tu ética. Tu obligación es hacer lo que te manden, que para eso es su empresa. A ver si diferenciamos.
-Pues tienes razón, Wardog.

$Hyperboss se tiró cuatro días sin aparecer por la oficina. Cuando por fin vino, se pasó por nuestro despacho.

-Alberto Fuckingcrack ya no va a trabajar aquí- nos dice. Así sí, sin buenos días ni nada, como un buen $Hyperboss.- Borrad sus cuentas o lo que tengáis que hacer.
-¿Y eso?
-Le he mandado a tomar por culo, no se enteraba de nada.
-Mmmmmyap- le digo.- No se enteraba de nada él, ¿verdad?
-Menos cachondeo, Wardog.
-No, si yo no me cachondeo. Si a mi los consultores en general no me gustan, pero no vea lo bien que los domo.
-Pues la próxima vez, a ver si me decís antes que ya lo tenéis controlado en vez de hacerme perder tiempo y dinero.
-Hecho: la próxima vez, escuche primero a los de casa. Que encima somos más baratos. ¿Le ha salido muy cara la Excel?
-Menos cachondeo, Wardog. Menos cachondeo.
-¿Y el resto de cosas que iba a mejorar? ¿Ya no las va a mejorar?
-¡Pero si no se ha enterado de que teníamos las comprars súper controladas! ¿Se va a enterar de algo? ¿Tú te fiarías de él?
-¿Yo? Jamás.
-Bueno, si alguna vez pasa algo parecido, me avisáis, no seáis cabrones.
-No- contesto.
-¿Cómo que no?- me espeta poniéndose en guardia.
-Aquí somos informáticos, $Hyperboss. No damos problemas. Los solucionamos. No nos traiga problemas innecesarios y no habrá que avisar de nada, ya somos mayorcitos.
-No me toques los cojones, Wardog, que bastante calentito estoy ya.

Sonrío y me callo. $Hyperboss se da la vuelta soltando un ¡bah! y se aleja murmurando. Mi oído de cierva me revela que va diciendo «no, si es que estos cabrones encima tienen razón, me cago en la hostia…».

MKII sale de detrás de su monitor con una sonrisa de lado a lado y me agarra del hombro. Qué bien se lo ha pasado el cabrón. Y eso que en el proceso ha perdido un amor. Yo le sacudo una patada en la espinilla.

Se pone a saltar a la pata coja y desconcertado me pregunta:

-¡Au! ¡Y eso qué coño significa ahora?
-Nada. Puro vicio.

Unos cuantos meses después me enteré de que $Fuckingcrack iba a dar una conferencia en la ciudad. Conseguí un par de pases y convencí a MKII de que fuésemos a verle, que iba a ser divertido.

Me costó convencerle, pero después de unas cuantas patadas, se animó. La conferencia versaba sobre la gestión de los activos de no sé qué pollas, da igual. El tema me la traía floja. Lo que me gustaba era el ambiente de corbatas, manos en barbillas, y cargos en inglés. Llegamos pronto y tomamos asiento. MKII se revolvía nervioso a mi lado.

-¿Y para qué dices que hemos venido?
-Porque nos gusta la consultoría, ¿no?
-No, venga, ¿para qué hemos venido?
-Para tocar los huevos. Mira, ¿ves el portátil que hay en el atril?
-Sí.
-Mira mi teléfono.

Abro Latch y cierro el inicio de sesión del portátil de Fuckingcrack.

-¡No jodas!
-Si tienes la oportunidad, aprovéchala, MKII.
-La madre que te parió.
-Una santa.

Le dio la risa floja. LLegó la hora y la sala estaba a reventar de corbatas. Después de las fanfarrias y de los aplausos, Alberto Fuckingcrack empezó a pasear de lado a lado del escenario presentando su conferencia. Se acercó al atril y alzó la tapa del portátil. En la pantalla de protección aparecía la ventana de inicio de sesión de Windows. Puso su contraseña. Error. Intentó de nuevo. Error.

-Vaya, qué raro…- dijo. Volvió a insistir. Al cabo de unos minutos desisitió. MKII sonreía como un idiota. Qué manera de disfrutar.- Disculpen, parece que hay un problema con mi ordenador. Afortunadamente, vivimos en la era del cloud computing, y tengo una copia de la presentación en la nube.

La sala asiente con un murmullo de aprobación. La nube lo es todo.

Alguien de la organización le pone otro portátil y lo enganchan a la pantalla gigante. Lo abre, abre un navegador y va a la OwnCloud de Suprakillminds. MKII se queda intrigado. Le meto un codazo y le enseño el teléfono.

-¡No jodas! ¿Sí?- me dice con los ojos muy abiertos.
-Por supuesto. Cerrojazo.

Se le escapa una carcajada y se tapa la boca con la mano. Fuckingcrack intenta una y otra vez iniciar sesión en la nube sin éxito. Empieza a sudar y a murmurar disculpas.

Al final se da por vencido y trata de dar la conferencia sin la presentación, pero sin guión le queda deslucidad, titubeante y poco convincente. La gente comienza a levantarse y se marcha murmurando. Nosotros nos quedamos hasta el final. Nuestras localidades están en las última filas.

Justo cuando nosotros también nos marchábamos, dejando la sala vacía, estampó su portátil contra el suelo.

-¡Uh! Pues como haya roto el disco duro…
-Le iba a dar igual, Maqui. Se lo cifré.
-¿Se lo cifraste?
-Sí. ¿Y a que no sabes dónde está el certificado?
-¿Dónde?
-En la nube.
-¡Jajajaja!
-¿Ves? Al final ha llovido mierda.

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