Astronomy Numbers


![Spacetime Soccer, known outside the United States as '4D Football' is a now-defunct sport. Infamous for referee decisions hinging on inconsistent definitions of simultaneity, it is also known for the disappearance of many top players during... [more] Spacetime Soccer, known outside the United States as '4D Football' is a now-defunct sport. Infamous for referee decisions hinging on inconsistent definitions of simultaneity, it is also known for the disappearance of many top players during... [more]](https://imgs.xkcd.com/comics/spacetime_soccer.png)





La cara de Violeta era un poema. Los ojos dos ruedas de autobús, la boca un parking. La expresión un «no me jodas». Las ganas, de salir corriendo.
Los pétalos de papel aún revoloteaban por la habitación. Apagué el ventilador y le di la mano a la nueva. La pobre me miraba de medio lado y me sujetaba la mano con blandura. Era como darle la mano a un guante vacío, como sujetar un filete de merluza.
-Mi nombre es Wardog. Ella es Daisy y él es MKII.
-En… encantada. ¿Siempre hacéis esto para recibir a la gente?
-No, este año quería probar algo nuevo. ¿Te ha sorprendido?
-Te puedo asegurar que no me lo esperaba para nada- dijo riendo nerviosa.
-Al final te acostumbras- dijo MKII resoplando.
-Soso eres, hijomido.
-¿Y bien? ¿Eres de hierro o de humo?- le pregunto.
-¿Perdona?
-Te traduzco- intervino MKII:- Que si eres de sistemas o de gestión.
-Oh, ya, de sistemas, de sistemas…
-Bien, bien, aquí somos todos un mix. Una especie de humo pesado, supongo. Excepto Daisy. Daisy es de hierro. Totalmente.
-Ya veo, parece que se le da bien, sí.
-Y aprendió rápido. Ella estudió microinformática y desmonta y monta los servidores sin mirar. Las impresoras parece que se licuan en sus manos. Lo cables ethernet se crimpan solos en los paneles con su aliento. Es un prodigio.
-Vaya… parece que voy a aprender mucho con ella.
-Me temo que eso no va a poder ser.
-¿Por qué no?
-Daisy no te puede enseñar.
-¿Por qué no?
-Por la misma razón por la que un oso no te enseñará a coger salmones con la boca: no sabe enseñarte. No está en su naturaleza. Puedes observar y aprender de ella, pero no le pidas que te explique algo que para ella es tan natural como respirar.
Violeta se quedó mirando a Daisy con fascinación. Seguía con los cascos puestos, sacando los discos duros del servidor conectándolos uno a uno a un PC para leer los datos de S.M.A.R.T. Cuando veía uno con valores que no le gustaban lo tiraba sin contemplaciones a una caja de plástico.
-Bueno, Violeta, tu primera misión de hoy será- le digo mientas la acompaño hasta el armario donde guardamos los componentes y lo abro de par en par- montar tu ordenador.
Violeta se queda mirando el armario abierto, las placas base, los procesadores, las memorias, discos duros, fuentes de alimentación, tarjetas de red y cables, todo ordenado con el primor obseso y enfermizo de Daisy.
Se quedó absolutamente inmóvil, mirando al armario. Daisy tiró otro disco duro, tal vez un poco más fuerte que el anterior. Me retiro para que Violeta pueda pasar. No se mueve. Vamos a ver, que eres novata, te estoy enseñando un armario hasta el culo de material goloso. Mira, pero si tenemos hasta Ryzen nuevecitos. ¿No los ves? ¡Y discos NVME!
El tiempo se detiene.
Algo va mal.
Violeta se acerca tímidamente al armario y se detiene a un paso de la puerta. Acerca la cara y mira en todas direcciones. Al fin se gira hacia mi.
-No veo ningún ordenador, Wardog.
El BOFH-Zen se puede presentar de muchas maneras
-¿Cómo que no?
-Aquí no hay nada, sólo hay piezas sueltas.
-Claro, es la idea, que tú te montes tu CPU. Por practicar, y eso.
-Ah.. ¿Pero vosotros no compráis los ordenadores hechos?- pregunta incrédula.
-Según para qué. También los montamos nosotros, porque a veces…
Daisy arroja a la caja de discos muertos una ráfaga de tres discos, como si fuese un cañón de corbeta. Va al armario y sin mirar coge una placa, un Intel i3 de sexta generación, 4GB de RAM, un disco mecánico, una fuente de alimentación, un puñado de cables y una bolsita con autocierre con los tornillos justos. Va poniendo todo el material en las manos de Violeta que asiste atónita a lo que está pasando y no parece creerse siquiera que sus brazos estén sosteniendo hardware.
Daisy desaparece un momento tras unas estanterías y sale de nuevo con un chasis vacío en la mano. Lo pone en una mesa despejada, tira dentro un juego de destornilladores y se vuelve a sus servidores con un bufido. Estamos jodiéndole el BOFH shui.
-Pero… pero… ¿qué?- Violeta no acierta a adivinar lo que está pasando. Yo tampoco quiero explicárselo. Es conmovedor, es como un puto documental de National Geographic. Daisy, viendo que Violeta está más perdida que $Hyperboss en una competición de Fornite ha dejado a un lado su aislamiento social y ha ido a rescatarla. Le ha resuelto la papeleta sin que nadie se lo diga y le ha facilitado la tarea pero aún ha dejado que sea Violeta quien termine. Además, ha demostrado que aunque no le gusta nadie ande manoseando su ordenado stock, tiene confianza en que saldrá adelante. Pero ojo, tampoco demasiada, que le ha dado un i3 y 4GB de RAM. Tampoco las tiene todas consigo.
-Ve, hija mía- le digo y le señalo la mesa que Daisy ha preparado. Nuestra Daisy sigue destripando servidores concentrada en su música, como si no hubiese demostrado que tiene su corazoncito. Las dejo y me vuelvo a mi mesa.
Me pongo a redactar un email a mi mujer mientras miro de hito en hito lo que hace Violeta, no sea que se anime y le de por coger un alicate de corte. Pero creo que Violeta no es de esas.
Los minutos van pasando y aquello no avanza.Violeta no hace más que darle vueltas a la carcasa y no sabe ni por dónde empezar. Que vamos a ver, que con que sepas resolver un puzzle de 6 piezas ya medio lo tienes. Que ya no hay que configurar la frecuencia del procesador mediante jumpers en la placa base, como hacíamos en los 90. No te puedes equivocar. Es muy sencillo todo.
Me aburro. Me voy a tomar un café. Al pasar por la mesa, Violeta levanta la cabeza.
-No sé qué tengo que hacer.
-Un ordenador que funcione- le digo.
-Ya, pero no sé.
-¿Tienes móvil?
-Sí, claro.
-Pues pregúntale al Oráculo.
-¿A quién?
Sigo en dirección a la puerta. Sopesando qué hacer con esta criatura.
-¡Wardog! ¡Espera!
-Dime- le contesto desde el quicio de la puerta.
-¿Cuál es el número de Oráculo?
Me la quedo mirando. ¿De dónde has salido, criatura? ¿Qué te han hecho?
-Google. Que busques información en Google.
No espero más respuesta y me voy a por el café. Me entretengo con un par de poyaques por el camino y al final entre el café, un error de un programa, una visita a la máquina de chucherías a por un par de chocolatinas, hacer la preceptiva deposición pagada por la empresa en el cuarto de baño y dos tonterías, he echado casi 45 minutos.
Vuelvo al despacho con la esperanza de que Violeta ya tenga el ordenador montado y esté instalándose una Debian como un castillo pero en cambio sólo están MKII y Daisy trabajando como dos personas de bien. Me acerco a la mesa donde dejé a Violeta por si está escondida debajo o algo. Ni rastro.
-¿Y la nueva?- pregunto a Daisy.
-Salió- me contesta Daisy con un encogimiento de hombros.
¡Bimbambidubi, dubi! ¡Bimbambidubi, dubi! La jodimos.
-Sistemas, solucionamos problemas, perdemos personal.
-Wardog, ¿qué le habéis hecho a la pobre chica?
-¿A qué pobre chica?
-¡A la becaria!
-De momento darle la bienvenida y una tarea.
-Dice que la habéis dejado sola.
-¡Como que sola! ¡Pero si estaba con MKII y con Daisy!- Ahora caigo. Claro. La he dejado con un ficus y una terminatrix.
-Pues aquí la tengo llorando como una Magdalena, la pobre.
-Vaya por $deity. Mándamela de nuevo, que ya estoy en el despacho, por fin ha llegado el calor humano a este frío, frío páramo.
-Va para allá, y haz el favor de no asustarla.
-No te prometo nada, está en mi naturaleza.
Un minuto después aparece la pobre muchacha por el pasillo arrastrando los pies y gimoteando. La viva imagen de la desdicha y la desolación. La espero al lado de su mesa con los brazos en jarras.
-Pero criatura, ¿qué te ha pasado?- le pregunto. Me pone la cabeza en el hombro y rompe a llorar inconsolablemente, la pobre.
-¡Esguemehasdilloguememontaseyoelordenadorberoyoesonolo
hehechonungayahoramesientoinútilllomeguieroiramigasayono
valgobaraestoaaAaAaAAAAAAAAAAH!
Madre del amor hermoso. La dejo llorar hasta que se desinfla y me quito la camisa llena de lágrimas, mocos y babas, quedándome con mi camiseta de Goku. Verás ahora para ponerme serio.
-Violeta…
-Gué…
-¿Ya? Es que verás, yo pensé que te habían enseñado algo de micro, por lo menos a montar un PC. Ya sabes, la placa base, el procesador, buses, conectores… cacho. Ya sabes.
-BEROESGUESINOMELOSPLIGASYONOSÉyyyy…yyyy…!yyyy!
La paro justo cuando se va a arrancar de nuevo y tal como hago con mis hijos ignoro el llanto y me pongo a echarla una mano para que coja confianza.
-Para, para, que al final se van a pensar que es la alarma de incendios y la liamos.
Moquea un par de veces y se acerca un poco a la mesa con los brazos abrazándose a sí misma. Madre mía la criatura. Es pura sensibilidad, la pobre. Y se mete a sistemas. Y se llama Violeta. Y yo que pensaba crear un ejército de Mechas pilotados por Iron Violet y Steel Daisy. En fin. Paciencia.
-Mira, esto es bastante sencillo.
-Si es gue soy tonta…
-Yo no he dicho eso, Violeta. Que sea sencillo no implica que debas saberlo. ¿Entiendes?
-Vale.
-Mira, esto es la placa base. Aquí es donde se colocan los distintos componentes, que son estos. Verás que cada uno tiene su forma y sólo encajan de una manera, por eso digo que es sencillo. ¿Lo ves?
-Sí…
-Montarlo es bastante fácil, mira. En el chasis colocas las espigas sobre las que luego atornillarás la placa base y mientras, vas instalando los componentes aquí al lado y así trabajas más a gusto. Aunque para esto hay dos escuelas, una que dice que se monta fuera y luego se mete en la caja y otra que dice que todo a la caja desde el principio. Tú a tu bola. ¿Lo has entendido?
-Greo gue sí…
-¿Lo intentas mientras yo termino una cosa?
-Sí, sí, lo intento…
Me alejo muy despacio, para que no se asuste, mi pequeña florecilla asustadiza. Me voy de puntillas caminando de espaldas hacia mi mesa. Al pasar por la mesa de MKII me hace un disimulado gesto agitando la mano: «madre mía qué intensidad».
Me pongo a lo mío, que a veces también trabajo y tengo un servidor de bases de datos que necesita que le hagan una particioncita porque se está poniendo de un gordaco que pa qué.
Al cabo de una hora me acuerdo de que Violeta estaba montando el ordenador. Tan callada se ha quedado que sentí miedo de que se hubiese marchado de nuevo. Salgo de mi mesa y voy estirando la espalda hacia su mesa.
-Psst- le chisto a Daisy y le indico a Violeta con la barbilla. Daisy se encoge de hombros y sigue con el desguace.
Violeta está derrumbada sobre la mesa, con la cabeza sobre los brazos y durmiendo como una bendita. No me lo puedo creer. Esto lo he visto yo mil veces. El niño se pilla un disgusto, se cansa de llorar y con los ojos pegaditos en cuanto se tranquiliza, ¡PAM! dormido. Pero esta criatura ya tiene pelillos, joder
Me acerco a Daisy.
-Daisy, ¿Este servidor está bueno?
-No, placa muerta.
-¿Me lo prestas?
-Me da igual.
Cojo el servidor. Es un 4U. Daisy le ha sacado todo lo recuperable y queda tan sólo el hierro y la placa. Pesará 18 o 20 kg. Me lo llevo junto a la mesa de Violeta y lo levanto por encima de la cabeza. A continuación lo lanzo plano contra el suelo con todas mis fuerzas.
¿Alguna vez has dejado caer un servidor desde dos metros de altura? Es una maravilla. Suena como estampar un luser contra una puerta de chapa. Es delicioso. Como tren que sale de Córdoba a las 5 de la tarde con un luser atado a la máquina con un cubo de peltre a modo de casco que choca con el expreso que viene de Madrid con otro luser atado a la máquina justo cuando ambos trenes alcanzan la máxima velocidad. Calcula los decibelios y el dinero desperdiciado en cubos.
MKII grita como una colegiala y la corbata se le acelera.
Violeta grita también a la vez que salta en la silla, con la mala suerte de que las rodillas chocan contra la mesa, así que cae a la silla, pero como tiene ruedas, se va rodando hacia atrás hasta que choca con la pared. Daisy por su parte cae de culo y tan rápido se quiere levantar que sin querer casi astilla la mesa de un cabezazo.
Daisy tuerce un pelín la comisura derecha de los labios. El equivalente en su especie a descojonarse.
-Ay… ¿Qué ha pasado?
-Que se me ha caído esto- le digo señalando al suelo. He roto dos baldosas. Ha valido la pena.
-¿Me he… dormido?- dice avergonzada.
-Pues es posible, porque el ordenador sigue sin estar montado.
-Ay, es que a mi esto de los tornillos no me va mucho, ¿sabes?
Uy. Uy. Terrible sospecha.
-Discúlpame un momento, por favor- le digo mientras salgo por patas. Voy a ver a Havenocon. Entro en su despacho. Tiene sonrisa de zorra. No de puta, si no de zorra astuta.
-¡Una hora! Estás perdiendo facultades, Wardog.
-La madre que te parió. ¿De quién?
-Es la hija del abogado que ha llevado siempre los asuntos de $Hyperboss. Son muy amigos.
-¿Y puedo…?
-Como hermanos.
-Tal vez…
-Uña y carne.
-Se ha dormido.
-Pues tiene que terminar las prácticas.
-Pues le ponemos un sofá cómodo que en la silla de despacho se va a joder la espalda.
-No, no, no, búscale qué hacer, que no sienta que la aprueban por aprobarla. Es complicado. Su padre quiere que aprenda el valor del trabajo pero ella es una niña mimada.
-Pero por qué me odiáis tanto.
-We love you.
-Te has quedado sin Facebook- le digo mientras me levanto de la silla. Qué hija de puta, lo bien que se lo pasa.
-¡Eh! ¡No jodas, que tengo que investigar candidatos!
-Te jodes.
Me vuelvo al despacho y Violeta está intentando colocar el procesador en la placa.
-¡Eh, genial, Violeta! ¿Cómo vas?
-No soy capaz de encajar esto- me dice sujetando el procesador con un dedazo en todos los contactos sin ningún pudor.
-Verás, los procesadores se insertan en un zócalo ZIF y sólo hay que ponerlo en la posición correcta, no hace falta apretar y…
Miro dentro de la caja. Miro el socket del procesador. Aquello es una desgracia. Creo que ha doblado los 1150 pines. Destrucción completa. Me acerco un poco más y veo que hay pines rodando por la placa base.
La miro. Me mira. Le brillan los ojos. Se le aguan.
-¡mmmmMMmmmMMMBUAAAAAAAAAH! ¡MEVASAECHARBORGUESOYUNAINÚDIIIIIIIIIIIIIIIL! ¡BUAAAAAAAAH!
-No, mujer, es que no hemos encontrado tu lugar en este mundo.
-Daisy, ¿te importaría montarle tú el ordenador?
Daisy mete la mano debajo de la mesa y saca una CPU montada, limpia y brillante. Huele a lubricante y a perfección.
-Toma. Tiene Windows- dice, escupiendo la palabra Windows. Daisy es capaz de decir tantas cosas con tan pocas palabras.. $deity, son tan distintas… como la noche y el día. Como el bien y el mal. Como el BOFH y el luser.
Espera, creo que tengo una idea.
-Oye, Violeta, ¿tú sabes usar Excel?
Este capítulo me ha costado mucho. No sé por qué exactamente. No encontraba las palabras, de ahí la tardanza. Aunque lo cierto es que no tengo mucho tiempo para escribir, los ratos que he podido ir sacando no han sido productivos porque me quedaba volando en círculos alrededor de lo que quería escribir para, al final, irme con las manos vacías.
Sea como sea, aquí tenéis un nuevo capítulo de Crisis:
http://crisis.mundowdg.com/index.php/2019/08/20/11-voy-a-ser-sincero-contigo/
Nuevo capítulo de Crisis: Cinco menos uno.
Comos siempre, espero que os guste.
Cuando el cerezo comienza a perder su flor, es el protoBOFH quien acude a las empresas a recibir la llamada formación en centro de trabajo.
Me consta que en algunas empresas a los practicantes los tratan como a equipamiento de oficina: hacen fotocopias, traen café, archivan, dan masajes en las corvas con tal de agradar y aprobar las prácticas con la vana esperanza de encontrar un hueco entre la plantilla.
En cuán pocos casos se da que el practicante coincida en el tiempo con que la empresa necesite personal y que el joven esperanzado sea lo suficientemente bueno como para no iniciar un proceso de selección.
En Suprakillminds el departamento de informática no hace estas mierdas porque gracias al BOFH-Zen, aunque no hemos alcanzado la iluminación, hemos abandonado hace tiempo la oscuridad y ahora estamos en la zona umbría. Cuesta el mismo trabajo mantener a un chaval ilusionado entretenido haciendo gilipolleces que formarlo como es debido.
Me hallaba pues, en mi puesto, trabajando en cosas por las que $Hyperboss no sabe que me paga ni quiere saberlas, cuando Havenocon soltó a una chiquilla al final del pasillo convertido en nuestros dominios y que llaman despacho. La jefa de personal saludó con la mano por toda explicación.
La criatura se desplazó hacia nosotros con paso inseguro, dubitativo, como si diésemos miedo. Como si tuviese miedo de nosotros. Ya ves tú. Avanzaba por el pasillo en penumbra mirando con curiosidad las estanterías repletas de hardware retirado de los racks. La poca luz del pasillo y las estanterías atestadas de cadáveres de hierro dan a la entrada un aspecto levemente siniestro. Después de varias experiencias traumáticas con consultores de varios sabores, $Hyperboss dejó que los informáticos se ocupasen de los sistemas. Como si supiéramos de ésto. Nos dio presupuesto y nos dejó hacer.
-¡Wardog! ¿Qué haces?- me saludó una mañana $Hyperboss mientras sacaba un café de la máquina porque no le tengo miedo a nada y mi estómago digiere igual la papilla de maíz que el acero al rojo blanco. Le miré, miré el vaso que había en mi mano, miré la máquina de café que aún borboteaba y crujía sus mecanismos y le volví a mirar a él.
-Lentejas, mire. ¿Quiere un plato?
-¡Déjate de hostias! Yo es que ya no sé qué hacer en ésta empresa para que las cosas funcionen- A veces $Hyperboss saluda así. La acidez y los consultores fake.
-Las cosas funcionan- le dije.
-¡Que no fallen! ¡Si no se rompe una cosa falla otra!
-Ah. Eso.
El BOFH-Zen es la guía. El BOFH-Zen es la luz. EN el BOFH-Zen no hay bien y no hay mal. En el BOFH-Zen hay paz y no hay enfrentamiento porque el BOFH-Zen es el aceite que lubrica el alma del BOFH y la hace inalcanzable para el violento.
Cuando el violento llegue a tu puerta con un reproche en los labios no tengas sus palabras por enemigas. Las palabras salen de un cuerpo y llegan a otro. Fluyen de un alma a otra. El alma del BOFH no se ha de ver alterada. El alma del BOFH está con sus sistemas. Si sus sistemas los paga un tercero y encomienda al BOFH su cuidado, el BOFH cuidará del bienestar de los sistemas que pagó su $Boss. La continuidad de los sistemas del BOFH es prioridad. Por eso, que el negocio funcione es necesario pero no es vital porque nada es vital. Nada es importante.
Las palabras violentas no son más que el agua de una pequeña cascada en el nacimiento de un arroyo. Si el BOFH es colocado bajo la cascada, nada puede ocurrirle. Porque el BOFH-Zen es el aceite que lubrica el alma del BOFH. El BOFH-Zen es también el sol que calienta e ilumina el alma del BOFH en su interior. Por eso, cuanto más se sumerge el BOFH en el BOFH-Zen más aceite recubriá su alma y más caliente estará dicho aceite.
Así que cuando el violento ponga al BOFH bajo la cascada de sus palabras no conseguirá más que verter agua sobre aceite hirviendo. El aceite no tiene la culpa de hervir. El aceite estaba en paz. Si el violento se quema no será más que por su culpa pues el BOFH no es violento ni pacífico. Simplemente está en paz.
-¡Sí, eso! ¡Tampoco pido tanto!- insistió $Hyperboss.- ¡No quiero que haya fallos en esta puñetera empresa!
-Ciérrela.
-¡Y lo dices tan tranquilo!
-Claro. Quitando lo inorgánico, las pelusas y Daisy, todos aquí somos humanos. Vamos a fallar.
-¡Pues para eso están los ordenadores!
-No. Los ordenadores están para ayudar a organizar el trabajo. Están para controlar máquinas. Pero no trabajan ni organizan. Son herramientas.
-¿Pues entonces para qué los quiero si no me evitan errores?
-Evitan errores. Los que pueden evitar porque les hemos enseñado a hacerlo.
-O sea, que es porque no los configuráis bien. ¡Por fin lo admites!
-No es eso. Si sólo nos dedicásemos a detectar y corregir errores humanos ya haría años que tendría usted un bonito cadáver de hierro que una vez impidió muchos errores humanos pero que se echó a perder por falta de mantenimiento. Usted no va a dedicar el dinero y los recursos que hacen falta para que ambas cosas sean posibles.
-¡Cómo que no! ¿Qué necesitaríais?
-Diez programadores con experiencia, diez analistas, diez administradores de sistemas, treinta técnicos de hardware y treinta técnicos para montar un centro de asistencia a los usuarios. Necesitaríamos tres años para formar a los que tengamos que formar y que los que sepan más que nosotros entiendan el guirigay que hay aquí montado. Necesitaríamos renovar la infraestructura, aunque seguirán siendo máquinas y se romperán, mejorar las comunicaciones, comprar software que suplimos como podemos..
-¡Para, para! ¿Me estás diciendo que entre tres hacéis el trabajo de setenta… no, ochenta y pico personas?
-Qué va. Por eso el sistema no es a prueba de fallos, pero funciona y hace lo que debe hacer.
$Boss se me quedó mirando largo rato. Le di un trago a las lentejas.
-Pues tú me dirás qué puedo hacer porque estoy hasta los huevos de la informática. He traído a los mejores consultores y lo único que he conseguido ha sido disgustos y pagar facturas.
-Pues oiga, se me ocurre, así, como locura, que en vez de pagar esos pastizales por nada, los invierta en mejorar lo que ya tiene en vez de pagar a charlatanes.
-No, si aquí el caso es gastar. ¡Hasta los huevos me tenéis!- gritó mientras se marchaba hacia su despacho como una furia y se encerraba con un portazo.
A la semana siguiente se reunió con MKII en su despacho y le dijo que había pensado en mejorar los ordenadores y lo que hiciera falta para que todo funcionase un poco mejor. MKII alabó la idea como una genialidad y le preparamos un presupuesto que firmó sin respirar porque le pareció mucho menos de lo que se temía y muchísimo menos de lo que había invertido en gomina, trajes y comilonas a costa de la empresa. $Hyperboss funciona así: alguien le dice lo que no quiere escuchar, luego lo rumia y cuando termina caga la idea como si fuera suya.
Las ideas son la esencia bajo las palabras. Sólo las ideas más puras viajan con las palabras y calan en su receptor por su simpleza. Por eso los buscadores del BOFH-Zen no buscan excusas. Los buscadores del BOFH-Zen ven pasar las palabras a su lado y extraen sabiamente el dolor y el clamor ajeno, lo observan atentamente y se limpian el culo con él porque de nada les sirve porque nada es vital, nada es importante. No obstante, la naturaleza del BOFH siempre busca la mejora en todo. Por eso cuando dos BOFHs se encuentran siempre discuten qué es mejor, siempre comparan lo que uno y otro hace. Siempre defiende una herramienta sobre otra como la mejor. Porque el BOFH no busca la perfección que como entidad absoluta es aborrecible y solamente aspira a mejorar hasta el fin de su uptime. Así es el BOFH-Zen. No busca la perfección sino lo que sea mejor. Y lo mejor es cambiante y es mutable igual que el agua fresca no está en un pantano sino en el bravo arroyo que nace de la nieve y baja al valle retorciéndose y haciéndose cada vez un camino mejor.
Por eso el corredor ahora tenía una fila de estanterías repletas de maquinaria que no íbamos a tirar sino a reciclar para reforzar algunas sedes y para monitorización y pruebas.
Supongo que por eso la pobre chiquilla desfilaba temerosa en la penumbra, sola, novata y abandonada a su suerte. Un poco más adelante, estaba Daisy de pie inclinada sobre su mesa, hurgando en las tripas de un servidor 2U totalmente concentrada con los cascos puestos y de espaldas al pasillo. La chica llegó a su altura y saludó con un tímido «hola».
Daisy arrancó de cuajo un ventilador y se giró sin quitarse los cascos. Escaneó a la chica en un segundo de arriba a abajo y vuelta. Cogió un bote de aire comprimido y sin mirar a la pieza siquiera la limpió con precisión. Cogió un bote de lubricante blanco y engrasó el rodamiento sin verter una gota sin dejar de mirar a la chica. Esperó a que la nube de polvo fuese aspirada por el extractor. Se quitó la mascarilla y la dejó colgando del cuello.
-¿Quieres algo?- le preguntó a la chica con tan poca inflexión en la voz como una calculadora mecánica.
-Ven… vengo a hacer las prácticas… me llamo…
-Pregunta ahí- dijo Daisy señalando en nuestra dirección con el bote de aceite. Se puso la mascarilla, se giró y siguió arrancando ventiladores al servidor en silencio.
La muchacha llegó hasta nuestras mesas. MKII tecleaba como un histérico en su puesto documentando todo lo que estaba haciendo con una exhaustividad digna de admiración. De verdad. La documentación que estaba preparando era tan completa y detallada que hasta la mitad de un luser podría entenderla si fuera capaz de leerla. Si es que un luser puede leer más de dos párrafos antes de que les dé estrabismo y una bajada de azúcar.
Yo estaba generando e intercambiando claves SSH entre los servidores de producción y los de backup con los pies en la mesa y el teclado en los muslos. MKII iba por detrás documentando los nombres de los ficheros de claves, las rutas…
-Ho… hola, buenas, me.. me llamo Violeta y… y vengo a hacer las prácticas de…- la pobre temblaba y se manoseaba un mechón de pelo rizado que se le iba constantemente a la cara.
-¡Ostras! ¡Espera!- le grité a la muchacha más alto de lo que pretendía. Solté el teclado sobre la mesa y salté por encima apoyando la mano izquierda. Salí corriendo hacia la salida. Al llegar al final del pasillo MKII y la chica de prácticas me miraban con los ojos como platos. Daisy siguió descuartizando el servidor con evidente satisfacción.
Corrí todo lo que pude y cogí una bolsa de basura llena de papeles cortados por la destructora y después un ventilador del armario de los trastos. Volví a toda velocidad a mi puesto. Daisy arrancó otro ventilador. MKII y Violeta me miraban aún con cara de tarjeta de sorpresa del Monopoly.
Puse el ventilador en marcha detrás de mi silla mirando al techo y me senté de nuevo.
-Perdona, ¿decías?- la pobre chica no daba crédito.
-Soy… me llamo Violeta y… bueno, vengo, mi instituto me manda para hacer las prácticas de… de un ciclo formativ…
Cogí la enorme bolsa de basura y la vacié detrás de mi sobre el ventilador. Una nube de confeti inundó la sala y descendía suavemente revoloteando en las turbulencias del ventilador. MKII y Violeta me miraban con cara de besugos.
Junté las manos ante mi pecho y la miré muy serio.
-Hija mía. Jamás vuelvas a titubear ante mi ni ante nadie. El camino que has elegido es arduo y sin guía puede ser doloroso. Pero no has de temer si tu guía es el BOFH-Zen.
MKII meneaba la cabeza y escupió un trozo de papel que le había entrado en la boca. Violeta había dejado de temblar porque no acertaba ni a pestañear.
Los papelitos seguían cayendo como nieve ligera. No eran pétalos de cerezo, pero el efecto era casi el mismo.
Como siempre, lo podéis leer aquí http://crisis.mundowdg.com/index.php/2019/02/28/7-cobertura/.
Si queréis. No es obligatorio. Todo esto es just for fun.
Eso.
Esta no es la entrada que esperabas en este blog.
Wardog y El Mundo seguirá recibiendo posts, no lo dudes. Es sólo que desde hace un tiempo me viene apeteciendo otra cosa. Y no, no es meterme a youtuber.
Un día, conduciendo, iba escuchando una canción, se me vino a la mente un personaje. Un personaje con una historia. Y quería contar esa historia porque me gusta escribir. Pero resulta que ya tengo un blog, y lo actualizo muy poco. Además, no soporto ponerme a hacer una cosa nueva teniendo otra no atendida al 100%.
Y luego pensé que a la mierda. Que bien podría probar a escribir un par de capítulos y ver qué pasa. Y salieron más personajes y el esbozo de una historia que me apetece contar.
La historia no está terminada aún, pero sé lo que quiero contar. No es como este blog, quiero que sea una historia completa, con un principio y un final.
Echadle un vistazo al menos:

Por el momento, he publicado dos «capítulos», espero que os guste porque repito, no tiene nada que ver con Wardog y el Mundo salvo el mismo hervidero de gilipolleces que me sirve de cabeza.
Aquella mañana me levanté de un humor excelente. Pese a la primavera, que normalmente obra en mi el mismo efecto que la Cartilla Micho en Paquirrín: me embota la cabeza. Me encontraba lleno de energía y de buen humor. Y ya digo que la primavera me zombifica a unos niveles alarmantes. De querer instalar Windows Millenium a un servidor web o así.
Salí temprano de casa. El sol saludaba desde el este, apenas calentaba, pero ver el sol por la mañana ya me anima. Llegué a la oficina y aparqué casi en la puerta. ¡Qué suerte! A ver si va a ser verdad eso de que a quien madruga, $deity le ayuda. Bajé del coche casi sonriendo. Que yo soy una persona seria, no soy de ir por ahí sonriendo porque sí. Se me cayeron las llaves al suelo. Me agaché a recogerlas y debajo de una rueda de mi coche vi un papelito marrón. ¡Hostia puta! ¡Un billete de cincuenta euros sin padre que le quiera! ¡En España y en el suelo! Pues ahora mismo te adopto yo a ti, hombre…
Ea, ya voy contento para todo el día. Por la esquina dobla MKII, todo pulcritud. Traje perfectamente planchado, corbata nueva, rosa con detalles amarillos. Camisa blanca de anuncio. Toque de gomina. Vamos, que le ves y el tío no parece informático ni nada el pobre. Le silbo. Mira en mi dirección y se sorprende y todo. Va a decir algo pero tropieza con la raya de un lápiz, un cabello de Antonio Lobato o la integridad de un presidente del gobierno de una monarquía parlamentaria cualquiera y está a punto de estamparse contra el suelo. Menos mal que se pudo agarrar a una mierda de perro. De un perro grande. Bastante grande. Que come mucha fibra.
Rompo a descojonarme mientras el pobre hombre intenta incorporarse, tirado en el suelo todo lo largo que es, con la mano derecha agarrada aún al mojón canino y la otra al maletín. De repente se me corta la risa. MKII ya se ha incorporado y se dirige hacia la puerta.
-¡Qué asco! ¿Vienes, Wardog?
Le miro sin ver. Miro las puertas de Suprakillminds. Saco el billete de cincuenta de mi bolsillo y lo miro. Es auténtico, no hay duda. Miro hacia el sol. Es auténtico. Brilla y ya da un tenue calor. Ese calor perfecto, el calor justo para desayunar en una terraza junto a la playa. Huevos con jamón, zumo de naranja, café y tarta de manzana con mermelada de albaricoque. Respiro hondo y no hay ni rastro de alergia. Nada. Todo bien. La mano de MKII gotea comida de segunda mano.
-¿Wardog? ¿Te pasa algo?
-No entres ahí-, le digo.
-¿Cómo que no entre?
-Presiento una presencia maligna. Perversa.
-Sí, claro, Wardog. A lo mejor Satanás trabaja ahora en Grandes Cuentas.
-No, peor.
-Anda, abre y déjate de tonterías.
Abro la puerta como si mi mano no fuese mía. Todo a mi alrededor flota en una neblina espesa, bañado en glicerina. Los sonidos me llegan amortiguados y las imágenes a 17 cuadros por segundo. Un comercial de esos que pasan cada mucho tiempo por la oficina ve a MKII y se acerca a saludarle efusivamente. Es de esos que se abalanzan sobre tu mano y la estrujan con energía. La mierda vuela por todas partes. El sol arranca destellos dorados a los fragmentos de hez húmeda. Es casi hermoso.
Dejo las iridiscencias y a unos cuantos humanos esquivando y descubriendo mierda atrás. Salgo corriendo hacia mi despacho. Vuelo por las escaleras, no pienso esperar siquiera al ascensor. Demasiado lento. Derrapo por los pasillos, ayudándome con el hombro en algunos giros cuando choco con las paredes. Algo está pasando y quiero saber qué es. Tiene que ser algo muy jodido. Lo presiento. Lo noto en la boca del estómago.
Salto la mesa apoyando la mano en el teclado para despertar el ordenador. Tiro la mochila en un rincón e inicio sesión ansioso. Miro mis monitores de red. Todo verde. Todo. Incluso ese equipo de fabricación mierdero que revienta diez condensadores de la placa base al mes. Hasta ese está verde. Mierda. Ni una alarma. Ni un login fallido de root. Si es que casi ni hay SPAM, coño.
Para cuando MKII llega al despacho ya he comprobado hasta la velocidad de giro de los ventiladores de todos los servidores. On y off site. Y todo es asquerosamente normal.
¡Bimbambidubi! ¡Dubi!
-¡AAAAAHAAAAA! ¡Sistemas! ¡Tú debes ser el mal!
-Pues no, te llamo de recepción.
-¡AHAAAAA! ¡Y traes noticias nefastas!
-Pues no, que te llaman de $empresaDeTelecomunicaciones. Te paso.
Me pasa.
-¿Diga?
-Buenos días, le llamo de $empresaDeTelecomunicaciones, mi nombre es Lhuirgsssfh. ¿Usted es Wardog, verdad?
-Hola, Lhuirgsssfh, sí soy yo.
-Disculpe, es, Lhuirgsssfh.
-Perdona, Lhuirgsssfh. ¿En qué puedo ayudarte?
-Nada, es sólo para informarles de que van a sufrir un pequeño corte en las líneas de internet porque les vamos a aplicar una mejora en la velocidad del 100%.
-¿Por qué?
-Hemos mejorado nuestras instalaciones y premiamos a los clientes más fieles que…
-No, ¿por qué hoy?
-Porque… ¿No quieren que les ampliemos la velocidad?
-Sí, queremos, pero ¿tiene que ser hoy?
-No le entiendo, señor…
-No, Lhuirgsssfh, no lo entiendes. Gracias, Lhuirgsssfh. Buenos días.
-¿Oiga? ¿Oiga?
Cuelgo el teléfono.
Me quedo petrificado. MKII se me acerca y agita una mano delante de mis ojos. Le meto una hostia. No me gusta que me pongan cosas delante de la cara. Lo odio.
-¿Te pasa algo?
-Algo jodido va a pasar.
-¿Por qué lo dices?
-El karma.
-¿Qué karma ni qué leches?
-El karma me está compensando con prepago.
-Estás apañado.
-Aún no está aquí. Pero lo siento. Siento que se acerca. Se aproxima algo gordo. Te va a dar por leer TLCL. O por aprenderl Perl. O peor. No sé.
Me puse a trabajar con un mosqueo de mucho cuidado. Sería por el mosqueo o porque estaba demasiado concentrado, pero pasé dos horas escribiendo SQL y no miré siquiera los nombres de campo. Estaba en zona permanentemente. Una máquina de escupir consultas. Hizo falta recuperar unos ficheros de la copia de seguridad y estaban justo los de la fecha que precisaba, justo la versión concreta que hacía falta. Daisy estaba entretenida tuneando las reglas de un cortafuegos, ajena a todo, sin asesinar a nadie orgánico ni nada. Todo perfectamente idílico.
Salí del despacho. Yo no puedo estar así. Es superior a mi. Yo estoy hecho para resolver problemas. Me viene de familia. Es algo genético. No somos de los que se lamentan ante un problema, de los que se revuelcan en su desgracia. En mi familia, ante un problema de la clase que sea inmediatamente nos remangamos y nos ponemos a solucionarlo. Esto es contra natura y sólo hay una forma de solucionarlo.
Eché a correr pasillo adelante y metí una moneda en cuanto llegué a la máquina de café. Saqué un solo largo con extra de azúcar, me apoyé sobre la máquina y me concentré en relajarme, no pensar y paladear el café hasta separar los sabores por grupos: ácido, amargo, dulce. Concentrarme en los matices. Disfrutar única y exclusivamente de tomar un puto café de máquina.
Indefectiblemente, esa acción puso el universo en su sitio de una puta vez. Alguien me estaba llamando. $Hyperboss nada menos.
-¡Wardog! ¡Wardog!
-¡Ah, hola, $Hyperboss!
-¡Estás en Babia!
-Nada, estaba pensando en cómo solucionar un problemilla. ¿Qué pasa?
-No, no pasa nada, hombre. Mira, te presento a Broderinlau Bacpac. Este es Wardog, el informático del que te hablé.
Estrecho su mano y le hago el escáner completo: polo con muñeco de los caros, reloj deportivo de varios miles, peinado de cuarto de hora, carillas. Lentillas de color, cinturón de piel, pantalón de pinza. Iphone X, pulseritas de cuero hechas a mano, otras de cuerda rojas y amarillas. Tensión arterial 11-6. Mochila de portátil impropia. Un pijo de tres pares de cojones.
-Hola, encantado-, me dice el tío.
-Encantado era un príncipe, yo soy Wardog-. $Hyperboss pone los ojos en blanco por el chiste malo. Broderinlau no reacciona. No parece entender. Anoto: intelecto limitado.
Se hace un silencio entre los tres. Una mosca se posa en el pelo del pijo. Resisto la tentación de darle un manotazo. Mírala, hija de puta como frota sus patitas.
-¿Y bien? ¿Mucha faena, Wardog?- me dice Bacpac.
-Psé, lo normal.
-Ahm.
-Seh.
La mosca se va y vuelve. Se le posa en el hombro. ¿Será suya?
-Broderinlau necesita que le eches una mano.
-¿Una nueva incorporación?
-No, no, qué va. Es mi cuñado.
-Ahm. ¿Y la mano tienes que ser la mía o vale otra cualquiera?
-Ya estamos con las coñas. ¿Te acuerdas de Brainrotten & Fugue?
-Que si me acuerdo…vaya que si me acuerdo.
-Pues hemos comprado también a su competencia en la zona.
-Y…
-Y mi cuñado se estaba encargando de la informática de allí.
-¿Tú?
-Claro, a mi me gusta mucho esto de la informática.
Quieto ahí. A ver, BOFHs y Sysadmins de bien y de pro: nosotros no decimos «nos gusta mucho esto de la informática». Es posible que digamos que «nos gusta mucho esto de la cocina», o «nos encanta la carpintería» o «nos embelesa la contemplación de una colostomía» pero para nosotros la informática no es una cosa que nos guste. Es lo que hacemos. Se da por hecho que nos gusta, nos apasiona. Pero no nos gusta «esto de la informática». Hay un matiz. No trabajamos en informática por aproximación, no, estamos inmersos en ella y hacemos cosas con ella. No es nuestro fin, es nuestro medio. Y este sujeto es un peligro.
-Vaaaaale. ¿Y puedo preguntar cuál es tu problema?
-Nada, poca cosa, algunos problemillas para la integración con vuestros sistemas.
-Ouyeah. ¿Te han pasado el manual de integración?
-¿Qué manual?
-Da igual. ¿Me puedes definir mejor el problema, por favor?- respiro tan hondo que la mosca que pateaba por el hombro de Bacpac se tiene que agarrar con las seis patas.
-Nada, que el servidor donde están los datos del ERP da un error al arrancar.
-¿Y eso es un problemilla?
-Sí, se cuelga bastantes veces, pero normalmente con apagar y encender ya iba tirando…
Me lo quedo mirando en silencio. Digamos, por no callar, que este señor es un administrador de sistemas. Me da igual si titulado o no, eso no importa. Partimos de la base de que tiene que administrar una máquina que mueve toda la empresa. Esa máquina tiene un problema: se para. Su mejor aproximación es que «se cuelga» y su solución es «apagar y encender».
-Vaaaaale… ¿Y qué sistema operativo gasta el muñeco?
-Uno de esos que son todo letras en blanco, pero no recuerdo cuál. Son todos iguales.
Ay su madre.
-¿Y recuerdas algún error que hayas visto?
-Mmmm… algo que decía ioerror at sector y un montón de números…
-Pues estupendo. Parece que tienes un disco duro roto.
Bacpac mira a su cuñado con gesto de mofa. Me pone la mano en el hombro y con una condescendencia tal que en el momento me apetece hacerle una llave de judo me dice:
-Imposible. Yo sólo uso Seagate en mis servidores-. Puto judo. Debería aprender a hacer el one inch punch como es debido.
-Pues muy bien. Pero te falla uno. Déjame que le eche un vistazo.
-¿Ahora?
-Sí, ¿por?
-Es que no lo he traído.
-Ya. Vienes a preguntarme por qué no arranca el servidor y no te lo traes. Bien.
-Es que he venido en moto.
-En fin… pues cuando puedas, me lo traes y lo reviso.
$Hyperboss chasquea la lengua.
-Nos corre prisa, Wardog. Hay que integrar ya mismo.
-¿Sabe qué hubiese estado de puta madre? Saberlo. Eso hubiese sido la hostia.
-Bah, si estáis hartos de integrar empresas ya.
-Sí, pero no nos gustan las sorpresas. Necesitamos planificar para que las cosas salgan bien.
-Lo que os gusta haceros notar…
-¿Hacernos notar?
-Sí, presumir de que sois imprescindibles y eso.
-¿Lo somos?
-Eeeeh, no, claro, no hay nadie imprescindible.
-¿Entonces?
-Que no es para tanto.
-Habrá que ir a la empresa de su cuñado entonces, ¿no?
-Sí, sí, si serán cinco minutos, Wardog.
-Pues voy a recoger mis cosas.
Discutir más es tontería. Es una simple cuestión de cercanía. Su cuñado versus el informático más quejica de la empresa. No hay color.
Volví a mi despacho, saqué la caja de herramientas de las ocasiones especiales y me puse a llenarla de repuestos, pendrives, y todo lo que se me ocurrió que pudiera necesitar en la guarida de Bacpac.
-¿Qué haces?
-Prepararme para un zafarrancho guapo. Un servidor K.O. en la nueva adquisición de $Hyperboss.
-¿Qué nueva adquisición?
-Exacto.
-No entiendo.
-Baste decir que el informático es cuñado de $Hyperboss.
-Santo Dios.
-Y el Cristo Súper Saiyan.
Cojo mis cosas y salgo en busca de $Hyperboss y Bacpac. No los veo, así que me bajo a la recepción, pensando que estarían abajo. Pues no. Utilizaremos el comodín del público.
-Oye, ¿tú sabes dónde está $Hyperboss?- le pregunto a la recepcionista.
-Sí, ha salido a tomar algo con un señor.
-¿Un señor con una mochila a la espalda y el pelo pringoso?
-Sí.
-Gracias.
Las prisas. Pues entonces habrá que adaptarse: yo también me voy a tomar algo, hombre ya. Dejo los trastos en la recepción y me voy al bar de siempre a meterme entre pecho y espalda un bocadillo de anchoas y un pincho de tortilla, tubito de cerveza y un café, que estoy en época de crecimiento a lo ancho. Una vez ahíto me vuelvo a la oficina y justo coincidimos $Hyperboss, Bacpac y yo en la puerta. La gomina sigue en su sitio, la mochila en la chepa. Oye, que igual es eso, que tiene chepa y lleva la mochila con en fondo cortado para disimular. Ahora le quiero quitar la mochila. A ver para qué pienso yo estas mierdas.
-¡Hola Wardog!- me dice Bacpac.- ¡Cuando tú digas nos vamos!
-Ya.
-¿Ya?
-Ya.
-Venga, pues coge el coche y me sigues. Pero yo voy en moto.
-Ya, ya me lo has dicho antes.
-Si ves que corro mucho me haces luces.
Ay diosito, que es un acomplejado con el tamaño de su pene. Si lleva un portátil ahí dentro, será de 17 diecisiete pulgadas por lo menos.
-Procura no correr poco-. Son doscientos kilómetros de tentaciones. Es posible que pueda contenerme y te libere de tu sufrimiento.
Durante doscientos kilómetros estuve viendo el culo de Bacpac haciéndose chiquitito en las rectas y demasiado cerca en las curvas. Tiene una moto muy potente que solo sabe conducir recto. Es tan metafórico en sí mismo que no haré más esfuerzos.
Callejeamos lentamente cuando llegamos a destino. Una pequeña ciudad dormitorio y después, un polígono industrial medio abandonado. Filas de pequeños locales languidecen víctimas del tiempo y de la falta de cuidados. Pinturas desconchadas, carteles descolgados y deslucidos por todas partes. Basura rodando y vegetación aprovechando cualquier grieta sin nadie que se lo impida.
He de decir que me sorprendió cuando Bacpac se metió en el aparcamiento de la empresa. No era un edificio como los que acabábamos de pasar. Era la puta imagen de Brainrotten & Fugue. Está claro que si competían entre sí, eran rivales dignos. El nombre, escrito en letras de forja sobre el arco de la puerta de entrada reza «Hold & Caust». Sin embargo yo leo «El trabajo os hará libres». Bacpac me hace señas para que aparque el coche en un cobertizo junto a la entrada.
Bajo del coche y me estiro. Hacía mucho tiempo que no olía este aroma a decadencia. Me cuelgo mi mochila y cojo la caja de herramientas. Miro hacia las ventanas y veo la sombra inconfundible de la plantilla mirando quién llega. Me subo las gafas con el dedo corazón y enfilo, una vez más, hacia un edificio marrón.
Bacpac me abrió la puerta de entrada y pasé para ver la recpeción marr… ¡Hostias! ¡Esta empresa es como un coco! Por fuera es marrón y fea, pero por dentro es blanca, limpia y hasta te puede gustar si te gusta masticar.
Tras un mostrador de diseño moderno, un recepcionista que bien podría ser modelo nos saluda con una sonrisa mientras atiende diligentemente a alguien al teléfono con un manos libres bluetooth y teclea con agilidad en un ordenador que no alcanzo a ver.
¿Pero qué mierda es esta? ¡A mi no me cambiéis las cosas, joder! ¡Esta empresa está mal! ¡Mal!
Bacpac me guía hacia la planta superior, a las oficinas. La distribución es francamente inteligente. Un enorme espacio totalmente abierto, con mesas redondas en las que se agrupan trabajadores según departamentos. Los muebles de archivo son bajos y no hay muchos papeles rodando por las mesas. Hay varias mesas más pequeñas por la sala que parecen servir para discutir asuntos diversos. Las plantas diseminadas por la sala están verdes y bien cuidadas. La luz natural entra a raudales por ventanales enormes con estores blancos.
Pero lo que me la puso morcillona fue que todos, todos, absolutamente todos los equipos de la oficina eran iguales. Una plataforma tan homogénea, y tan nueva, con sus sistemitas operativos tan iguales, tan actualizaditos… Un suelo técnico de verdad, entero, sin placas rotas, sin cables saliendo de donde no deben. Todo está bien hecho. Lo único que está encajonado son las impresoras, inteligentemente alejadas de las zonas de trabajo para que el ruido de operación no moleste a los trabajadores. Hostias, si es que estoy viendo a uno poniendo papel como si no le costase trabajo. ¡Esto es una puta locura!
-Oye, Bacpac, ¿tú cuánto tiempo llevas aquí de informático?
-Oh, un mes o así.
-Oh. Ya. Entiendo. ¿Estás solo?
-Sí, $Hyperboss me preguntó si podía con esto yo sólo y despidió al otro informático.
Esta maravilla no podía ser obra de este mentecato. Ahora ya me quedo más tranquilo. No todo está del revés hoy. No sé qué hubiese pensado de mi intuición femenina si me hubiese equivocado con este engendro semihumano.
Me lleva al final de la oficina y enfilamos un pasillo. Justo antes de entrar, escondido tras un biombo con ruedas hay una mesa que parece un revolcadero de monas sobre la que domina el paisaje un puto iMac Pro con sus 27 pulgadas de puro exceso.
-Y esta será tu mesa, supongo.
-Tengo buen gusto para los ordenadores, ¿eh?
-El mismo que para las motos.
-Sí…
Ahí le tienes. Un tío que no tienen ni puta idea, con un cuñado forrado, aprovechando el buen trabajo que hizo otro y el pobre padece el síndrome del impostor invertido.
Creo que no conozco a ningún compañero de profesión bueno de verdad que no padezca el síndrome del impostor en uno u otro grado. Algunos incluso tienen sus negocios y sé que lo pasan realmente mal cuando tienen que facturar a sus clientes porque no creen merecer ese dinero. Lo que hacen les resulta fácil, u obvio, o simplemente rutinario y no le dan valor ninguno. Y son auténticos genios. Gente que te levanta una empresa completa de cien puestos en dos jornadas, que te entrega un desarrollo a medida casi sin necesidad de correcciones en días y aún no se valoran. Tíos que saben sin la cafetera anda baja de presión por SNMP y monstruos de la robótica que te montan autómatas increíbles en tiempos absurdos.
Pero Broderinlau Bacpac instala el driver de la impresora y se toma tres días libres extenuado. Para él programar es poner un acceso directo en el directorio de inicio del usuario local de Windows. Para él monitorizar significa poner una segunda pantalla al ordenador. Y aquí está, guiándome hacia la habitación donde guardan los servidores.
-Es por aquí, Wardog.
Le sigo por el pasillo y abre una puerta a la izquierda. El aire frío del aire acondicionado se vierte en el pasillo y pasamos.
Lo primero que echo en falta es ruido. Todo está apagado. El rack, pulcramente situado centrado en una pared para poder trabajar bien por tres lados no emite ningún ruido. Es el ruido que más miedo da a un sysadmin. Sólo el leve zumbido del SAI se eleva sobre el ominoso silencio.
Abro la puerta del rack, abro el gancho de la bisagra y retiro la puerta.
-¡Ostras! ¿Sabías que eso se puede hacer?
-¿Tú no?
-Eh… claro, por supuesto. Se nota que eres bueno.
Buenísimo. Sé quitar la puerta de un armario.
-Veamos. Hay dos servidores. ¿Por qué?
-No sé, aún no me he puesto con eso-. Claro. Estabas con el Mac de quince mil pavos. Es normal. Qué va a hacer un sysadmin sabiendo qué hacen sus máquinas-. Pero el que está roto es este.
-Vale, veamos…
Tiro de la consola, que estaba plegada y enciendo el monitor.
-¡Hostias! ¿Y eso? ¡Qué chulo! ¡Yo tuve que conectar un monitor y un teclado!
-¿Has visto? Dime contraseñas, anda.
Arranco el equipo averiado para ver qué le pica. Arranco el otro servidor para ver qué hace. El servidor averiado se queja de un disco. Igual el que tiene la luz roja encendida. Igual, ¿eh? Tiro del clip y saco la unidad para examinarla.
-¿Cómo has hecho eso?
-¿Hacer qué?
-Sacar el disco.
-Telequinesis. ¿Tú como los sacas?
-No, fuera de broma. Yo saqué el servidor así- dice mientras tira de él hacia afuera y se desliza sobre sus raíles- levanté esta tapa y no vi por dónde meterles mano.
-Tío, pulsar, bajar y tirar. De toda la vida.
-Anda. Que los discos son eso. Yo pensaba que era sólo para ventilación.
-Sí, ventilación. Sí sopla fuerte el aire aquí.
-Y qué pequeñitos son, ¿no? ¿Ahora los ponen de portátil?
Sorpresa, llevo un disco compatible en la mochila, sólo que no comparten caddy, pero eh, habiendo destornilladores… Dos minutos después el servidor estaba arrancado y reconstruyendo el RAID. Qué suerte que en previsión de que el Karma me había advertido había cogido un disco de cada de los que tenemos para nuestros servidores y uno de cada de los que habíamos retirado y aún funcionaban. Como treinta discos traigo. Y pesan.
-¿Qué estás escribiendo, Wardog?- me pregunta Bacpac por encima del hombro.
-Estoy entrando en comunión con este sistema. Por favor, respeta este momento.
Un vistazo por encima me dijo que no le pasaba nada, que no se estaba colgando, sino que mostraba el error de disco e iba más lento porque es un RAID 5 y estaba tirando de información de redundancia. Ya. Se acabó la crisis. Miro el otro servidor. Es idéntico al que acabo de reparar. Idéntico. Un poco más de investigación me dice que son gemelos y que se replican para que si uno muere, el otro se ponga en marcha. Ha parado la oficina por inútil. Típica configuración con failover impresionante para una oficina de 30 personas.
-¿Y cuánto tiempo dices que has tenido esto apagado?
-Nada, ni una semana. Cada vez que lo arrancaba salía ese error, y para prevenir males mayores, apagué todo. Hay que asegurar.
-Hay que asegurar. Ya. El servidor ya funciona. Por favor, avisa al personal que pruebe si todo está correcto. Es posible que vaya lento durante unas horas mientras reconstruye la información del disco, pero ya pueden empezar a trabajar.
-OK, voy a decírselo.
Espero a que salga por la puerta y cierro. Marco el móvil de $Hyperboss.
-Dime, Wardog.
-Que esto ya funciona.
-¿Y qué era? Seguro que una chorrada.
-Sí, un disco duro roto. Lo he cambiado.
-Vale.
-Oiga, esta empresa tiene una pinta estupenda, por lo menos la oficina. El informático que montó todo esto es un artista.
-¿Tú crees?
-No hay más que verlo. Está todo perfecto. Todo.
-Entonces, ¿Broderinlau está haciendo un buen trabajo?
-Su cuñado es un inútil.
-¡Wardog!
-De verdad, $Hyperboss, yo no sé en qué estaba usted pensando cuando despidió al otro informático para dejar sólo aquí a su cuñado. ¿Por qué ha hecho eso? Los dos sabemos que su cuñado no está capacitado para esto. Le ha dejado el mantenimiento de un submarino a un tío que sabe cambiar el tubo de escape a un Vespino.
$Hyperboss guarda silencio unos instantes.
-Mira, Wardog, yo quiero mucho a mi hermana, y ella al mentecato de su marido. Ella cree que es un genio y él no hace más que entrar y salir de empresas cada dos meses.
-Vaya. Qué triste.
-De verdad, Wardog, que esto quede entre tú y yo. Es un inútil, pero también un vanidoso y es incapaz de admitir que no tiene ni idea. Si le di el reloj este del iPhone para configurar y lo único que consiguió fue que no arrancase, se quedaba la pantalla congelada.
-Qué crack.
-Lo que te pido es que por favor le enseñes, que se pueda defender para que tenga un sitio fijo para trabajar y mi hermana siga siendo feliz creyendo que su marido es el director de informática de una empresa que por fin le valora.
-Ya. Que le enseñe.
-No te pido que le enseñes todo, sólo lo necesario para que no la cague, ¿me entiendes?
Que no le enseñe todo. ¿Por qué todos los que no están en informática creen que se puede cuantificar el conocimiento? ¿Creen que se traspasa como se traspasa una carpeta? ¿Creen que la arquitectura de una red se entiende en cinco minutos? ¿Que no hay particularidades? ¿Procedimientos? ¿Creen que no hay conocimientos técnicos básicos que se adquieren durante años de aprendizaje fuera y dentro del mundo laboral? Yo no entiendo ese concepto de «no enseñarlo todo». No lo entiendo.
-Perfectamente.
-Gracias, Wardog. De verdad, esto es muy importante para mi. Te pago los días que estés ahí al triple, dietas, lo que quieras, pero que no tenga que echarle, por favor. No quiero que mi hermana se caiga de su nube, es una mujer muy sensible con el tema de su marido.
-No se preocupe, $Hyperboss. Y por el dinero descuide, hoy mismo le enseño todo lo necesario para mantener esto sin liarla.
-¿De verdad?
-De la buena.
Qué triste. Una mujer enamorada de la imagen que proyecta un mentecato. Más triste aún Bacpac, vagando por el mundo haciendo ver que es quien no es, y más aún, sin darse cuenta.
Bacpac regresó por fin de avisar a todo el mundo, venía sonriente. Seguro que les ha dicho que por fin lo ha arreglado.
-Ya está todo el mundo trabajando, genial, Wardog. Ojalá hubiese tenido yo un disco de esos antes.
-Ya, el disco. Claro. El disco. Ojalá los vendieran en las tiendas de Apple, ¿eh?
-Ya ves.
Inmune al sarcasmo.
-Mira, Bacpac, he hablado con $Hyperboss y me ha pedido que te guie un poco… en la administración de sistemas, que te enseñe un poco cómo va todo esto de la informática de mayores.
-No, si no hace falta, Wardog, ya me apaño yo bien.
-No. Mira, te explico. Eres el sysadmin de una empresa absorbida. Yo soy tu jefe. $Hyperboss es mi jefe. ¿Hasta aquí todo bien?
-Pero es mi cuñado.
-Vale. Pero cuñado no aparece en el organigrama. Así que vamos a tu mesa que te explico.
Vamos hacia su mesa y me siento ante el pantallón del Mac. Coloco el teclado, el ratón y el pad. Con los antebrazos arrojo el resto del contenido de la mesa al suelo, primero el derecho y luego el izquierdo.
¿Qué haces?
-Primero de todo, orden.
-¿Pero quién te has creído que eres?
-Tu dios.
-¡Ja!
-Já. Yo soy lo que te separa de cagarla tan fuerte que te tenga que despedir tu cuñado.
-¿Y eso quién lo dice?
-El que ha visto que has apagado en caliente más de veinte veces un servidor de treintamil euros porque te estaba avisando de un fallo en un disco duro redundado. Ese. ¿Quieres que te lo explique tu cuñado?
Se lo piensa con el móvil en la mano. La oficina está extrañamente silenciosa.
-A ver dime, qué tengo que hacer.
-Enséñame la documentación de la red y las contraseñas.
Recoge una carpeta del suelo y me la da. La ojeo. Me la guardo en mi mochila.
-Y ahora los ficheros de estas impresiones. ¿Sabes dónde están?
-Sí, claro. Entra aquí- me dice señalando en su pantalla. Me va guiando hasta los ficheros que documentan la red y contienen las contraseñas de administración. Compruebo que corresponden con la documentación impresa, los subo a un servidor de Suprakillminds y a continuación los borro.
-¡Pero qué haces!
-Preparando la clase. Un segundo.
Creo un usuario para mi y otro para El Máquina II con superpoderes. Cambio la contraseña de root y de administrador en todos los servicios y sorprendentemente no explota nada. El informático anterior es para darle un abrazo, joder. Degrado el usuario de Bacpac a lo más rastrero que puedo. Cierro sesiones y me levanto.
-Siéntate que empieza la clase.
Se quita por fin la mochila y se sienta. Pues no tiene chepa. Me mira con los brazos cruzados.
-Mira, tú no quieres que te enseñe y yo no tengo ganas, así que vamos a hacer esto rápido. Ésto- le digo delimitando con los dedos el espacio comprendido entre la pared y el biombo- es tu espacio de trabajo. Única y exclusivamente. No puedes tocar nada fuera de aquí. No puedes tocar ningún servidor. No puedes tocar la distribución de la red. No puedes cambiar un puesto de sitio. No puedes instalar ningún tipo de software. No puedes contratar internet con otro proveedor que no sea el actual. No puedes ni pinchar un pendrive en ningún ordenador. Puedes navegar por Internet, ver las noticias y escribir tus memorias. ¿Alguna duda?
-¿Y si se rompe algo?
-Nos lo dices. O contratas a una empresa local y te inventas una avería gravísima. Nadie te va a reclamar nada.
-Ya, claro. Como que $Hyperboss es tonto y va a pagar a una empresa estando yo aquí. Él no tira el dinero.
-Eso creía yo, pero tienes quince mil euros encima de la mesa y no ha pestañeado siquiera.
-¿Entonces, qué es lo que puedo hacer?
-Venir a trabajar, tomar café, conseguir que otros se coman tus marrones e irte a tu casa con el deber cumplido. Ya eres director ejecutivo del departamento de informática de Hold & Caust. ¡A que es acojonante!
Cojo mis cosas y me encamino a la salida. Pero recuerdo una cosa más…
-Oye, Bacpac, una curiosidad. ¿Qué llevas en la mochila?
-¡Ah! Vas a flipar. Mira, mira… Aquí lo tienes- dice sacando un portátil,- una maravilla. Diecisiete pulgadas, Intel Xeon, sesenta y cuatro gigas de RAM, disco SSD de un Tera…
-¡Ja! ¡Lo sabía! ¡Pichacorta!
Me alejé con una sonrisa de oreja a oreja de su mesa dejándole con cara de desconcierto. Marqué el número de $Hyperboss.
-Dime, Wardog.
-Hecho.
-¿Ya?
-Ya.
-¿Tan pronto? ¿Qué has hecho?
-Le he nombrado director ejecutivo del departamento de informática.
-O sea, que le voy a pagar el sueldo para que otro haga el trabajo.
-Es usted un lince.
-Bueno. A la larga me sale barato.
-Tampoco se fíe. Algo me dice que el Karma aún no ha cobrado.
-¿Qué dices?
-Nada, nada, cosas mías…
Tengo un miedo atroz.
Un viernes, al llegar a la oficina y abrir el correo electrónico vi que tenía un mensaje de $Hyperboss con el simbolito de alta prioridad, el asunto en mayúsculas y letras coloreadas en rojo en el cuerpo, mucha negrita y mucho subrayado. Inmediatamente cogí el teléfono.
-¿$Hyperboss? ¿Puede hablar un par de minutos?
-Claro, Wardog, dime.
-Es sobre el email que nos ha mandado. Verá, hace como un año comencé con un dolor sin importancia en una mano. Poca cosa. Una ligera molestia. Como soy un hombre ocupado lo fui dejando hasta que el dolor llegó a ser incapacitante. No podía abrir un yogur. Así que decidí ir al médico. El médico se preocupó porque no era una lesión con un origen claro. Si me hubiese caído por las escaleras podría tener una explicación. Pero como no había hecho nada fuera de lo común me mandó una batería de pruebas bastante extensa dados mis antecedentes médicos.
»Al poco tiempo empecé a pasar por especialistas que me hicieron de todo: radiografías, ecografías, tomografías, análisis de sangre, pruebas neurológicas… nada parecía dar con el origen del dolor. No había inflamación, los tendones funcionaban correctamente, el cerebro funcionaba bien. Todo lo bien que puede funcionar le cerebro de un informático.
»En una de las visitas al neurólogo, un hombre veterano, con experiencia y a la sazón muy amable, me explicaba que a veces el dolor simplemente se iba tal como había venido y que físicamente no encontraba qué era lo que me pasaba, pero puesto que todo parecía estar bien, no teníamos de qué preocuparnos. Yo le dije que para mí es muy importante poder mantener la fuerza de la mano por mi trabajo, por mis aficiones a criar niños y mi escaso gusto por el dolor. Le comenté medio en broma que mi profesor de redes nos decía siempre que si el servidor no tiene la culpa y el cliente también está bien configurado, que siguiéramos el cable.
»Así fue como mi neurólogo se dio una palmada en la frente y me mandó a una unidad del dolor para ver si los nervios del brazo funcionan como deben. ¿Ha estado alguna vez en una? Es muy divertido. A mi me tocó una prueba que consiste en clavar agujas en el músculo para buscar el nervio y pegar calambrazos para ver qué tal funciona el asunto. Ver cómo tu brazo se mueve sin que tú se lo mandes es una experiencia altamente recomendable. Por supuesto, tras una hora recibiendo descargas y firmando consentimientos, con un médico poco comunicativo que no hacía más que repetir mediciones y torcer el gesto, salí de allí con el mismo diagnóstico: todo estaba normal.
»Me tomé un café en el hospital porque yo no le tengo miedo a nada y me fui a mi casa. Por supuesto, sostener el volante mientras cambiaba de marcha me suponía el habitual pinchazo desde la parte externa de la mano hasta casi el codo. El dolor es un compañero molesto al que casi te acabas acostumbrando. Al día siguiente, después de ducharme me di cuenta al secarme con la toalla de que no me dolía la mano. Nada en absoluto. Me vestí y bajé a la cocina. Corté pan con la mano, sujeté el queso, el jamón, puse aceite de la garrafa en la botellita para hacerme la tostada y nada. Ni rastro del dolor.
»Fui entonces a la despensa y cogí dos nueces. Las estrujé con la mano casi sin darme cuenta. Ni rastro del dolor. Volví a mi médico de cabecera y me retorció la mano de mil maneras distintas. No había dolor. La fuerza había vuelto y todo estaba normal. Un total de 7 especialistas con sus asistentes y yo invertimos semanas buscando qué le estaba pasando a mi mano. Por supuesto hubo preocupación y muchas molestias por el camino. Tuve que hacer varios cientos de kilómetros, madrugar, ayunar, tomar brebajes asquerosos y recibir una buena dosis de pinchazos, además de, seguramente, unos cuantos miles de la sanidad pública. Al final, como dijo el neurólogo, tal como vino, se fue.
»Mi teoría es que uno de los calambazos-hostia de la unidad del dolor deshizo lo que estaba jodido y ahí terminó todo. Ya sabe, soy informático, seguro que tengo algún componente electrónico donde debería haber un cacho de chicha o algo. No sé, yo de anatomía sé bastante poco, la verdad. Lo importante es que ya no me duele, no hay ni rastro de aquella molestia.
»La familia me instó a que continuase las pruebas en la sanidad privada, pero yo soy de la opinión de que buscar un problema que no existe no tiene sentido, ¿verdad?
-Supongo que sí, pero, ¿por qué me cuentas todo esto?
-Por analogía.
-¿Analogía de qué?
-Permítame que le robe un minuto más. Verá. Después de aquel incidente, una noche, sentado al ordenador de casa, escribiendo tranquilamente mis chorradas por el rabillo del ojo vi una sombra pequeña escabullirse por la puerta. Miré inmediatamente y no vi nada. Al cabo de un rato volví a ver la sombra en dirección contraria. Por supuesto, cuando miré no había nada.
»Puesto que suelo acostarme tarde, nadie más en la casa vio nada parecido. Mi hermana tiene un fallo en el ojo, dice que es como si viese hormigas, o bichos, o telarañas constantemente. Enseguida pensé en que aquello podía ser genético y que me estuviese pasando a mi también. Recordé en ese momento que debido a mi afición a criar niños había sufrido en el pasado un par de lesiones en la córnea. Pero esa es otra historia. Cogí entonces un papel blanco y lo miré durante un buen rato. No veía nada raro. Ni moscas, ni hostias en vinagre. Todo bien. Me fui a costar acusando mis visiones al cansancio y a demasiado ordenador. La noche siguiente continué viendo sombras.
-¿$Hyperboss? ¿Sigue ahí?
-Sí, sí, termina, anda.
-Claro, perdone. No soy dado a creer en fantasmas, así que dejé el ordenador en el brazo del sillón y me quedé mirando fijamente la puerta. Sin hacer nada más. Estaba dispuesto a quedarme mirando fijamente la puerta hasta que la sombra pasase de nuevo. Así estuve por más de media hora. Entonces la vi: era un ratón. Un pequeño ratón gris estaba merodeando por mi casa. El animal no se dio cuenta de que le estaba mirando inmediatamente. No moví un músculo, pero entonces mi vio y salió corriendo. No pude ver hacia dónde iba.
»Las noche siguientes las pasé cerrando puertas una por una hasta que quedó clara cuál era la ruta del ratón. Iba de la cocina al trastero. Busqué en el trastero el nido y lo encontré detrás de un armario. El ratón no estaba, por supuesto. Puse trampas con comida y no las hizo ni caso. En el nido tampoco había restos de comida de la casa. Había tenido ratones antes en casa, vivo en el campo, ya sabe, no puedes dejar una puerta abierta.
»Una noche se me ocurrió dejar a los perros en el patio para que no corrieran tras el ratoncete. Puse un puñado de semillas en la puerta del salón y me senté a esperar. El ratón apareció al cabo de un rato y se quedó en medio de la puerta doble del salón. Cogió un grano de maíz con sus manitas y se me quedó mirando, sentado, sujetando su botín contra el pecho. ¿Ha leído «La milla verde»? Mierda, se me encogió el estómago y maldije no tener un carrete de hilo a mano. Le juro que ese ratón me estaba mirando a los ojos con total tranquilidad. Luego se metió el maíz en la boca y desapareció corriendo.
»Soy incapaz de matar un animal más grande que una cucaracha simplemente porque me molesten. A mi amigo el ratón no le iba a matar, pero no resulta demasiado higiénico tener un bicho de estos en casa. Como tampoco tenía claro si mi amigo el ratón tenía tetas, no quería arriesgarme a tener muchos amigos reunidos en la puerta de mi salón para comer maíz.
»Al día siguiente le preparé una putada al animalito. Compré ese pegamento que venden para atraparlos y coloqué dos tiras de cartón impregnadas en los lugares de paso. Mi confiado huésped no tardó en quedarse enganchado. Sólo una pata y un costado, Rápidamente corté el cartón y metí al bicho en un tupperware. Lo lavé con aceite y cuando se soltó, salí a la calle, caminé un buen trecho y lo solté.
»¿Pero sabe qué? La noche siguiente un ratón apareció en la puerta de mi salón y se sentó sobre sus patas traseras. Estaba despeinado y me miraba con sus dos ojillos redondos. Yo no pude descifrar su expresión, si es que un ratón puede expresar algo con la mirada. Me imaginé que me recriminaba la putada de pringarle con aceite de girasol, o que me daba las gracias por no matarle, o que se estaba disculpando por las molestias pero que prefería dormir en mi trastero a buscar una madriguera ahí fuera.
»Fuese lo que fuese, aquel canalla seguía ahí. ¿Sabe lo que eso significaba?
-¿Qué?
-Pues que no se había colado por una puerta o una ventana abierta. Tenía un paso abierto y el animal se colaba cada vez que le apetecía. Revisé las rejillas de ventilación de la cocina, los tubos de la campana extractora, desmonté media cocina hasta que vi que la tubería de desagüe tenía un agujero en la parte de arriba de un codo. Por ahí se estaba colando. Llamé a un fontanero para que cambiase la tubería en cuestión. El tío vino, se metió debajo del fregadero y reemplazó el tubo roto. Abrió el grifo y se tiró en plancha al suelo pegando la oreja a las baldosas. Acto seguido profirió el sonido más temido de un humano cuando llama a un fontanero: chasqueó la lengua. Me dijo que el ratón también había mordido por abajo y el agua del desagüe de la cocina se estaba vertiendo en la cámara de aireación que hay debajo de la casa. Fue a la furgoneta y volvió con una maleta en la mano. Sacó una cámara unida a un tubo largo de cojones y la metió por el desagüe. Al poco se veía en la pantalla encastrada en la tapa de la maleta un agujero en una curva de la tubería de desagüe. Por ahí se colaba el enano. Mi amigo el fontanero salió a por los trastos de romper cosas y abrió un boquete en la cocina hasta poder descubrir la tubería rota. La reemplazó y, una vez más abrió el grifo.
»Y se tiró de nuevo al suelo. Y otra vez chasqueó la lengua. Que el agua no corría, decía el fontanero apache. Efectivamente, poco después el fregadero dejó de tragar. Volvió a meter la cámara por el desagüe y a unos seis metros chocó con un atranco de aúpa. Se fue con la furgoneta y volvió con un compresor y una manguera de alta presión. Dos horas y trescientos euros más I.V.A. después el fontanero más eficiente que he conocido se fue de mi casa dejando el desagüe de la cocina tragando de tal manera que se te mueve el pelo cuando viertes el agua de fregar. Tiene presión negativa. Corrí a la ferretería y compré rejillas para tapar cualquier abertura de ventilación alrededor de toda la casa.
»El ratón nunca más apareció por casa. Le estuve esperando muchas noches, pero nunca más se supo de él.
-¿Has terminado?
-Sí.
-¿Y por qué me cuentas todo eso?
-¿Ha mandado usted un email a soporte pidiendo explicaciones urgentes de por qué ayer quiso imprimir en su impresora personal y no pudo y hoy sí?
-Sí.
-¿En el email exige garantía pueda imprimir siempre a la primera, que removamos Roma con Santiago si hace falta para que eso no pase cuando nosotros no estemos?
-Claro.
-Pues verá, he encontrado en uno de los servidores de ficheros unas cuantas fotografías corruptas a las que nadie ha accedido en mucho tiempo y en la copia de seguridad están bien. Puede no ser nada, o puede que sea el preludio de un colapso.
-No me irás a contar otra historieta, ¿verdad?
-No, en absoluto, pero ¿prefiere que averigüe por qué ya no le duele la mano o que dedique ese tiempo a ver si nos hace falta resolver un problema en las cañerías?
-La madre que te parió. Haz lo que tengas que hacer.
Y me colgó. Me recliné en la silla.
-¿De qué imágenes hablas, Wardog? No me habías dicho nada de ficheros corruptos.- me pregunta MKII que había estado escuchando atentamente mi conversación con $Hyperboss.
-De ninguna. Es viernes, hoy no me apetece nada. ¿Café?- MKII suelta una carcajada.
-Yo invito. Pero habrá que mirar la impresora esa en algún momento.
-Tranquilo, mando a Daisy. Esa impresora no verá otro día.
-Café y copa, Wardog. Café y copa.
Son ya muchos los meses sin escribir nada en el blog. Bueno, en realidad, son muchos los meses sin terminar ningún post, que borradores hay unos pocos. Me vais a disculpar, pero mi vida real me reclamaba por múltiples factores.
Ha habido por ahí algún achaquillo de salud que hubo que resolver. Cosas de poca monta, pero ahora tengo un papel de un neurólogo titulado que dice que mi cabeza está «normal». Lo llevo siempre en la cartera y lo enseño bastante a menudo. En el intervalo también he «sufrido» o «disfrutado» o ambas cosas a partes iguales cambios en mi trabajo de verdad, no el de Suprakillminds. Creo que muchos para bien, pero ahora me toca hacer algunas cosas muy aburridas que antes no hacía y que quiero dejar de hacer cuanto antes. Situación coyuntural, supongo. En fin. Pero que me lo estoy pasando teta por lo general.
También he tenido tiempo de reproducirme otro poco, y ya son tres veces. Tres. No veas. Y muchas noches, cuando me quiero dar cuenta los dos mayores están a mi lado hablando en voz baja:
-¡Psssst! ¡Papá y mamá ya no respiran!- dice el mediano.
-¿Ponemos la wii?- propone el mayor.
-¡Mejor sacamos los legos!
-¡O jugamos a Minecraft!
-¡O asaltamos el mueble bar, le robamos las llaves del coche y jugamos a GTA!
Porque el mayor es un friki de cuidado. Le gustan los videojuegos y leer más que a un Lucky un lápiz. Le metes en un edificio cualquiera y te lo recompone en casa con el Minecraft. En los FPS se maneja de miedo. Domina los juegos de estrategia, tiene picardía y piensa las cosas. Un crack. Todo lo lee, todo lo dibuja, todo lo quiere aprender.
El mediano, aparte de cara de cabrón, tiene cuerpo de cabrón y sombra de cabrón. Es el típico niño de los ochenta. Está siempre lleno de mierda. Da igual que lo hayas duchado hace diez segundos. En cuanto pisa la calle está lleno de hollín, las rodillas peladas y seis arañazos. Aparte, es listo como el hambre. Aprendió a leer solo, adora la música, le encanta aporrear el piano (aprenderá a tocarlo, pero no ahora), construir cosas con sus bloques de lego y por encima de todo, jugar al fútbol.
Entre los dos hacen un tándem perfecto. Salen a la calle con sus amigos, construyen «cabañas», excavan, exploran, juegan se caen, discuten, se pelean y se reconcilian. En condiciones normales se llevan demasiado bien y cada vez que les oigo planear algo me entran los siete males. Así que, después de cenar, mientras plenean si asesinar a Rajoy o quemar el océano Atlántico (pueden hacer ambas cosas), saco fuerzas de flaqueza y digo con voz autoritaria:
-¡Vengaaaa! ¡Doodo el mubdo a la gaaama yaaaaa gue es mu daaddee!- mientras me recojo la babilla.
Momento que aprovecha la enana para decir:
-¡PAAAAAAA PAAAAAA! ¡PAAAAAAAH PAAAAAAH! ¡TATATATATATATATATAAAAA! ¡TATATATATATAAA! ¿POQUÉ? ¿QUÉ? ¡CUQUIIIIII!
Seis meses tiene. Esta no sabemos cómo será más adelante. De momento grita mucho. Igual va para Sargento Vara. Es impresionante el volumen que puede alcanzar la cámara fonadora de una cosa tan pequeña. Y después de bañar, empijamar y acostar a la tribu estamos su madre y yo como para hacer un cuarto niño. Por los cojones. Morimos, fenecemos, fallecemos mucho. Cuántas veces no nos habremos hostiado con el móvil en la cara leyendo las noticias. Cuántas veces se me habrá dormido mi santa contándome las vicisitudes del día. Ni Antena 3 hace esos cortes. Cuántas noches de quedarse la enana dormida en la teta y tener que desengancharla con palanqueta y agua caliente.
Así pasa, que por las mañanas no hay un dios que nos mueva. Y luego vuelta otra vez a trabajar, domar niños, jugar con niños, intentar sobrevivir y hacer algo de vida de pareja (¡JAAAAAAAJAJAJAJAJAAAA!). El fin de semana es para ellos, por supuesto.
Menos mal que la Chuchi, en su infinita paciencia ha sacado tiempo y recursos para por lo menos, salir unos días de vacaciones por ahí, a tomar por culo, con un turismo, tres sillas para tres niños y cuatro maletas. Yo no sé cómo lo hace. Es magia.
Los niños pasan la mañana con los abuelos mientras los mayores vamos a hacer el gilipollas trabajar. Como ya saben leer y escribir de sobra (el mediano tiene 5 añitos recién cumplidos) les hemos regalado sendas tabletas. Nos pueden llamar por hangouts si necesitan algo ( o para mandar un beso) y por supuesto, están hasta arriba de juegos.
Se manejan muy bien con la tecnología e intentamos educarlos en netiqueta, seguridad y uso responsable. Y van pillando conceptos poquito a poquito. Se ponen auriculares si están con más gente, escriben correctamente, completando las palabras, sin faltas de ortografía (dentro de que cabe, pobrecitos míos), en minúsculas, piden permiso para jugar online, no chatean con nadie sin preguntar, jamás dan sus nombres reales ni su dirección, etc. Lo del uso responsable en cuanto al tiempo que quieren pasar con los cacharros es lo que peor llevan. Viven en una casa llena de tecnología. Yo estoy empeñado en que la aprendan a usar durante unos límites de tiempo razonables, que sea algo natural y no el objeto de su tiempo. Y me está costando mucho. Además, los pobres tienen un poquito de pelusilla con la hermana pequeña, que requiere unas cuantas atenciones más, y se ponen respondones.
Después de muchos enfados he probado lo siguiente:
Pero creo que he encontrado la técnica definitiva: atacar a la experiencia de uso.
He hablado con ellos y se lo he explicado. Según se porten, así les funcionará la wifi de bien o de mal. Tres reglas en el router (aparte de los típicos controles parentales) para cada niño. Si se portan bien, pueden usar la red wifi a 30Mbps cada uno. Pueden ver vídeos, jugar online, poner su música o lo que quieran decentemente.
Si no hacen caso a la primera, retrasan sus responsabilidades, rezongan demasiado o contestan mal, la velocidad cae a 3Mbps. Las cosas se les complican, saben que tienen que portarse bien o seguirán sufriendo una red lenta. Pero aún pueden crear un servidor de Minecraft local y jugar medio bien.
Si se portan mal, se pelean, se gritan, se faltan al respeto o se enfurruñan y se niegan a todo, su conexión wifi pasa a tener un límite de caudal de 8kbps. Las cosas funcionan. Pero todo es tan lento que terminan por levantar la cabeza de la tableta y atender al mundo real.
Los pobrecitos míos han respondido de maravilla a este método. No les prohíbo usar sus dispositivos, pero claro, a 8Kbps no pueden hacer apenas nada online. Son niños de los ochenta para jugar en la calle, pero unos sibaritas del ancho de banda.
Sé que aún es un método coercitivo, pero al menos ellos obtienen una experiencia de uso acorde a su buen o mal comportamiento y se autoregulan. Les encantan sus tabletas y a mi me encanta que las usen.
Lo bueno es que no dejan de jugar a cosas de niños: hostiarse con espadas de goma, jugar con la pelota, montar en bici, hacer barro, construir cosas, inventar historias, qué sé yo. Si el mayor hasta ha escrito cinco libros de cómic (basados en El Señor de los anillos, Vengadores, Minecraft, Clash Royale o Don Quijote de La Mancha). El mediano ha aprendido a conducir una cosechadora. Cosas de niños.
Y eso. Que entre que el trabajo me deja poco tiempo libre, que el poco que tengo lo disfruto con la familia, el BOFHing-Supernanning doméstico y mantener una higiene adecuada para las convenciones sociales actuales (suelo elegir ducha a desayuno), me queda muy poco tiempo para escribir.
No obstante, me encanta escribir y no lo he dejado de hacer. Ni pienso dejarlo. Si no he publicado ha sido porque el borrador no es lo suficientemente bueno, porque el sueño me hizo perder el hilo de lo que estaba escribiendo o porque en ese momento me apetecía escribir otras cosas (MWAAAAHAHAHAHA!).
En realidad no puedo dejar de escribir. Me hace falta. ¿Sabéis esa sensación angustiosa de tener algo pendiente por hacer y que no te llegue el tiempo, que siempre lo vas dejando para más adelante? ¿Esa sensación que se hace bola y se enquista entre el estómago y la garganta para que sepas que tu obligación está ahí, que te está esperando? Pues así me siento cada vez que me retraso al publicar algo decente. Y es un asquito.
Así que este minipost disculpa-excusa-explicación va para que sepáis que sigo aquí, que estoy vivo, que estoy casi entero, y que volveré pronto. Creo.
Este post ha reducido muy poquito la bola de angustia.