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COP31: un nuevo escalón en el largo y sinuoso camino de las cumbres del clima

La COP31 que arranca la próxima semana en Antalya (Turquía) supone un paso más en la enmarañada historia de las cumbres del clima, que ha pasado por sucesivos altibajos a lo largo de los años pero aún mantiene viva la negociación global en torno al cambio climático.

Esta Conferencia de las Partes no es la única auspiciada por la ONU: también existen las COP de la biodiversidad -que finalizó el 31 de octubre en Ereván (Armenia)- y la de desertificación -en agosto en Ulán Bator (Mongolia)-, pero sí la más conocida debido a la trascendencia del tema central y los acuerdos alcanzados, a menudo frágiles.

Su misión ha sido, tradicionalmente, aprobar medidas para reducir emisiones de gases de efecto invernadero, adaptarse al cambio climático y apoyar a los países más vulnerables; su gran obstáculo, los desacuerdos a la hora de gestionar el final de los combustibles fósiles y su principal inconveniente, la insuficiencia de recursos financieros.

Más dinero

De hecho, el gran desafío -incompleto- de las últimas cumbres, y especialmente de la próxima, ya no consiste en diagnosticar o fijar metas sino en ser capaces de trasladar acuerdos a la economía real.

La clave final será, como siempre, cuánto dinero puede moverse ya que, como explican especialistas de entidades financieras como Eduardo Gracia Martín-Duarte, experto de riesgo climático en CaixaBank, las decisiones tomadas en COP “orientan las políticas que después desarrollan los gobiernos” para impulsar cambios regulatorios “que ofrezcan un marco más estable para la inversión”.

Sólo con unas políticas sólidas “el sistema financiero puede canalizar recursos hacia proyectos viables y valorar los riesgos que acompañan a una transformación de largo plazo” además de “mantener un diálogo con las empresas para comprender su situación y conocer sus estrategias de descarbonización”.

Cumbre global

Europa ha sido la gran anfitriona de cumbres climáticas en 14 ocasiones: Bonn (3 veces), en Berlín, Ginebra, La Haya, Milán, Poznan, Copenhague, Varsovia, París, Katowice, Madrid y Glasgow.

América ha asumido la organización en otras 6 ocasiones -Buenos Aires (2 veces), Montreal, Cancún, Lima y Belém-, igual que Asia -Kioto, Nueva Delhi, Bali, Catar, Dubai y Bakú- y África, en 5 -Marrakech (2 veces), Nairobi, Durban y Sharm El Sheij.

La COP31 será la primera en la que un país de Oceanía -Australia- participe en la organización aunque físicamente se desarrolle a medio camino entre Europa y Asia -Turquía-, certificando así su carácter de cumbre global.

Para las ong ecologistas pero también para otras como Amnistía Internacional (AI), este “inusual reparto de funciones” implica “una gran responsabilidad” para ambos países a los que pide “no escudarse el uno en el otro para desviar la atención de su falta de acción”.

En el caso de Turquía, AI denuncia su “persistente dependencia respecto del carbón y su apuesta por el gas fósil” mientras que Australia “debe afrontar la contradicción de dirigir las negociaciones climáticas y al mismo tiempo seguir apoyando la extracción y el uso de combustibles fósiles”.

Sube y baja

Entre los grandes hitos de la COP destaca la inauguración de Berlín en 1995, el Protocolo de Kioto acordado en esta ciudad japonesa en 1997 que planteó por primera vez la obligación de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, especialmente, el Acuerdo de París suscrito a raíz de la cumbre en la capital francesa en 2015.

Otro momento exitoso fue la COP25 de Madrid en 2019 que mostró la capacidad de España para salvar las negociaciones climáticas organizando en apenas mes y medio un foro que en principio iba a desarrollarse en Brasil, luego en Chile y, a punto de suspenderse, acabó en la capital española.

Hubo cumbres que pasaron sin pena ni gloria, como la de 1999 en Bonn, muy técnica, o la de Katowice en 2018 que tampoco llegó muy lejos tras la salida de EEUU del Acuerdo de París, pero también suspensiones como la de 2020, cuando el Covid19 obligó a retrasar un año la conferencia que finalmente se celebró en Glasgow al año siguiente.

Otras fueron criticadas como la de 2006 en Nairobi, donde se acuñó la expresión “turistas climáticos” para describir a algunos delegados más interesados en apuntarse a safaris fotográficos que a duras sesiones de trabajo, o la de 2024 en Bakú, donde los países en desarrollo consideraron “un insulto” el acuerdo final.

En los últimos años, el mayor reproche más allá de la lentitud en el avance de negociaciones ha sido la creciente presencia de delegados de la industria de combustibles fósiles.

Augurios nefastos

La compleja situación geopolítica y los últimos estudios climáticos no favorecen el optimismo y así lo ha señalado en varias ocasiones el secretario general de la ONU, António Guterres, con duras e incluso lúgubres expresiones.

En años pasados anunciaba “el comienzo de la era de la ebullición global” acusando a la humanidad de “abrir las puertas del infierno” y dejar al planeta “al borde del abismo” y, en declaraciones del pasado mes de octubre proclamaba que mantener las ayudas a los combustibles fósiles significaba “subsidiar el suicidio”.

De hecho, la ONU ha reconocido recientemente por vez primera la imposibilidad real de frenar la subida global de temperaturas más allá del 1,5 ºC respecto a la era preindustrial, planteada en el Acuerdo de París.

Antalya dirá si todavía es posible encauzar la situación climática.

© Ilya U. Topper

Imagen del recinto donde se celebrará desde el 9 de noviembre la cumbre del clima COP31 en Antalya (Turquía). EFE/Ilya U. Topper
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Perú aprueba estudios ambientales para construir el puerto de San Juan de Marcona

Las autoridades de Perú aprobaron los instrumentos de gestión ambiental para la construcción del nuevo Terminal Portuario de San Juan de Marcona, con lo que se alcanzó “un importante hito” para avanzar en la ejecución de un proyecto en el que se planea invertir más de 400 millones de dólares, informaron este jueves fuentes oficiales.

La Agencia de Promoción de la Inversión Privada (Proinversión) señaló en un comunicado que los instrumentos fueron aprobados por el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace).

La decisión comprendió la certificación del Estudio de Impacto Ambiental detallado (EIA-d) y la conformidad de tres Informes Técnicos Sustentatorios (ITS), lo que “refleja el avance técnico del proyecto y la incorporación de mejoras a su ingeniería, bajo el cumplimiento de la normativa ambiental vigente”, anotó la agencia.

También se establecieron las medidas de prevención, control y mitigación de posibles impactos sobre el entorno marino y terrestre, con lo que se garantiza que el desarrollo de la infraestructura considere la protección del medio ambiente.

“Este avance representa un paso importante para concretar un terminal portuario moderno y eficiente, que contribuirá a fortalecer la infraestructura logística y comercial del sur peruano”, remarcó Proinversión.

🗞️ #NotaDePrensa | El Terminal Portuario San Juan de Marcona alcanzó la aprobación de sus instrumentos de gestión ambiental por parte del Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (@SenacePeru), un importante hito para avanzar hacia su… pic.twitter.com/IGj3xVlPKk

— PROINVERSIÓN Perú (@ProInversionPe) November 5, 2026

El pasado 24 de septiembre, la minera china Shougang Hierro Perú firmó un convenio con Proinversión para facilitar la entrega del terreno para la construcción del terminal portuario a la concesionaria del proyecto, San Juan Port.

Este acuerdo fue considerado un paso decisivo para reactivar una inversión de 404.8 millones de dólares y concretar una nueva conexión logística para el sur del país, dado que Shougang se comprometió a no ejercer ni oponer derechos derivados de sus concesiones mineras dentro del área del proyecto.

El contrato de concesión con San Juan Port, perteneciente al grupo chino Jinzhao, se firmó el pasado 31 de marzo, pero quedó suspendido el 16 de abril debido al impedimento para entregar el área del proyecto.

Al respecto, el ministro de Transportes y Comunicaciones, José Angello Tangherlini, señaló que la firma del convenio con Shougang era un paso decisivo para impulsar la inversión y avanzar hacia la ejecución del nuevo terminal, que se considera que beneficiará a 29 provincias y 280 distritos de las regiones sureñas de Apurímac, Arequipa, Ayacucho, Ica y Cusco.

El proyecto contempla un fondo social equivalente al 3% de sus ingresos brutos, destinado a actividades sociales en el distrito de Marcona y la provincia de Nazca, en la región Ica, donde se desarrollará.

La obra tendrá dos muelles, tres amarraderos y equipamiento especializado para atender carga a granel, carga general y contenedores, además de facilitar la salida logística de proyectos mineros del sur del país y contribuir a generar empleo durante su construcción y operación.

Los instrumentos fueron aprobados por el Servicio Nacional de Certificación Ambiental para las Inversiones Sostenibles (Senace). Imagen de @ProInversionPe
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