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Prevención sísmica: una inversión que Panamá debe hacer hoy

29 September 2026 at 21:15

El pasado 8 de septiembre, la Universidad Tecnológica de Panamá fue escenario del foro “Ingeniería y riesgo sísmico: construyendo un Panamá resiliente”, un espacio de reflexión y análisis que reunió a especialistas para abordar una pregunta que, como país, no podemos seguir postergando: ¿estamos realmente preparados para enfrentar un sismo de gran magnitud?

Panamá no es un país ajeno a la amenaza sísmica. Nuestro territorio se encuentra en una zona de compleja interacción tectónica, vinculada a las placas del Caribe, Cocos, Nazca y Sudamérica. Esta configuración genera una amenaza sísmica que varía según la región, pero que no debe ser subestimada.

La historia nos ofrece una advertencia contundente. El 7 de septiembre de 1882, un sismo de gran magnitud produjo graves daños en Panamá y Colón, afectando edificaciones, el ferrocarril y otras estructuras. El evento también generó un tsunami que causó numerosas víctimas en el archipiélago de Guna Yala. Otros sismos fuertes han afectado distintas regiones del país, recordándonos que esta amenaza no pertenece únicamente al pasado.

Frente a esta realidad, Panamá cuenta con una herramienta fundamental: el Reglamento Estructural Panameño (REP). Su desarrollo tiene antecedentes en los primeros reglamentos estructurales de la década de 1980. El REP-84 constituyó un importante paso para establecer criterios técnicos obligatorios para el diseño y la construcción de estructuras en el país. Desde entonces, esta normativa ha evolucionado mediante sucesivas actualizaciones, hasta llegar al REP-2021, actualmente vigente.

Pero disponer de una buena normativa no es suficiente. Es indispensable cumplirla rigurosamente. El diseño y la construcción de una estructura segura requieren profesionales competentes, materiales adecuados, supervisión efectiva y una fiscalización que garantice que lo proyectado en los planos se convierta realmente en una construcción que cumpla con las especificaciones.

Uno de los temas abordados durante el foro fue precisamente el diseño sismorresistente de edificios en Panamá. Sin embargo, hablar de seguridad sísmica no puede limitarse al diseño de edificios nuevos. Una parte importante de nuestra población vive en viviendas unifamiliares, algunas de las cuales fueron construidas sin la supervisión técnica adecuada o han sufrido modificaciones riesgosas a lo largo de los años.

De allí surge, precisamente, la importancia de prestar especial atención a la vulnerabilidad sísmica de la vivienda unifamiliar. Elementos como la adecuada conexión entre paredes, vigas y columnas de amarre, la calidad de los materiales, la configuración estructural y las condiciones del suelo pueden marcar una diferencia fundamental durante un sismo.

De igual forma, debemos continuar fortaleciendo el conocimiento de nuestra amenaza sísmica y de las características de nuestros suelos. El mismo terremoto puede producir efectos muy diferentes, dependiendo de las condiciones geotécnicas del terreno. Por ello, la caracterización de los suelos y el conocimiento de la amenaza sísmica local son indispensables para tomar mejores decisiones de diseño y de planificación urbana.

Otro componente esencial es el Programa de Instrumentación Sísmica (PINS), administrado por la UTP. Los instrumentos instalados en edificaciones y estaciones sísmicas permiten registrar cómo responden los suelos y las estructuras ante los movimientos sísmicos. Esta información es fundamental para mejorar nuestros conocimientos y fortalecer nuestras normativas para el diseño y la construcción resilientes.

En este sentido, es importante indicar que la resiliencia sísmica va mucho más allá de evitar que un edificio colapse. Un Panamá resiliente necesita ciudadanos informados, hospitales y otras instalaciones esenciales preparadas para continuar funcionando, sistemas adecuados de alerta y comunicación, rutas de evacuación conocidas y planes de emergencia practicados. Una estructura que permanece en pie después de un terremoto es un logro importante; una ciudad capaz de mantener sus servicios esenciales y recuperarse rápidamente representa un nivel superior de resiliencia.

Alcanzar ese objetivo requiere que todos asumamos nuestra responsabilidad. El Estado debe fortalecer la fiscalización, actualizar permanentemente las normas y garantizar que los procesos de aprobación, inspección y supervisión sean efectivos. Los ingenieros y las empresas constructoras tenemos la responsabilidad de mantenernos actualizados, aplicar correctamente las normativas y colocar la seguridad de las personas por encima de cualquier consideración económica o de corto plazo. Y los ciudadanos debemos informarnos, conocer cómo actuar durante un terremoto y participar activamente en los planes de emergencia.

Esta tarea no puede desarrollarse de manera aislada. Necesitamos fortalecer la colaboración entre los comités consultivos, el Estado, las universidades, los profesionales, la industria de la construcción y la sociedad. Debemos trabajar en un plan nacional para reducir la vulnerabilidad de nuestras estructuras y, con ello, disminuir el riesgo sísmico de Panamá.

Los terremotos no pueden evitarse. Tampoco podemos saber exactamente cuándo ocurrirá el próximo gran sismo. Lo que sí podemos decidir es qué tan preparados estaremos cuando ocurra. Por eso, la prevención sísmica no debe verse como un gasto que podemos posponer. Es una inversión en vidas humanas, en infraestructura, en nuestra economía y en el futuro del país.

Y esa inversión debemos hacerla hoy, no después de que ocurra una tragedia.

El autor es profesor de Ingeniería Civil en la Universidad Tecnológica de Panamá.

Las réplicas del terremoto de Colombia ‘pueden durar años’, advierte la autoridad sísmica

29 September 2026 at 10:30

Las réplicas del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia el 10 de agosto “pueden durar días, semanas, meses, incluso años”, explica a EFE Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional del Servicio Geológico Colombiano (SGC).

El experto explicó que después de un terremoto de esa magnitud es normal que se produzca “un pico de actividad” como el que registra Colombia estas semanas, debido al reajuste de los esfuerzos geológicos tras la liberación de una gran cantidad de energía.

“Lo normal es que tengamos un pico de actividad sísmica posterior”, señala Tovar, quien precisa que los movimientos posteriores suelen reducir progresivamente su magnitud, pasando de sismos mayores a otros de menor intensidad hasta que la zona se estabiliza.

En Colombia, sin embargo, la actividad posterior al terremoto de agosto no se limita a las réplicas, porque la Red Sismológica Nacional ha detectado también un enjambre sísmico en el departamento de Chocó y una secuencia de movimientos en Chaparral, en el departamento del Tolima.

El SGC considera que actualmente existe un pico de actividad sísmica “por fuera del promedio” que normalmente se registra en el país, donde todos los días ocurren movimientos, aunque la mayoría no llegan a ser percibidos por la población.

La incógnita de Chaparral

Uno de los focos que actualmente estudia el SGC está en Chaparral, donde se han registrado sismos de hasta magnitud 4.5 y a profundidades inferiores a 30 kilómetros, lo que hace que estos movimientos sean ampliamente sentidos por la población.

El organismo maneja como hipótesis preliminar que el terremoto del 10 de agosto pudo alterar los esfuerzos geológicos en diferentes regiones del país y que esto podría estar relacionado con la actividad que se observa en Chaparral.

“Esta es una hipótesis que tenemos por ahora preliminar”, apunta Tovar, quien explica que el SGC continuará monitoreando la evolución de estos eventos para determinar si existe efectivamente una conexión entre el terremoto de agosto y la actividad actual en el Tolima.

La poca profundidad de los sismos de Chaparral ayuda a explicar por qué, pese a tener magnitudes inferiores a las del terremoto de agosto, son ampliamente percibidos por la población, sensibilizada aún por la tragedia.

Según Tovar, cuando los movimientos ocurren a menos de 30 kilómetros de profundidad, la energía liberada no alcanza a disiparse antes de llegar a la superficie.

Un país sísmicamente activo

Colombia es un país sísmicamente activo por la interacción de las placas de Nazca, Suramericana y Caribe, además de las numerosas fallas geológicas presentes en su territorio.

El país ha registrado a lo largo de su historia terremotos de gran magnitud, entre ellos el de Tumaco de 1906, de magnitud 8.8 y que generó un tsunami, además de los ocurridos en las ciudades de Popayán y Armenia, en 1983 y 1999, respectivamente.

Tovar recuerda que actualmente no existe en Colombia ni en ninguna otra parte del mundo una tecnología que permita predecir los terremotos. Lo que sí es posible es identificar, a partir del registro histórico, las regiones donde estos fenómenos han ocurrido y donde volverán a presentarse.

Por ello, insiste en la importancia de la prevención, desde asegurar cuadros, repisas y otros objetos que puedan caer durante un movimiento hasta establecer planes familiares y puntos de encuentro ante posibles fallos en las comunicaciones.

Los registros de la Red Sismológica Nacional sirven además como insumo para los mapas de amenaza sísmica y, a partir de estos, para las normas de construcción sismorresistente.

© Carlos Ortega

El terremoto del 10 de agosto en Colombia dejó cerca de 330 fallecidos y más de 4,500 heridos. EFE/Archivo
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