El dividendo de la realidad
En 2026 se podían fabricar rostros y voces. En el supermercado, los votantes seguían pagando el precio de la comida.
En marzo, un comité republicano difundió un video en el que James Talarico, candidato demócrata al Senado por Texas, parecía pronunciar frases que nunca grabó ante una cámara. La advertencia de que el contenido había sido generado con inteligencia artificial (IA) aparecía en letra pequeña. En abril, The New York Times identificó al menos 304 cuentas de TikTok que difundían contenido político mediante personajes creados con IA.
Talarico ganó. Y los republicanos perdieron el control del Congreso.
En 1966, el politólogo V. O. Key Jr. escribió que los votantes no son tontos. Sesenta años después, cuando una campaña puede fabricar incluso la voz de un candidato, su afirmación cobra vigencia. ¿Cuánto pesa lo que vemos en una pantalla frente a lo que vivimos?
La factura del supermercado
La ciencia política llama «voto retrospectivo» a la evaluación que hacen los ciudadanos de sus gobernantes a partir de los resultados que perciben. Morris Fiorina estudió ese comportamiento hace décadas. En octubre, una encuesta de Associated Press y del centro de investigación NORC de la Universidad de Chicago encontró que el 84 % de los votantes consideraba el costo de vida uno de los asuntos más importantes y que el 79 % desaprobaba la gestión presidencial en esa materia.
El costo de vida fue uno de varios factores en las elecciones. Un mensaje puede prometer prosperidad mientras el supermercado cuenta otra historia. Esa contradicción me parece más reveladora que cualquier video viral.
Tres lecciones para comunicar
La experiencia condiciona la persuasión. Si alguien escucha que la economía marcha bien y al llegar a la caja debe devolver productos porque no le alcanza, difícilmente bastará un eslogan para convencerlo.
La abundancia de contenido no equivale a confianza. Los juristas Robert Chesney y Danielle Citron describieron el «dividendo del mentiroso». Cuando un video puede falsificarse, también es posible desacreditar una prueba auténtica diciendo que fue manipulada. Veo otra consecuencia. A medida que resulta más difícil distinguir una imagen auténtica de una falsa, la experiencia propia puede pesar más al evaluar un mensaje. A ese contraste lo llamo «el dividendo de la realidad».
Los símbolos pueden cambiar de significado de un día para otro. Tras conocerse los resultados, Donald Trump publicó la imagen de una gorra roja con la palabra «veto». Leí en el emblema de su movimiento una señal de resistencia frente a un Congreso adverso. La gorra era la misma, pero el mensaje había cambiado.
Escuchar antes que los demás
El resultado electoral, por sí solo, deja abierta la pregunta de cuánto influyeron en el voto los contenidos generados con IA. Una campaña puede producir mensajes a gran escala, pero su interpretación depende de quienes los reciben.
Para quienes trabajamos en comunicación, la tarea sigue siendo entender el malestar antes de diseñar un mensaje y respaldar las promesas con hechos. Por sofisticada que sea la tecnología, a un votante le basta con mirar su recibo del supermercado para saber cuánto le rinde el sueldo.
Quien escuche ese malestar a tiempo podrá hablar de lo que la gente vive.
El autor es doctor en Ciencias de la Comunicación Social y magíster en neuromarketing y comportamiento del consumidor.

© JIM LO SCALZO